El otro día, mientras esperaba en la fila para comprar una ensalada, observé a dos chicas que estaban delante de mí. Las jóvenes compraron cada una un café helado, pero antes de beberlo, hicieron un extraño ritual. Se pusieron la bombilla en la boca, juntaron sus mejillas y pusieron la misma cara de exageración. Pusieron sus iPhones a pocos centímetros de sus caras y con un rápido movimiento sacaron una foto. Al mirar la imagen sonrieron. Su foto ya estaba en el ciberespacio.

Bienvenidos a la iGeneración. La generación en la que los iPhones, iPads y iPods acompañan a nuestros hijos durante todo el día. Se quedan dormidos mientras reciben una avalancha de mensajes durante toda la noche. Todos publican sus fiestas, sus vacaciones y su ubicación momentánea en Instagram; tienes que asegurarte de poder seguir el ritmo. A veces eso significa estar siempre listo, porque el miedo a perderse algo es real. No serás realmente popular a menos que tengas cientos de amigos en Facebook y un grupo de seguidores en Twitter. Creciste mirando reality shows y estás seguro de que tú también podrías convertirte en una estrella. Puedes convertirte en una marca registrada; lo único que hace falta es un video en YouTube y de la noche a la mañana te convertirás en una sensación.

La era del narcisismo

He aquí algunos sorprendentes datos que presentó la revista Time en un artículo titulado “La generación yo, yo, yo” el cual trataba sobre los niños que nacieron entre 1980 y 2000:

  • La incidencia de desorden de personalidad narcisista es casi el triple en las personas que están en su tercera década de vida que en las mayores de 65 años.

  • Un 58% más de estudiantes universitarios tuvieron un índice de narcisismo mayor en 2009 que en 1982.

  • Un tercio de los adultos menores de 30 —el mayor porcentaje de la historia— no tiene afiliación religiosa.

  • Quienes nacieron entre 1980 y 2000 obtuvieron tantos “premios por participación” durante su infancia que el 40% cree que debería ser ascendido en el trabajo cada dos años independientemente de cómo sea su desempeño.

  • Están obsesionados con la fama. Están convencidos de su propia grandeza.

  • Son sus propios guías morales. El 60% cree que siempre sabrá lo que es apropiado para cada situación.

Al leer esto recordé a una madre que una vez levantó la mano durante una reunión para compartir un “excelente consejo” para padres:

“Un famoso político cambió la forma en que criamos a nuestro hijo. Dijo que él creía que se había vuelto tan exitoso porque de niño sus padres siempre lo aplaudían. Entonces ahora, cuando nuestro hijo entra a la cocina, mi marido y yo lo elogiamos, alentamos y luego aplaudimos. Sentimos que realmente estamos dándole a Noaj el regalo de la autoestima”.

Yo no lo podía creer. ¿Cómo podemos aplaudir a un niño simplemente por levantarse en la mañana y entrar a la cocina? Ese no es el regalo de la autoestima… eso es crear un monstruo.

Desde sus primeros recuerdos estos niños han escuchado que son especiales e increíbles. Han vestido remeras que los proclaman como princesas y estrellas. Los padres y abuelos están atentos a cada nueva palabra y publican cada detalle de su “entrenamiento para dejar el pañal” en Facebook. ¿Acaso nos sorprende que estos niños crean que son lo más importante del mundo?

Junto al narcisismo, esta generación se ha hecho famosa por su sentido de derecho.

¿Qué ocurre cuando estos niños crecen y se dan cuenta que las relaciones y las carreras profesionales demandan mucho esfuerzo y entrega? Cuando tu bebé se levanta llorando a las tres de la mañana, lamentablemente no hay nadie aplaudiéndote. Cuando tu hija necesita que le des la mano y tú mismo estás asustado, nadie te dice lo increíble que eres.

Arrogancia y sentido de derecho

Junto al narcisismo, esta generación se ha hecho famosa por su sentido de derecho. Y no creas que este es un desafío que sólo tienen los padres pudientes. La revista Time reporta que “los pobres de esta generación tienen tasas de narcisismo, materialismo y adicción a la tecnología aún más altas”. Nadie está a salvo.

Piensa en eso. Cuando necesitas aprender algo sobre tu nuevo iPhone o si necesitas ayuda con una aplicación, ¿a quién te diriges? Usualmente a tus hijos. Después de un tiempo, estos hijos e hijas comienzan a considerar que sus padres son ignorantes y anticuados. Es difícil respetar a alguien si sientes que eres superior, especialmente si ese alguien es tu padre. Esto conduce a una jutzpá y arrogancia sin precedentes.

Nuestros niños interactúan principalmente con sus amigos y sus pares. Los padres por lo general quedan de lado y no tienen idea sobre lo que está pasando con sus hijos. He hablado con padres que se han sorprendido muchísimo al descubrir cuentas secretas en Facebook, fotos escandalosas en Instagram y bloqueos parentales que han sido eludidos. Para algunos adolescentes, este es un mundo libre de la sabiduría adulta. Imagina lo que es llegar a los 20 años sin haber tenido los años de guía e inspiración necesarios. El problema es que hay una enorme falta de comunicación. El tiempo online con los pares desplazó al tiempo en familia. Incluso cuando estás en un restaurante o en un viaje familiar, los ojos de tus hijos no están puestos en ti. Con suerte, si tu hijo es habilidoso, puede escribir mensajes de texto y mirarte a los ojos al mismo tiempo. Estamos juntos pero solos al mismo tiempo.

