Cuando escuché las terribles noticias el lunes, me uní al mundo en el sentimiento de dolor. Mis hijos estaban en otra habitación, pero, cuando vieron la expresión de mi rostro inmediatamente me preguntaron qué había ocurrido. Les dije que Eyal, Gilad y Nafatlí, los chicos por los cuales habíamos rezado y habíamos encendido velas extra, habían sido encontrados sin vida.

Mis hijos me preguntaron qué podían hacer ahora. Ellos querían algo de consuelo. Esto es lo que dije, y si bien sé que no tengo todas las respuestas y que nadie puede entender cabalmente lo que ocurre en el próximo mundo, sabía que lo que yo compartiera de mi corazón con ellos entraría a sus corazones:

1. Cuando fallece un ser querido la relación no se termina. Simplemente pasa de ser una relación en el plano físico a una relación en el plano espiritual, y puede mantenerse y durar para siempre si es que hacemos buenas acciones en mérito de ellos. Nosotros tenemos la capacidad y el poder de realizar actividades muy significativas en memoria de los seres queridos que han partido. Nuestras acciones en este mundo mantienen la conexión espiritual y proporcionan una gran elevación en el cielo para el alma de ellos.

2. Cada grupo etario tiene su propio nivel intelectual, espiritual y emocional de inteligencia. Por eso compartí con mis hijos —quienes van desde los 3 hasta los 16 años de edad— diferentes ideas sobre buenas acciones que pueden realizar de acuerdo a sus edades. Les expliqué que cada uno de ellos había sido nombrado en honor a familiares que ya habían fallecido, y les comenté que incluso eso es una gran fuente de honor y deleite para las almas de nuestros seres queridos que nos han dejado.

3. Hice hincapié en que estas eran maneras positivas a través de las cuales podemos ofrecer un gran mérito a las almas de aquellos que han fallecido. Todo este asunto no tiene que dar miedo o ser deprimente, sino que por el contrario, incluso la acción más pequeña realizada en nombre de un difunto equivale a enviarle un regalo "virtual" a su alma en el cielo.

Durante este triste período de tiempo, podemos canalizar nuestros sentimientos de pérdida y transformarlos en acciones positivas para la elevación de las almas de aquellos que ya no están con nosotros, y al mismo tiempo, nos elevamos espiritualmente a nosotros mismos.

Hay tantas maneras a través de las cuales podemos ayudar a la elevación del alma de un ser querido: podemos cumplir la mitzvá de visitar a los enfermos, decir plegarias especiales, estudiar Torá y mucho más. Tenemos verdadero poder en nuestras manos para ayudar a las almas de aquellos que amamos, tan sólo debemos dedicar nuestras vidas a realizar buenas acciones, y al hacer esto, le ofreceremos el máximo confort a nuestros seres queridos en el otro mundo.

A pesar de que es difícil de entender, les dije a mis hijos que cuando una persona fallece, el alma de aquella persona también está de duelo; les dije que cuando un alma hace la transición hacia el mundo de las almas y se da cuenta que ya no puede realizar actos físicos en este mundo, se pone muy triste. Y dado que esto es muy triste para esa alma, nosotros que seguimos en este mundo, debemos ser los brazos y piernas de ella y debemos hacer buenas acciones para que su transición sea más fácil. De esta manera realmente ayudamos al fallecido, y ayudamos a que su alma se eleve.

Los adultos recitamos un rezo especial llamado Kadish, pero los niños pueden decir sus propias plegarias. Les sugerí a mis hijos que dieran tzedaká (caridad) a una escuela judía o a alguna organización de beneficencia en nombre de los tres jóvenes. Otras ideas que discutimos fue la posibilidad de evitar hablar o escuchar chismes, ayudar a los ancianos y aprender más sobre sabiduría judía. Les dije a mis hijos que si querían podían elegir un libro de judaísmo que les interesara y estudiarlo, esto proveería un poderoso mérito para la elevación de las almas de los tres jóvenes.

Al hablar cuidadosa y abiertamente con mis hijos, espero que ellos hayan entendido que la muerte es sólo una transición de este mundo hacia otra dimensión. Y a pesar de que no podemos ver nuevamente a nuestros seres queridos que han fallecido, sí podemos tener una relación eterna con ellos en el plano espiritual.