Un extracto del libro de Rav Twerski "Ten Steps to Being Your Best" (Diez Pasos para Ser lo Mejor que Puedes Ser).

Siempre que doy una clase sobre autoestima me preguntan: "¿Qué podemos hacer para que nuestros hijos tengan una buena autoestima?". Muchos padres advierten que incluso sus hijos pequeños tienen problemas de autoestima. Mi respuesta es que la autoestima es contagiosa. Los padres que se sienten seguros, confiados y bien sobre sí mismos les transmitirán ese sentimiento a sus hijos. Los padres que son ansiosos, inseguros y que tienen baja autoestima tienen grandes probabilidades de transmitirles ese sentimiento a sus hijos. Entonces, para ayudar a que tus hijos tengan una buena autoestima, debes desarrollar tu propia autoestima.

Tal como no puedes darles felicidad a tus hijos, tampoco puedes darles autoestima.

También recomiendo un libro de la Dra. Patricia Berne llamado “Building Self-Esteem in Children” (Construyendo Autoestima en tus Hijos). Es un libro excelente, pero estoy en desacuerdo con ella en un punto. Ella dice que "si les has dado a tus hijos autoestima, les has dado todo. Si no les has dado autoestima, entonces cualquier otra cosa que les hayas dado tiene poco valor". Mi desacuerdo con ella es que tal como no puedes darles felicidad a tus hijos, tampoco puedes darles autoestima. Lo único que puedes darles es el amor, el cuidado y el entorno que conducen a una buena autoestima; puedes darles los cimientos, pero ellos tienen que construir la autoestima por sí mismos.

Ser padres es la cosa más importante que haremos en nuestras vidas. Ser padres es una habilidad y, en el mundo de hoy en día, en el cual los niños enfrentan desafíos sin precedentes, ser padres requiere de mucha habilidad.

No todos nacemos sabiendo ser padres de forma intuitiva, ni tampoco podemos confiar en criar a nuestros hijos de la misma forma en que nos criaron nuestros padres a nosotros. El mundo está cambiando con gran velocidad, las técnicas previas pueden ya no ser adecuadas. Es crucial que los jóvenes que en un futuro serán padres aprendan las habilidades necesarias antes de tener que aplicarlas.

Hay una amplia variedad de teorías sobre el ser padres, y cada autoridad siente que su método es el más efectivo. En realidad no hay ninguna forma de determinar cuál es el mejor método, pero es sumamente importante que ambos padres estén de acuerdo en un método particular y que lo apliquen consistentemente. Los niños que quedan atrapados entre dos métodos diferentes, o que tienen padres inconsistentes, pueden confundirse y terminar siendo incapaces de desarrollar un curso de vida apropiado.

El trabajo de un padre en relación a la autoestima se asemeja a caminar por la cuerda floja. No hay mucho lugar para desviarse hacia ninguno de los costados. Si a los niños no se les permite ejercitar sus propias habilidades para la toma de decisiones porque los padres hacen todo por ellos, entonces nunca desarrollarán confianza en sí mismos. Si no reciben guía y educación al respecto, pueden terminar creciendo sin un sentido de responsabilidad y dignidad.

Unos padres llevaron a su hijo de seis años a un restaurante. Después de tomar el pedido de los padres, la mesera se dirigió al niño: "¿Y qué comerás tú?".

El niño respondió: "Una hamburguesa con mucha mostaza y una gaseosa".

La madre le sonrió a la mesera y le dijo: "Puedes traerle un bife con puré de papas y vegetales".

La mesera volvió con las órdenes de los padres, y frente al niño puso una hamburguesa y una gaseosa. La madre estaba horrorizada, pero el niño sonrió de oreja a oreja y dijo: "¡Mira mamá! Ella piensa que yo sí existo".

Los padres deben darles a sus hijos una oportunidad para sentir que existen, que son reales, y que son personas; que son parte de la familia, pero que son entidades diferentes que tienen sus propios derechos. Los niños deberían tener permitido tomar las decisiones que sean acordes a su edad. Sus sentimientos deberían ser respetados y sí, también debería respetarse su derecho a la privacidad.

Respetar los sentimientos de un niño significa darse cuenta que ese niño tiene derecho a tener sentimientos. Hay algunos sentimientos que consideramos objetables; sólo si reconocemos que el niño tiene esos sentimientos podremos ayudarlo a luchar con ellos y redirigirlos, siempre que sea posible, hacia canales constructivos.

¿Cómo deberías reaccionar si un niño expresara un deseo por comer algo taref (no casher)? "Yo feliz me comería una de esas hamburguesas". ¿Le dirías: "¡Qué terrible decir eso! Ningún buen niño judío pensaría algo así"?

Si reaccionas de esa forma, entonces estás actuando en desacuerdo con la siguiente cita del Talmud: "Una persona no debería decir: 'No quiero cerdo'. Debería decir: 'Quiero cerdo, pero Dios me lo ha prohibido'" (Citado en Rashi, Levítico 20:26). Condenar a un niño por sentimientos sobre los que no tiene control es darle la idea de que él es inherentemente malo. En cambio, ésta es una oportunidad para que un padre le explique al niño que hay cosas que quizás deseamos pero que dado que vivimos de acuerdo a la Voluntad de Dios según es revelada en la Torá, probablemente no podamos obtener algunas de las cosas que deseamos.

