¿Cómo funcionan exactamente los modelos espirituales? Los psicólogos sociales se refieren a esto como “aprendizaje observacional”. Uno observa a sus modelos hacer cosas y termina haciendo lo mismo. ¡Si sólo fuera tan sencillo!

También dijeron que el aprendizaje observacional funciona cuando ocurren ciertas cosas y si tú deseas ser un ejemplo espiritual, tienes que poner esas cosas en efecto. Antes que nada, por ejemplo, precisas su atención. No es suficiente con que tú hagas algo, necesitas llamar la atención de tu hijo.

Mi esposa (el verdadero ejemplo espiritual en nuestra familia) se anotó para ayudar a cocinar cada vez que alguien de nuestra comunidad da a luz. Las mujeres se unieron para ayudar a las familias de los recién nacidos a pasar la primera semana sin tener que preocuparse por la comida del resto de la familia. Con su modestia habitual, mi esposa lo hizo sin anunciarlo a sus propios hijos, hasta que un día uno de los niños prestó atención que en el horno había una lasaña adicional. Sólo entonces se dieron cuenta de lo que su madre estuvo haciendo todo el tiempo, y de esta manera aprendieron que el jesed, hacer actos de bondad, es algo que su madre incorporó a su vida de forma habitual. En retrospectiva, fue un error que los niños no le prestaran atención antes. Ellos no pueden aprender lo que no saben que se supone que deben aprender.

El segundo factor del aprendizaje observacional es la retención. El niño necesita recordar lo que ve y escucha y la única manera de que esto ocurra es si los actos y los comportamientos se repiten una y otra vez. En este ejemplo, ellos necesitan ver que su madre cocina una y otra vez para los vecinos o para personas desconocidas. Pero esto también se aplica a entonar canciones en la mesa de Shabat cada semana hasta que memorizan las canciones. O repetir en voz alta las bendiciones que se deben decir al escuchar un trueno, para que la respuesta del niño sea automática cuando la situación se vuelva a presentar. O repetir las historias de la porción de la Torá cada semana para resaltar los actos de los personajes que son nuestros ejemplos espirituales colectivos. Si queremos que tengan algún impacto a largo plazo, los comportamientos, sentimientos, historias y experiencias necesitan repetirse e internalizarse hasta que se vuelven parte de nuestro ser.

El tercer factor es que para que el aprendizaje observado tenga impacto debe ser reproducido por el niño mismo. No es suficiente con ver a alguien hacerlo, el niño necesita sentirlo y necesita recibir feedback del modelo adulto respecto a que está haciendo lo correcto.

Los niños necesitan práctica y, como con cualquier habilidad, como tocar un instrumento o un deporte, necesitan entrenadores. Cuando se trata de habilidades y prácticas espirituales, los padres son los más adecuados para brindarles ese feedback… o no.

Finalmente, es necesario que haya una motivación, algún sistema inherente de recompensa que le de energía al niño y le diga que su actividad vale la pena. Puede ser la autosatisfacción que surge del acto o puede ser el elogio del padre o de la comunidad, pero a pesar de lo mucho que nos gustaría pensar que a veces los niños simplemente aprenderán por sí mismos a hacer lo correcto, siguen necesitando un poquito más de empuje a lo largo del camino.

Ser un modelo espiritual de nuestros hijos requiere pensamiento, planificación y rutina. Ser un ejemplo espiritual es un trabajo duro, o como solía decir mi madre: “Espera hasta que seas padre y entonces lo entenderás”.


Este artículo apareció originalmente en ou.org