¿Alabamos a nuestros hijos de manera apropiada?

Cuando yo era joven, una conocida de mi barrio siempre me decía: “¡Adina, eres tan buena!”. Yo tenía miedo de hablar con ella. ¿Y si yo dijera algún día algo desagradable? ¿Qué pensaría ella?

La verdad, yo no era tan buena y no pasaba mucho tiempo con ella.

Siempre me resultó difícil elogiar, incluyendo el decir cosas como: “Bien hecho”, “Eres la más inteligente”, “Buen trabajo” o “Eres la mejor.

Siempre me pareció demasiado superficial. Yo pensaba: “¿Lo dicen en serio? ¿Soy realmente la mejor?”. También me estresaba: “¿Puedo mantener el nivel? Ahora estoy portándome bien, pero, ¿por cuánto tiempo seré capaz de hacerlo?”.

Una reciente investigación respalda mis sentimientos. De acuerdo a Dwec y Mueller (1), las frases prefabricadas como “Bien hecho”, “Buen chico” y “Eres tan inteligente” son difíciles para todos, en particular para los niños. Crean presión y son contraproducentes.

Lo mismo es cierto respecto al uso de los superlativos: “Eres el mejor jugador de todos”, “Eres el más listo de tu clase”. Cuando los niños oyen este tipo de elogios sienten que siempre tienen que ser los mejores. Necesitan vivir a la altura de su supuesta reputación, lo cual es imposible de manejar para un niño.

Los niños que reciben una alta dosis de comentarios como “buen trabajo” tienden a tener menor autoestima, y temen proponer ideas que otros podrían rechazar. Ellos por lo general no toman decisiones en base a lo que entienden que es correcto, sino que pasan mucho tiempo tratando de adivinar qué hacer y qué decir para hacer felices a los adultos en torno a ellos. Este tipo de elogios promueven la insinceridad.

Entonces, ¿cómo podemos alabar a nuestros hijos de forma constructiva, nutriéndolos y haciéndolos sentir bien sobre sí mismos?

Aquí te presento cinco formas en las que podemos alabar efectivamente a nuestros hijos:

1) No juzgues, sólo observa.

Para que el elogio funcione, debemos evitar utilizar palabras juiciosas. Lo único que queremos es hacer hincapié en las acciones de nuestros hijos como si se nos pidiera que describamos objetivamente una escena que se desarrolla frente a nosotros.

Cuando Sara quiso jugar, le permitiste tener un turno”.

Preparaste las velas de Shabat y sacaste las copas de kidush”.

Cuando recibiste la pelota se la pasaste a un compañero, quien fue el que hizo el gol”.

Tu cuarto tenía ropa tirada por todos lados y ahora está todo en el armario o en el canasto para ropa sucia”.

Elogiar a los niños de esta forma los alienta y construye su autoestima. Les permite entender claramente sus capacidades —independientemente de si hay alguien mirando o no— sin tener que buscar necesariamente nuestra aprobación. Es información sobre ellos mismos que pueden usar incluso cuando están solos, y no sólo cuando los adultos están mirando. Pueden inferir por sí mismos:

Sé compartir mis juguetes”.

“Puedo ser colaborador”.

Juego en equipo”.

Sé cómo limpiar mi cuarto”.

2) Nota que se están esforzando

Pon atención al esfuerzo que hacen en lugar de enfocarte en el resultado final. Suena algo así:

Veo que ordenaste los Legos en el salón y que ahora estás acomodando las muñecas. El cuarto está ordenado”.

Parece que la tarea de hoy es difícil. Tus libros están abiertos y te ves preparado para hacerla”.

“Cuando jugaste al ajedrez con el abuelo te vi pensando cuidadosamente tus movidas. Hiciste algunas jugadas muy buenas. El abuelo se sorprendió con tu estrategia”.

Este tipo de alabanza forma a los niños, porque saben que no tienen que ser los mejores, sino que el éxito consiste en esforzarse al máximo. La investigación mostró que este tipo de elogios motiva al niño a desempeñarse bien.

3) Perfecciona los elogios un poquito más

Un “buen elogio” debería destacar una acción específica y el atributo que el niño usó para hacerla.

En lugar de decir: “¡Eres el mejor hermano!”, di: “Encontraste un juguete que le gusta a Eli. Primero intentaste con el pájaro, pero no quiso. Luego con el elefante. Eso es usar el rasgo de paciencia”.

En lugar de decir: “Eres tan dulce”, di: “Le trajiste a Sara un vaso de jugo. Así es como haces jésed, ‘bondad’”.

También podemos mencionar la mitzvá que están haciendo. En lugar de decir: “Haces muchas mitzvot”, di: “Me trajiste un pañuelo. Esa es la mitzvá de kivud av vaem, ‘honrar a los padres’”.

Utilizar los elogios de esta manera nos ayuda a enseñarles a los niños los valores y atributos que consideramos importantes. Aprenden los rasgos que nos gustaría que personifiquen y las mitzvot que quisiéramos que hagan.

4) Enséñales a observar sus logros

Otra forma de elogiar a los niños es preguntarles cómo se sienten respecto a sus logros. Cuando nuestros niños nos preguntan: “Mami, ¿estuve bien? ¿Te gustó mi jugada?”, podemos responder con una pregunta, diciendo: “¿Qué te gustó a ti de tu jugada? ¿Cuál fue la mejor parte del juego?”.

¿Qué fue lo más importante que hizo tu clase para prepararse para este día?”.

Este tipo de preguntas les brindan a nuestros hijos herramientas de autoevaluación que los ayudan a aprender a valorarse a sí mismos y a sus logros, en lugar de apoyarse en los demás. También fortalece su imagen de sí mismos, alentándolos a internalizar lo que ven en sus propios logros. Aprenden que tienen todo lo que hace falta para tener éxito.

5) Las mejores cosas vienen en envase pequeño

Finalmente, podemos usar la alabanza para nutrir nuestra relación con nuestros niños. La mayoría de los padres se frustra con el comportamiento negativo de sus hijos. Para aliviar algo de esa tensión, los padres pueden buscar activamente las acciones positivas de sus hijos. Pueden alabarlos diciéndoles que su comportamiento es apreciado.

“¿Pero qué pasa si no hacen nada bien?”, suelen preguntar los padres. Muchos padres están buscando actos extraordinarios de bondad, siendo que lo que sus hijos necesitan que ellos noten son simplemente las cosas normales:

Aprecio que me dijiste que estabas yendo a la casa del vecino”.

Aprecio que guardaste la campera”.

Este tipo de elogios no genera sentimientos de presión; es sólo una forma de hacerles saber que valoramos lo que hacen.

Elogiar con efectividad es un desafío. Evitar las palabras juiciosas y destacar acciones y atributos específicos pareciera consumir mucho tiempo. Advertir el esfuerzo de un niño, enseñarles a los niños a ver sus logros y a apreciar las cosas pequeñas puede ser una tarea trabajosa. Sin embargo, vale la pena el esfuerzo porque es la mejor forma de construir la autoestima de tu hijo.


Notas:

(1) Dweck, C., Mueller, C. (1998), Journal of Personality and Social Psychology: Praise for Intelligence Can Undermine Children’s Motivation and Performance. Journal of Personality and Social Psychology: Vol. 75. Número 1. pp. 33-52.