El número de veces que les decimos cosas a los niños y ellos simplemente no escuchan es increíble, ¿verdad? Ellos son nuestros hijos, y por lo tanto deben ser brillantes, de buen carácter y maravillosos, entonces, ¿por qué no escuchan? ¡Ellos son capaces de escuchar y "hacer las cosas" cuando sus amigos les hablan! ¿Hay algo mal conmigo?

¡Sí, lo hay!

Las palabras no son suficientes

Una vez se acercó a mí un padre que tenía problemas con su hijo de seis años de edad. Le pregunté qué había intentado antes de consultar conmigo. Él dijo que había sermoneado a su hijo y le había explicado claramente que lo que estaba haciendo estaba mal. Le pregunté si eso había funcionado durante su propia infancia —la del padre—, y él dijo que no. También admitió que este enfoque no funcionaba con su hijo. “¿Por qué seguir haciendo eso entonces?”, pregunté. Él dijo que no sabía qué otra cosa hacer.

Por supuesto que tenemos que hablar con nuestros hijos. Utilizamos palabras todo el tiempo, hablamos con nuestros hijos más pequeños, incluso bebés. Pero debemos recordar que hablar no es la forma principal en la que comunicamos nuestros mensajes más importantes a nuestros hijos. Debido a que son más emocionales que los adultos, los niños reaccionan más rápidamente a los mensajes no verbales.

Esto no quiere decir en ningún caso que no debemos hablar con nuestros hijos. Ciertamente las palabras son una forma básica de comunicación, pero incluso la comunicación verbal tiene fuertes componentes no verbales.

En una exposición notable sobre el habla, Rav Shlomo Wolbe z"l se refiere al habla adecuada como un arpa [1]. Al igual que cuando alguien toca un arpa, una combinación de muchos factores le dan al sonido su resonancia adecuada, así también el habla eficaz está conformada por una combinación de palabras, la emoción detrás de las palabras y el carácter del hablante. Las emociones y el carácter del hablante son poderosos componentes no verbales para maximizar la eficacia de nuestro discurso.

Si nuestras palabras son más efectivas cuando utilizamos adecuadamente los componentes no verbales en la comunicación entre adultos, entonces, ciertamente esto es verdad cuando nos comunicamos con nuestros hijos. Es importante, por lo tanto, definir los componentes no verbales que pueden darle un nuevo ímpetu a nuestras palabras. Mencionemos los más importantes:

Tono de voz

El Talmud nos dice [2] que los miembros de nuestro hogar aceptan la autoridad cuando uno les habla en voz baja. Un tono de voz suave sugiere autocontrol, y existen más probabilidades de que las personas sigan a alguien que está en control de sí mismo. Una persona puede gritar histéricamente y argumentar que está en control de sí misma, pero el mensaje no verbal es mucho más poderoso, y finalmente, es el que deja una huella.

Contacto visual

Rav Itzjak Hutner zt"l nos dice que la realidad emocional de una persona es evidente en sus ojos, como dice el refrán, "Los ojos son la ventana del alma" [3]. Cuando establecemos contacto visual, estamos accediendo a lo más profundo de la persona. Es por esta razón que mirar fijamente a alguien a los ojos se considera un mensaje emocional, ya sea de amor o de odio. Establezcamos un contacto visual amoroso y suave con nuestros hijos cuando les hablamos. No una mirada fija e implacable, sino sólo lo suficiente como para transmitirles nuestras emociones no verbales.

Contacto físico

El Gaón de Vilna nos enseña [4] que el contacto físico es un medio fundamental para transmitir emoción. Cuando el contacto físico va acompañado de palabras sinceras, esto tiene un efecto enorme. El contacto físico es una poderosa herramienta emocional y la Torá ha puesto especial énfasis en dónde y cómo puede ser utilizado. Este tema está más allá del alcance de este artículo, pero para nuestro propósito, los padres sin duda tienen que ser conscientes de la importancia del contacto físico para comunicarse con sus hijos.

Si existe tensión en la relación con niños mayores, el contacto físico debe ser utilizado con precaución. Es algo muy personal y puede ser considerado invasivo o agresivo si el niño no siente cercanía con la persona.

