Educar a los hijos no implica negociar. Los padres están a cargo y los niños tienen que aprender a escuchar y a obedecer. Los padres no tienen que llegar a acuerdos ni ofrecer concesiones. Sin embargo, los padres inteligentes no dirigen su hogar de forma arbitraria. Ellos intentan no ser autoritarios y –si realmente son inteligentes– hacen todo lo posible para evitar las luchas de poder con sus hijos. 

Cualquiera sea el resultado de una lucha de poder, los que pierden son los padres. Si son suficientemente fuertes como para lograr que su hijo haga lo que ellos desean, el hijo lo hará a regañadientes y su relación se volverá amarga. Si no pueden lograr que su hijo haga lo que ellos dicen, entonces demostraron una falta de control y dejaron claro que en verdad ellos no tienen el mando. 

Por lo tanto, evita las luchas de poder. Habla con calma, con confianza, elige con cuidado tus palabras para que tus hijos escuchen, esfuérzate para no tomarte de forma personal lo que ellos digan y sigue todas las reglas en el libro para padres que nunca fue escrito, para asegurarte que sin importar lo que ocurra, nunca caerás en un enfrentamiento. 

¡Seguro! ¡Muy sencillo!

Nos ha pasado a todos. A veces, en medio de una discusión con uno de tus hijos, te das cuenta que tu voz subió de tono, que le estás diciendo cruda y directamente que haga algo, que estás enojado por su jutzpá, que te sientes ofendido porque no valora todas las cosas buenas que tú has hecho por él y que quieres que ordene su habitación AHORA MISMO

Comprendes que, de alguna manera, caíste en una lucha de poder. 

¡Socorro! ¿Qué puedes hacer ahora?

Es difícil detenerse de inmediato, pero eso es lo que tienes que hacer. Detente; inhala y exhala; cuenta hasta diez y no digas nada por unos cuantos segundos o incluso durante uno o dos minutos. 

Aprovecha ese breve espacio para calmarte. Incluso si tu hijo fue imperdonablemente insolente y dijo cosas sobre las que deben hablar, ahora debes calmarte.

Una vez que te hayas calmado, podrás pensar de forma creativa para apaciguar la situación. 

En este momento, lo importante no es si tu hijo ordenará o no su habitación. En este momento, lo importante es calmar la situación de forma tal que quedes en una posición fuerte pero que, a la vez, permita que tu hijo sienta que fue tratado con amor y respeto. 

La forma más sencilla de apaciguar la situación es simplemente sonreír y decirle que no seguirás peleando. Puedes decir cualquier variación de las siguientes sugerencias: 

“No quiero pelear respecto a ordenar tu habitación. Hablemos de otra cosa”. 

“Abrazarse es mucho mejor que pelear. Mejor hagamos eso”.

“Oye, te quiero y no voy a pelear por ordenar tu habitación”. 

Detener la discusión no te convierte en un perdedor. Ya que tú eres quien toma la iniciativa y le dice que la pelea acabó y que lo sigues queriendo, ahora eres el líder de la situación. 

Lograr calmar la situación es en sí mismo un logro importante. Esto le enseña a tu hijo que tu amor por él es mucho más fuerte y más importante que ordenar la habitación. También es un excelente modelo de cómo controlar el enojo, y esta es una lección maravillosa para todos los niños. 

Por supuesto, no significa que hayas cedido a que no ordene la habitación. Una vez que vuelvas a estar al mando y estés calmado, pensarás de qué forma puedes lograr que tu hijo te haga caso. 

Al pelear con tu hijo, provocaste reacciones defensivas y desafiantes, por lo que realmente él no podía escucharte. Pero ahora, cuando transmites afectuosamente lo que esperas que haga, él tendrá más ganas de seguir tus instrucciones.

Dile a tu hijo qué es lo que esperas que haga, pero no le digas exactamente cómo ni cuándo hacerlo. Déjalo asumir la responsabilidad por hacer el trabajo para que no termine sintiéndose el “perdedor” de la pelea previa; para que no sienta que cedió ante tus demandas. 

Aquí hay algunos ejemplos de frases que transmiten esa idea. Al decirlas, mira a tu hijo a los ojos, asegúrate de captar su atención y habla con seguridad para que entienda que hablas en serio: 

“Me alegra no pelear más por el orden de tu habitación. Pero de todos modos hay que ordenarla. ¿Cuándo tendrás tiempo para hacerlo?”

“El desorden de tu habitación se desborda a toda la casa y nos hace sentir muy incómodos. Por favor, ordénala hoy antes de la cena”. 

“Confío que ordenarás tu habitación lo antes que puedas. Estoy esperando que me cuentes que ya lo has hecho”. 

Afortunados los padres que nunca se encuentran en una lucha de poder. Pero la mayoría de los padres probablemente caerán en un momento u otro en la trampa de las luchas de poder. Para escaparnos elegantemente de estas hace falta calma, valentía y creatividad, pero cuando tenemos éxito, desarrollamos nuestras propias habilidades interpersonales y somos un ejemplo para nuestros hijos.