Purim está a la vuelta de la esquina, y es una de nuestras festividades más alegres. Pero junto con toda la diversión viene el alcohol, el cual muchas veces viene seguido de un comportamiento peligroso. Algunos padres no saben cómo hablarles a sus hijos adolescentes sobre el alcohol, pero necesitamos encontrar la manera de hacerlo no sólo para Purim, sino para todo el año.

De acuerdo a las estadísticas, el consumo de alcohol en los adolescentes ha ido aumentando en los últimos años y es la sustancia de abuso más utilizada por los adolescentes. Esta tendencia tiene muchas consecuencias negativas. El consumo de alcohol deteriora el juicio, causando que los adolescentes tomen malas decisiones y haciéndolos más susceptibles a ataques físicos o sexuales. La intoxicación con alcohol y manejar en estado de embriaguez pueden incluso causar la muerte. Nuestro cerebro continúa desarrollándose hasta varios años después de los 20; el alcohol puede entorpecer el desarrollo cerebral, causando tanto problemas de aprendizaje como cognitivos. De acuerdo a las estadísticas, las personas que comienzan a beber antes de los 15 años tienen un riesgo cuatro veces mayor de desarrollar dependencia del alcohol en algún momento de sus vidas.

De acuerdo a Rav Abraham Twerski, no hay una mitzvá en Purim de beber irresponsablemente. Rav Twerski ha estado alertando a la comunidad sobre los crecientes problemas del abuso del alcohol y de fumar marihuana entre los adolescentes judíos. Debido a la gravedad del problema, les implora a los padres que eviten motivar el beber en exceso.

Rav Twerski dice que: “Muchas personas beben en exceso debido a un entendimiento equivocado de que emborracharse en Purim es una mitzvá. Rav Shneur Zalman en su Shulján Aruj (529) dice: “Es imposible servir a Dios tanto con frivolidad como con embriaguez”. Una de las autoridades finales en halajá, el Jafetz Jaim, establece claramente en la Mishná Berurá (695) que lo apropiado no es beber hasta la intoxicación, sino beber un poco más que lo acostumbrado (que debería ser una o dos copas de vino) e irse a dormir. Esta es la manera correcta de cumplir con “no distinguir entre maldito es Hamán y bendito es Mordejai”. Claramente no hay ninguna justificación para beber cosas que no sean vino. El Aruj Hashulján (695) condena el consumo de licores en términos muy tajantes.

Ahora que somos conscientes de los temas, ¿qué debe hacer un padre? Presento cuatro formas para hablar con tus hijos adolescentes sobre el consumo de alcohol y otros comportamientos peligrosos en Purim y durante todo el año:

1. No sólo hables, sé un ejemplo a seguir:

En ocasiones es mejor no hablar. Los niños hacen lo que nosotros hacemos, no lo que decimos. Esto genera que nuestros discursos caigan en oídos sordos. Los niños aprenden con el ejemplo. Si queremos que nuestros niños tengan una actitud saludable hacia el consumo de alcohol, entonces necesitan que seamos un modelo de actitud saludable hacia el consumo de alcohol. Rav Twerski recomienda que, en Purim, los padres sean un modelo para sus hijos y no beban en exceso.

De acuerdo al Instituto Nacional sobre el Abuso de Alcohol y Alcoholismo de Estados Unidos, los padres pueden hacer lo siguiente:

  • Beber alcohol con moderación.

  • No comunicarles a los niños que el alcohol es una buena manera para lidiar con los problemas. Por ejemplo, no vuelvas a casa del trabajo y digas: “Hoy tuve un mal día, necesito un trago”.

  • Permite que tu hijo vea que tienes maneras más sanas de lidiar con el estrés, como el ejercicio, escuchar música o hablar sobre los problemas con tu pareja o un amigo.

  • No le cuentes a tus hijos historias sobre tu propio uso de alcohol que transmitan la idea de que beber alcohol es divertido o glamoroso (entiende que los medios de comunicación y los padres describen al alcohol de manera glamorosa).

  • Nunca bebas y manejes, ni subas a un auto con un conductor que ha bebido.

2. Acepta que tienen puntos de vista distintos:

A los adolescentes les resulta muy difícil escuchar a sus padres. Muchas veces los padres les dan un consejo a sus hijos y luego se enojan porque el hijo no les hace caso. Y es más frustrante aún cuando el amigo o mentor del niño le da el mismo consejo y el niño lo escucha de inmediato, incluso si el consejo fue exactamente el mismo.

Nuestros adolescentes nos oirán si les entregamos el mensaje con diplomacia y amabilidad. Debemos hacer que nuestros hijos conozcan nuestros valores en una forma que no se sientan menospreciados.

Jim Fay, fundador de Amor y lógica, alienta a los padres a aceptar que tienen puntos de vista distintos. Cuando un hijo dice algo que va en contra de tus valores, reglas o parecer, como: “Beber no es malo, ¡yo puedo manejarlo!”, podemos decir:

Me alegra que me hayas contado lo que piensas sobre el consumo del alcohol. Me alegra que sientas que puedes manejarlo. A mí me preocupa que consumir alcohol es ilegal hasta los 18 años. Y no concuerdo en que beber no sea algo malo”.