Sinceridad

Antes de hablar con cualquier persona, tómate el tiempo para sentir profundamente lo que vas a decir. Esto es doblemente cierto con los niños. Me recuerda el famoso dicho "Las palabras que salen del corazón entran directo en el corazón" [5].

Los niños pueden sentir muy rápidamente cuán sincero eres. Esto tiene que ver con tu honestidad, con cuánto crees realmente lo que estás diciendo y con el grado en que estás dispuesto a respaldar tus palabras. Las palabras más elocuentes serán ineficaces si el niño siente que no estás realmente listo para respaldar tus palabras y ponerlas en práctica, o que realmente no crees lo que estás diciendo. En cualquiera de estos casos, tus palabras serán desobedecidas impunemente; peor aún, tu hijo te considerará un hipócrita.

Basándose en la exigencia de Dios de que “seamos una nación santa ya que Él es santo”, Rav Moshé Feinstein zt"l [6], explica que debemos ser sinceros y debemos ser verdaderos modelos de lo que queremos que nuestros hijos sean en el futuro. Dios, por así decir, nos exige que seamos santos porque Él mismo es santo.

Sí, puede que no siempre seamos lo que aspiramos ser, pero sí debemos creer en nuestros corazones, de manera totalmente sincera, lo que le decimos a nuestros hijos. De lo contrario, les estaremos enseñando hipocresía, y finalmente perderemos el respeto de ellos. De ahí a que se pierdan totalmente en la calle es sólo un pequeño paso.

Expresión facial

El profeta nos dice que la expresión facial de una persona es una poderosa guía para las emociones que se esconden detrás de sus palabras. Está escrito: "El rostro testifica contra ellos" [7]. No es casualidad que la palabra hebrea para ‘rostro’, panim, esté relacionada con la palabra hebrea penim, ‘dentro’. Ya que el rostro nos revela lo que la persona piensa y siente.

El Talmud nos enseña que es mejor mostrarle a otra persona "el blanco de tus dientes" (es decir, regalarles una sonrisa) que ofrecerles un vaso de leche [8]. Rav Avigdor Miller zt "l dice [9] que esto significa que incluso cuando una persona ha caminado mucho en un día caluroso y está hambrienta y sedienta, una sonrisa logra más que un frío y refrescante vaso de leche.

Los niños pequeños son especialmente sensibles a nuestras expresiones faciales y reaccionan instantáneamente a lo que ven en nuestros rostros, mucho antes de comprender lo que les estamos comunicando verbalmente. Los niños son seres emocionales y el sentido de la visión afecta sus emociones mucho antes de que puedan entender los que les estamos diciendo.

Todo esto es un argumento poderoso para prestar especial atención a los componentes no verbales que acompañan a las palabras que pronunciamos.

Se cuenta que Rav Yosef Jaim Sonnenfeld zt"l evitaba utilizar un teléfono para conversaciones importantes [10]. Los componentes no verbales de la comunicación que hemos mencionado son mucho más poderosos en persona que por teléfono.

Otros factores

Además de los cinco componentes no verbales que acabamos de mencionar, existen otros factores que pueden determinar si la comunicación con tu hijo será exitosa o no. También son no verbales y ejercen una profunda influencia para que tus palabras sean recibidas exitosamente. Por ejemplo:

1. Elige un escenario adecuado. Nuestro entorno afecta profundamente nuestra mente. Así como un niño probablemente se abrirá menos con su director de escuela si éste está sentado en el otro extremo de un enorme escritorio de caoba que si lo invita a comer pizza —o por lo menos si se sienta en el mismo lado de la mesa— así también un padre debe prestar atención al entorno que elige para hablar con su hijo.

No sólo el niño se ve afectado por la ubicación en donde se desarrolla la conversación, sino también los padres. Cuando están en casa, los padres a menudo se distraen y no pueden prestarle atención al niño de manera completa o continua. Esta falta de atención es un profundo mensaje no verbal. Cuando una persona recibe toda la atención necesaria, el respeto que se le concede la anima a expresar sus sentimientos con más libertad. Si me siento respetado, probablemente mis palabras también serán respetadas, y eso me anima a abrirme.

