El coronavirus me hizo sentir como un fracaso. Mi hogar estaba repleto de tensión y, como madre, sentí que de mí dependía aliviar el ambiente y transformar este período en algo divertido y memorable. Todo el mundo decía lo mismo. Nos dieron una oportunidad especial de pasar tiempo con nuestra familia y unirnos a través de todas las actividades especiales que podemos hacer en el hogar. ¡Qué regalo! ¡Tiempo a solas con una casa llena de adolescentes que no pueden ir a ninguna parte!

Si esto no te produce estrés, eso es maravilloso. Para mí era una olla de presión y no había lugar para liberar el vapor. Noche tras noche, tras un largo día de cruzarnos cada uno en el camino del otro, nos quejábamos y nos íbamos a la cama arrastrando los pies y preguntándonos cómo lograr que el día siguiente transcurriera más rápido y menos pesado.

Ser padres de adolescentes implica darles autonomía y alentar su crecimiento para que lleguen a ser adultos sanos. Pero yo no podía evitar tratarlos como a niños pequeños cada vez que entraban a la casa o se acercaban a la cocina. Lávate las manos, deja de tocarte la cara, tira a la basura el pañuelo que usaste. No lo malentiendan. Todos estos son principios que les enseñé a mis hijos desde que eran bebés. Sin embargo ver un pañuelo de papel arrugado induce mucho más miedo en esta crisis que nunca antes y necesitaba bajar los decibeles por lo menos un 95 por ciento.

Educadores, psicólogos y personas de buena voluntad ofrecían ideas grandiosas para aliviar la tensión. Pero yo había caído en una rutina y no me parecía que pudiera ser capaz de salir de ella.

Dos cambios mentales marcaron una enorme diferencia.

El primer paso para reducir la tensión fue comprender que tengo un control muy limitado sobre mis hijos. Con esta idea, di mi primer paso para salir de ese estado negativo. Lo más que podía lograr era educarlos respecto a lo que implica esta nueva realidad para nosotros y para el mundo y luego rezar que permanezcan seguros y sanos y que sus actos mantengan a otras personas sanas y seguras.

El siguiente paso para crear una atmósfera más positiva fue encontrarme con mis hijos en el lugar que se encuentran, en vez de esperar que se adapten fácilmente a las nuevas normas. Yo soy muy casera, por lo que no poder salir de la casa no fue un desafío ni algo demasiado estresante. Entender sus necesidades de socializar, mantenerse productivos y mantener cierta clase de estructuras mientras permanecen adentro fue un punto crucial para llegar a sentirnos mejor en la casa.

En los años previos, las semanas antes de Pésaj mis hijos se pasaban la mayor parte del tiempo fuera de la casa, trabajando desde las primeras horas de la mañana hasta muy tarde en la noche. Eran productivos y ganaban muchísimo dinero. Pero con esta nueva realidad, no pueden trabajar (ni jugar) fuera de la casa. Esto significa que cedieron a la independencia y yo necesitaba reconocer que esta era una pérdida real. Holgazanear es la nueva norma y dormir la siesta es parte del paquete. Tenía que cambiar mis expectativas, como por ejemplo no obligarlos a levantarse contentos y temprano para ser seres humanos productivos cuando no hay anda emocionante que puedan hacer.

Después de dar estos pasos, se abrió un camino y como familia fuimos capaces de inyectar un espíritu de diversión en la atmósfera y hacer algunas actividades placenteras.

Aquí te sugiero algunas actividades que pueden ayudar a que estos días sean divertidos y memorables:

  • Una noche de juegos

  • Llamadas a la familia por Zoom

  • Disponibilidad de palomitas de maíz y chocolates

  • Limpieza de Pésaj (lo mínimo e indispensable)

  • Hacer ejercicio juntos

  • Compartir los últimos chistes

  • Crear videos divertidos

  • Rediseñar/reorganizar un dormitorio, el cuarto de juegos, el jardín, etc.

  • Aprender un nuevo idioma o una nueva habilidad

  • Hacer tarjetas para llevar a los vecinos ancianos (dejarlas en sus buzones)

  • Sacar los instrumentos musicales que estuvieron juntando polvo y volver a tocar música.

  • Escribir juntos canciones

  • Poner una tienda de campaña en el patio y hacer un campamento

  • Asignar algunos niños para preparar una comida especial

  • Cenar juntos

Les deseo mucha suerte creando su espacio y logrando momentos memorables. ¡Que estén todos sanos!