¿Qué podemos hacer?

Área libre de pantallas. Lo primero que debemos hacer es reconocer el problema. Si los padres se sientan a desayunar o cenar y pasan la mitad del tiempo online estarán dando un ejemplo terrible. No podemos esperar de nuestros hijos más de lo que hacemos nosotros mismos. Tenemos que establecer un área libre de pantallas. Esto significa que las comidas en casa y en restaurantes tienen que ser consideradas un tiempo en familia.

Lo mismo aplica cuando buscamos a los chicos en la escuela y cuando hacemos una actividad con ellos. Incluso nuestros bebés se sientan en sus cochecitos jugando con un iPad. Los hermanos mayores se asombran al ver la facilidad que tienen los menores para manejar sus aparatos. Con gran rapidez nos desconectamos de las personas con las que se supone que tenemos que compartir nuestra vida. Cuando los niños ven que nos interesa más la persona que está del otro lado de la pantalla, no les lleva mucho tiempo entender que ellos son la segunda prioridad. También inferirán que desconectarse de la familia es un comportamiento completamente aceptable. Pero todos sabemos que no lo es.

Nutre la empatía. A continuación, deberíamos esforzarnos para alentar a nuestros niños a sentir empatía. Podemos contrarrestar el narcisismo encendiendo la chispa de la sensibilidad y la compasión que yace en el corazón de todo niño. Deja que los niños vean que ellos no son lo único que importa en este mundo.

Hace unas semanas, un grupo de niñas adolescentes que estudian conmigo vinieron a casa acompañadas de sus madres. Después de hacer la limpieza de primavera, trajeron grandes cantidades de bolsas con abrigos de invierno que ya no le quedaban a nadie en la familia. Nos unimos a dos mujeres que envían paquetes a Israel en esta época del año para niños que tienen que compartir abrigos con sus hermanos, los cuales suelen ser demasiado grandes o demasiado pequeños. Las niñas se sorprendieron al escuchar que otros niños de su edad tienen que enfrentar el helado invierno sin abrigos cálidos y que llorarían de alegría al recibir sus paquetes. Este invierno entrante, al menos estarían abrigados.

Podemos alentar a nuestros hijos a usar la tecnología y conexiones para mejorar este mundo.

Podemos alentar a nuestros hijos a usar la tecnología y conexiones para mejorar este mundo. Podemos pinchar la burbuja del orgullo y enseñarles a pensar más allá de sí mismos. Imagina si, en lugar de sacarse fotos con sus cafés, compartieran fotos de sus encuentros para organizar bicicleteadas o maratones comunitarios o venta de alimentos para caridad. Esta generación tiene el mundo a su alcance. Pueden conectarse con cientos de pares en un instante. Están motivados cuando quieren estarlo, potenciados por su optimismo y conocimiento. ¿Por qué no usar estos regalos para alcanzar la grandeza?

Establece límites. No hay duda de que cada día nos volvemos más adictos a nuestros aparatos (¿Cuántas veces chequeaste tu email mientras leías este artículo?). Es difícil hacer cualquier actividad sin tener nuestros teléfonos cerca. Cuando los chicos hacen la tarea y tratan de estudiar mientras chequean constantemente sus mensajes, su desempeño escolar se ve afectado. Cuando se quedan despiertos hasta tarde respondiendo un mensaje más, su capacidad para concentrarse en clases al otro día se ve disminuida. Tenemos que poner límites con firmeza. Los teléfonos no pueden ser usados por las noches. Tampoco pueden convertirse en parte de la tarea y el tiempo de estudio. Estamos hablando de autodisciplina y autocontrol. Y para quienes se preguntan cómo podrían poner estas reglas en práctica, deben saber que no podemos tener miedo de poner límites en nuestro propio hogar. Es ahí donde comienza la disciplina efectiva y las consecuencias naturales.

Shabat. Mientras tratamos de conquistar esta creciente adicción, debemos saber que fuimos bendecidos con una fórmula para el éxito. Una vez a la semana recibimos un regalo increíble para reconectarnos con nuestra familia. No hay teléfonos, iPads ni iPods, sino que sólo están las velas de Shabat y un precioso tiempo en familia. Cada semana miro mi mesa de Shabat y me siento sumamente agradecida por haber recibido esta oportunidad para alejarme de todo el estrés y la presión de los últimos días. Reímos, hablamos, nos conectamos y redescubrimos la magia de nuestra familia.

Toda esta tecnología les ofrece un mundo nuevo a nuestros hijos. Es un mundo en donde todo es posible. Estoy segura de que esta nueva generación hará descubrimientos revolucionarios. Pero la forma en que ellos utilicen sus capacidades para ver más allá de sí mismos y para mejorar nuestro universo es nuestro desafío.