Se acercan los días de las Altas Fiestas y a veces no nos sentimos tan "santos". Nuestras rutinas y cronogramas se desbarajustan. Hay que hacer demasiadas cosas. A menudo las madres están estresadas, los ánimos se encienden y reina la impaciencia. ¿Cómo podemos mantener la cordura durante esta época?

1. Mantener un orden diario

En la época de las festividades es necesario ser más flexibles. Los programas y horarios fijos generalmente se reservan hasta que desarmamos la sucá. De todas maneras, es mejor si se puede mantener alguna clase de estructura. A los niños (y a los padres) siempre les va mejor cuando hay una rutina. Por ejemplo, la hora de comer puede ser más tarde, pero aún así tiene que haber una hora de comer.

2. No descuidar las necesidades básicas

Asegúrate que tus hijos tengan satisfechas sus necesidades básicas. Esto es especialmente importante con los niños más pequeños. La comida, el sueño, la rutina (ver el punto previo) y la atención. Por lo tanto, si generalmente les lees a tus hijos una historia 10 minutos al día, redúcelo a 5 minutos, pero de todos modos trata de mantener ese tiempo "sagrado". Ten bocadillos a mano y mantén cierta rutina a la hora de ir a dormir. Puedo garantizar que los niños que tienen hambre, están cansados o que les falta atención de sus padres se portan mal.

3. Es de esperar que haya algunas malas conductas

Incluso si te aseguras de que las necesidades básicas de tus hijos estén satisfechas y de que se mantenga alguna clase de rutina, debes saber que enfrentarás malos comportamientos. No programes hacer demasiadas cosas y que no te quede tiempo para resolver la rabieta de tu hijo pequeño, el mal humor de tu adolescente y la conversación respecto a que "no tengo nada que ponerme". Los hermanos que pasan mucho tiempo juntos van a pelear eventualmente. Como suelen decir: al que le advirtieron ya está prevenido.

4. Enséñales a tus hijos a ayudar

Los niños quieren ayudar, pero es difícil estar a disposición de los padres. Es mejor si les informas a tus hijos de antemano cuáles serán sus tareas. Todavía mejor, consulta su opinión, pregúntales qué les gustaría hacer.

Cuando distribuyas las tareas menos deseadas, debes tener compasión. Abre el tema diciendo: "¡Chicos, tenemos que dividir las tareas que nadie quiere hacer! Les agradecería mucho su cooperación. ¿Pueden aceptar todos por lo menos una de estas tareas? ¿Y podemos limitar las quejas al respecto? ¿Cuándo hay tanto que hacer es difícil escuchar quejas!".

5. Sé realista con tu lista de invitados

Conozco muchas familias que tienen muchos invitados durante las fiestas, pero se aseguran de tener por lo menos una comida sólo para la familia nuclear.

Cuando tengan compañía, trata de asegurar que sea compatible con tu familia. Que lleguen niños de las mismas edades que tus hijos o con intereses similares puede ayudar a que todos estén ocupados y felices.

Y cuando simplemente no se puede evitar y tus invitados en Rosh HaShaná son la tía que se queja sin parar y el primo que regaña constantemente a tus hijos, aprovecha la ocasión para enseñarles a tus hijos cómo relacionarse con personas difíciles.

6. Sé realista con lo que cocinas

Todos perdemos un poco el control con lo que cocinamos y agonizamos preguntándonos si preparamos suficiente comida (la preocupación más común de la mujer judía… ¡y también del esposo!). Baja un poco de nivel y relájate. Puede que no sea el mejor momento para sacar tus libros de cocina gourmet. A veces, las recetas más sencillas son las que mejor funcionan.

7. Crea recuerdos

Los recuerdos que tus hijos tengan de las festividades pueden mantenerlos unidos a su familia y a su fe. ¡Pero sin presión! Puede ser suficiente con mantener la atmósfera positiva y simplemente aprovechar la belleza y las tradiciones que ya existen. A menudo, las cosas simples tienen más impacto, tal como que haya varias generaciones reunidas alrededor de la mesa, las melodías inspiradoras de las plegarias y la diversión de decorar la sucá. Asimismo, los alimentos tradicionales crean las impresiones más duraderas. Casi todo el mundo recuerda la dulzura de la manzana sumergida en miel, la jalá con pasas de uva y por supuesto la carne deliciosa.