Así, nuestro mensaje verdadero: “Beber es ilegal hasta la mayoría de edad y es malo” es transmitido con un lenguaje respetuoso, de manera que nuestros adolescentes lo pueden recibir en serio. Es una forma amable y gentil de ayudar a nuestros adolescentes a entender nuestros valores y reglas.

3. Habla sobre ti mismo y aprovecha pequeñas oportunidades para hablar:

Muchas veces nuestras conversaciones con nuestros adolescentes terminan en enojo. Ellos presionan nuestros puntos débiles. ¿Por qué? Porque necesitan poner a prueba su independencia y lo hacen presionándonos. Es una postura normal para crecer y convertirse en adultos sanos; los adolescentes necesitan rechazar lo que dicen los padres para poder redefinir su identidad. El ego de ellos es frágil y, mientras transitan esta difícil etapa de su vida, tienden a ser extremadamente sensibles.

Para los padres es difícil ver a sus adolescentes crecer, tomar sus propias decisiones (en ocasiones no muy inteligentes) y luchar para obtener su independencia. En su frustración, los padres a menudo utilizan un lenguaje que irrita a los hijos, poniéndolos en una posición en la que necesitan defenderse a sí mismos y a sus decisiones. Los padres dicen:

“¡Más te vale que no hagas nada estúpido con el alcohol! ¡Tienes que elegir un mejor grupo de amigos!”.

Para evitar poner a nuestros hijos entre la espada y la pared, en donde su único recurso es defenderse, queremos hablar sobre nosotros utilizando mensajes como:

“No me gusta leer sobre los muchachos que beben hasta emborracharse” o “Me enojo cuando los muchachos usan el alcohol para sentirse importantes, me gustaría que pudieran encontrar otras cosas para sentirse bien consigo mismos”.

Tampoco queremos sermonear. No hay nada que un adolescente odie más que su padre sermoneando. En cambio, es mejor aprovechar pequeñas oportunidades para hablar cuando las cosas están en calma, cuando estamos leyendo el diario, viendo TV o en presencia de otra persona haciendo cosas peligrosas:

Cuando lees el periódico: “Aquí hay un artículo sobre los efectos del alcohol en tu mente, ¿te interesa saber lo que dice?”.

Mirando TV: “Esos chicos están tomando malas decisiones con la bebida y las drogas”. ¿Qué crees que causa ese comportamiento? ¿Cuál sería una mejor manera de lidiar con ese problema?

Atestiguando el mal comportamiento de otra persona: “¡Fumar es un habito difícil de abandonar! ¡Nunca voy a empezar!”.

Y es precisamente en esas ocasiones que podemos preguntarles a nuestros adolescentes:

“¿Qué opinan tus amigos sobre fumar, las drogas y el alcohol?”.

“¿Qué planes tienes con tus amigos por si llegan a estar en una situación difícil por la bebida?”.

4. Sé el salvavidas de tus adolescentes:

Los chicos necesitan saber que si se encuentran en una situación difícil tienen una escapatoria. Es importante que les digas a tus hijos que si se llegaran a meterse en problemas pueden llamarte en cualquier momento, tanto de día como de noche. Tranquilízalos diciéndoles que no estarás enojado, sino feliz porque llamaron cuando te necesitaban.

5. Aliéntalos a idear sus propias reglas:

Los adolescentes necesitan aprender a pensar por sí mismos. Si idean reglas y regulaciones para su propio comportamiento, será más probable que las respeten. Queremos utilizar un lenguaje que aliente y que afirme nuestro convencimiento sobre que pueden tomar buenas decisiones. Podemos hacerles las siguientes preguntas:

“Conoces los problemas que conlleva el alcohol y las drogas. ¿Qué reglas pondrías para adolescentes como tú?”.

“¿Cómo crees que podrían los padres ayudar a sus hijos a tomar buenas decisiones? ¿Qué necesitas de nosotros?”.

“¿Qué directivas crees que necesitas para mantenerte a salvo?”.

Antes de Purim y de cualquier otro evento social en donde pueda haber alcohol, asegúrate de repasar las reglas que fijaste con tus hijos. Rav Abraham Twerski alienta a supervisar de cerca a los hijos adolescentes. Que tus hijos te digan a dónde van y con quién estarán. Asegúrate de que tengan un teléfono celular y recuérdales que pueden llamarte en cualquier momento si llegan a estar en un aprieto o si se sienten incómodos. Reitera los peligros de beber y conducir y que nunca se suban a un auto cuyo conductor no está sobrio.

Los adolescentes necesitan que los apoyemos y los amemos durante esos años rumbo hacia la adultez. Hablar con ellos respetuosamente sobre temas difíciles y tener reglas puede ser de gran ayuda.