¿Alguna vez te diste cuenta de la cantidad de niños que parecen ser infelices hoy en día?

No importa lo mucho que tengan ni lo mucho que trates de darles, nunca parecen estar contentos. Deberían ser los niños más felices de la historia. Han viajado a islas, han ido a aventuras 4x4 en los desiertos de Israel e incluso han nadado con delfines, pero igualmente hay una sensación de descontento.

Hay niños que tienen iPhones, iPads, wiis, Gameboys, muñecas lujosas y cuartos llenos de juguetes. En el verano conversamos sobre campamentos, hacer compras con largas listas en las manos o planear viajes a lugares lejanos. Incluso con la difícil situación económica, la realidad es que preferimos sufrir nosotros mismos antes de que nuestros niños sientan que les falta algo.

La semana pasada me llamó un padre, quien me contó que todos los veranos alquila una casa para su familia en un lugar hermoso. Es un vecindario en donde alguna gente compra casas ultra lujosas y otros alquilan. A pesar de que él siempre ha disfrutado su lugar de veraneo, su hija de 13 años dejó en claro que a ella no le gustaba.

A las 2 a.m. decidió tener una “crisis”.

"Me avergüenza la casa en la que nos quedamos todos los veranos", lloró. "Todas mis amigas tienen casas mucho mejores, ¿por qué nosotros no podemos tener una casa como esas? Si alquilamos la misma casa de siempre, no quiero que mis amigas vayan a verme. ¡Ni siquiera pienso invitarlas!".

Se fue a su cuarto pisando fuerte y azotó la puerta, dejando a su padre herido y perplejo.

"Yo realmente me esfuerzo", me dijo. "¿En qué está pensando ella? ¿No se da cuenta de cuánto me cuesta ganar el dinero?".

¿Cómo combatimos la infelicidad?

Obviamente hay muchas razones por las que nuestros hijos actúan miserablemente. Podrías decir que es una terrible jutzpá, demasiadas posesiones, insuficiente presencia de los padres o poca disciplina. Otros dirían que no hay suficiente tiempo a solas entre el padre y el hijo, que son niños que no se sienten aceptados, que hay falta de autoestima o simplemente que es arrogancia.

Creemos erróneamente que cuanto más les demos, más felices serán. Error.

Pero en la raíz de la miseria yace una manifiesta falta de gratitud. Cuando los niños no están conscientes de las cosas buenas que hay en sus vidas, no se dan cuenta de lo mucho que tienen en realidad. Pasan por alto lo bueno, tanto lo grande como lo pequeño, y cada día que pasa creen que tienen más y más derechos.

Creemos erróneamente que cuanto más les demos, más felices serán.

Pero eso es un error. La realidad es que cuanto más aprecien lo que tienen, más felices serán.

Le expliqué a este padre que era hora de sentarse con su hija y de explicarle el concepto de 'Dayeinu'. En Pesaj hacemos un recuento de todas las bondades que hizo Dios con nosotros. Después de cada bondad hacemos una pausa y decimos: "Dayeinu – ¡nos bastaría!". Se nos alienta a reconocer cada acto de entrega y a darnos cuenta que toda acción merece una considerada apreciación. No debemos dar nada por sentado. Tenemos que detenernos y contemplar la bendición que es cada cosa por sí misma.

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Recibí una lista increíblemente larga que fue preparada para esta niña de 13 años. Aquí hay una parte de la lista:

  • Tenemos un hogar hermoso.
  • Alquilamos una preciosa casa de veraneo en un hermoso vecindario.
  • Hemos viajado a Israel.
  • Hemos viajado a París.
  • Hemos viajado a Italia.
  • Hemos ido a esquiar.
  • Comemos en restaurantes deliciosos.
  • Todos los veranos, desde que eras bebé, hemos ido a Miami en Januca.
  • Celebramos tu Bat Mitzvá con una fiesta espectacular.
  • Te mandamos a campamento en las vacaciones desde cuarto grado.
  • Tienes una familia que te ama.
  • Tienes abuelos que te miman.
  • Tenemos buena salud.

Después de cada línea, el padre escribió Dayeinu. Y luego le explicó a esta niña que había sido bendecida con mucho más de lo que creía (y más de lo que la mayoría podría imaginar), y que era hora de apreciar las bendiciones que tenía en lugar de enfocarse en lo que creía que le hacía falta.

Hay algo que nos está faltando aquí: la presencia de padres que viven de acuerdo a la consigna de Dayeinu en sus propias vidas. Cuando los niños escuchan a su madre o a su padre comentar constantemente sobre las casas de los demás, mencionar con envidia la forma en que otros se toman vacaciones o conversar sobre las costosas ropas y los lujosos muebles que sus amigos parecen tener, las horribles raíces del descontento y de la infelicidad son implantadas en los corazones de dichos niños.

¿Cómo podemos enseñarles a “apreciar lo que tenemos” cuando pasamos los días deseando más y más?

Desafortunadamente, estos padres pasan también muchas horas riñendo por tonterías. Ya que en nuestras mentes, no sólo faltan cosas materiales; en cada conflicto, tanto el marido como su mujer, se sienten poco apreciados. Ambos expresan la frustración de que su pareja no está cumpliendo con su parte.

Si estoy constantemente concentrado en lo que mi pareja no hace, en lugar de reconocer lo bueno que sí hace, terminaré destruyendo todo el potencial para alegría que tengo. Mi vida se llenará de negatividad y me volveré amarga e infeliz.

Llevemos la lección de Dayeinu al corazón; es hora de que todos apreciemos lo que tenemos.