Además, el hecho de que el padre se haya tomado la molestia de buscar un ambiente más propicio para comunicarse, le envía un poderoso mensaje al niño. Él se da cuenta de lo importante que es para sus padres.

Saca a tu hijo a pasear cuando necesites hablar sobre un tema sensible. Apaga tu teléfono celular; mejor aún, asegúrate de que él vea que lo apagaste. Tu hijo tiene que ver que tú consideras que el tiempo que pasas con él es importante y que no quieres que te molesten. Trata de que el ambiente sea lo más relajante y no amenazante posible. Y recuerda, no reserves este tipo de encuentros sólo para “discursos”; de lo contrario, el niño se pondrá nervioso sólo con el hecho de sugerir una “pequeña charla” fuera de casa.

Un niño de nueve años de edad se robó el celular de su tía y luego lo negó. Su madre, que en general disfrutaba de una buena relación con su hijo, se dirigió a un lugar tranquilo con mucha vegetación. Entonces ella comenzó a llorar. Cuando su hijo le preguntó qué le pasaba, ella le dijo que estaba herida porque él le había mentido. El niño, en ese tranquilo y hermoso escenario, se disculpó y prometió no volver a mentir. No hay duda de que si ella no hubiera tenido una buena relación con su hijo, las lágrimas y el escenario no habrían ayudado, pero tampoco hay duda de que el sereno entorno contribuyó y fomentó la apertura del niño y la cercanía entre madre e hijo.

2. Mantén la calma, mantén el foco ¡y escucha! Es importante que aclares tu mente y relegues otros asuntos a un segundo plano cuando hablas con tu hijo. Esto ayuda al niño a relajarse y abrirse. También te permite ver las cosas con más perspectiva. Pensar en las tensiones del trabajo no te ayudará a ser paciente mientras discutes un problema de comportamiento con tu hijo.

Cultivar la calma y el enfoque también te ayudará a ser un mejor oyente, lo cual a su vez, irónicamente, es un factor muy importante para una buena comunicación. ¡La mejor manera de ser un buen conversador es ser un buen oyente primero! Escuchar es en sí mismo un elemento poderoso y de vital importancia para establecer una buena relación con tu hijo. Es parte del esfuerzo que hacemos para mostrarles a nuestros hijos que estamos tratando de entenderlos. Uno de los mayores elogios que podemos darles a nuestros hijos es hacer el esfuerzo sincero de entenderlos. Además, existe una gran posibilidad de que ellos hagan el mismo esfuerzo.

Convirtiendo las ideas en acción

Encuentra maneras —no verbales— de mostrarle a tu hijo que has escuchado lo que tenía para decir y que respetas lo que dijo. Un par de ejemplos de mensajes no verbales:

1. Pregúntale a tu hijo sobre algo que te dijo ayer o, mejor aún, hace algún tiempo atrás. Puede ser una idea que el niño expresó o una preocupación o cualquier otra emoción que compartió contigo. El hecho de que recuerdas lo que dijo le envía un poderoso mensaje no verbal de que es escuchado y respetado.

2. Repítele al niño lo que compartió contigo y exprésale lo mucho que disfrutaste, o bien que encontraste significativo, lo que te dijo.


Notas al pie

  1. Peleh Hashetiká Vehahodayá ("El arte del silencio y la alabanza"), Elul 5739 (1979).
  2. Gitin 6b; Shabat 34a.
  3. Rav Hutner cita este conocido aforismo en una carta publicada en Iguerot Uketavim 136.
  4. Jidushei hagadot, Berajot 6a.
  5. Esta frase no aparece en el Talmud, pero parece ser una aplicación de la Guemará en Berajot 6b: "El que tiene Irat Shamaim, sus palabras son escuchadas". Ver Mijlol Hamaamarim Vehapisgamim (Jerusalem: Mosad HaRav Kook, 1961), vol. 1, p. 502; véase también Shirah Israel por Rav Moshe Ibn Ezra, p. 156, donde aparece esta palabra.
  6. Derash Moshé, Kedoshim, p. 22.
  7. Yeshayahu 03:09.
  8. Ketubot 111b.
  9. Shaarei Orá, vol. 2, p. 105.
  10. Ver Guardián de Jerusalem (ArtScroll Historia Series, 1983).