Pero qué ocurre si el niño dice: "¡Odio a mamá!" ¿Debería la respuesta ser: "¡Eso es terrible! El odio es un sentimiento horrible; nunca deberías odiar a nadie, y mucho menos a tu madre"? El niño tiene un sentimiento negativo hacia su madre quizás simplemente porque ella se rehusó a comprarle el dulce o el juguete que quería. La verdad es que el niño no odia a mamá, sino que está utilizando la palabra "odio" para expresar su ira hacia ella porque no conoce ninguna otra palabra para utilizar. Ésta puede ser una oportunidad para decirle al niño: "No creo que realmente odies a mamá; creo que lo que quieres decir es que estás muy enojado con ella. Sabes, a veces tú también haces cosas que me enojan, pero incluso cuando estoy enojado contigo, te sigo amando muchísimo".

(A propósito, no debes asumir que las palabras que utilizan los niños significan para ellos lo mismo que significan para ti. Trata de descubrir exactamente lo que el niño quiere decir con las palabras que utiliza. Al igual que "odio" puede significar en realidad "estoy enojado", la expresión "quisiera que estés muerta" no es la horrible realidad que puedes creer que significa. Puede que el niño no tenga idea de lo que significa "muerte" y que lo que quiere decir en realidad es "desearía que te vayas por un tiempo".)

Entonces, puedes tratar de explicarle al niño que hay ocasiones en que papá y mamá no le darán lo que quiere porque saben que no es bueno para él. Tú entiendes que esto quizás hará que él se enoje pero, como padre, debes hacer lo que es mejor para él. Puede que el niño no lo entienda o que no esté de acuerdo con la decisión, pero tú has validado el hecho de que tiene un sentimiento negativo e incluso entiendes por qué una mente juvenil podría sentirse de esa manera.

No estoy seguro de que, incluso si el sentimiento del niño fuese "odio", el padre tendría derecho a simplemente condenarlo. La mitzvá de "no odies a tu hermano en tu corazón" (Levítico 19:17), por desgracia, no es observada universalmente ni siquiera por los adultos. Un padre debería hacer una seria introspección para averiguar si él mismo ha erradicado todos los restos de odio de sí mismo, tal como es requerido por la Torá.

La mejor forma de enseñarles a nuestros hijos es con el ejemplo. Si un niño puede advertir que el padre no odia a nadie, entonces hay una probabilidad mucho mayor de que pueda ser ayudado a superar este sentimiento. En lugar de negar el sentimiento del niño, el padre puede ayudarlo a entender por qué el odio es un sentimiento destructivo y por qué debería tratar de superarlo. El padre tendrá, en primer lugar, que recurrir a los textos de musar (crecimiento personal) que enseñan cómo eliminar el odio de él mismo. Esas enseñanzas pueden estar mucho más allá del entendimiento del niño, pero si el padre tiene éxito con ellas entonces podrá transmitírselas mejor a su hijo.

Si la percepción que el niño tiene de la realidad es desacreditada como incorrecta, quizás él perderá la confianza en su habilidad para sacar conclusiones. Cuando un padre y una madre tienen una discusión subida de tono y el niño dice: "¿Por qué estaban peleando?", es tonto decir: "Papá y mamá no estaban peleando". En lugar de eso, podrías decir: "Papá y mamá estaban en desacuerdo sobre algo, y continuaron discutiendo hasta llegar a los gritos en lugar de hablar. Pero papá y mamá siempre hacen las paces" (o al menos eso espero). Obviamente papá y mamá deberían aprender a estar en desacuerdo sin gritarse entre ellos.

Los padres deberían aprender formas efectivas de disciplinar sin avergonzar o ridiculizar al niño.

Obviamente, los niños requieren disciplina. Los padres deberían aprender formas efectivas de disciplinar sin avergonzar o ridiculizar al niño. Debo repetir una experiencia personal que ya he relatado en otras ocasiones. Cuando mi padre desaprobaba algo que yo hacía, decía en idish: "es past nisht" (Eso no eres tú. Está por debajo de tu dignidad). No me decían que era malo, sino que me decían que lo que había hecho era inapropiado para alguien tan bueno como yo.

Los niños necesitan golpes positivos. "Agarramos" a nuestros niños haciendo cosas malas, mientras que damos por sentado las cosas buenas que hacen. Deberíamos hacer un esfuerzo por "agarrar" a nuestros hijos haciendo cosas buenas al menos tres veces por día, y felicitarlos por ellas.

Una niña de cinco años recibió de regalo una soga para saltar, e intentó saltar. Sus padres aplaudieron con gran entusiasmo su esfuerzo y luego volvieron a sus ocupaciones. Un rato después, la niña se les acercó diciendo: "Creo que puedo hacerlo, pero necesito más aplausos".

Los padres deben ser cuidadosos de no "usar" a sus hijos. Cuando veo a un niño de dos años utilizando ropa de marca, me pregunto si éstas fueron compradas por su calidad o porque los padres querían que los demás viesen que su niño está utilizando ropa de marca. Si bien la ropa de marca para un niño de dos años es algo inocente, insistir sobre la escuela a la que un hijo o hija debería asistir debido al prestigio que eso le otorga a los padres, o con qué familia se deberían casar para que esté a la altura de la posición social de los padres, está muy lejos de la inocencia.

Los padres deben esforzarse por conocer a sus hijos, por conocer sus talentos y fortalezas, y por ayudar al niño a maximizar su potencial exclusivo. No debería exigírseles a los niños que hagan algo que está más allá de su madurez física y sicológica.

En mis primeros días como rabino preparaba niños para el bar mitzvá. Había un niño que no tenía ni el más mínimo oído musical. Yo no tenía idea cómo haría para cantar la haftará. El padre insistía en que el niño debía ser el jazán (lector), y cuando el niño dijo que no podía, el padre gritó: "¿Cuál es el problema contigo? ¿No quieres ser un judío?".

Optimistamente, la mayoría de los padres ejercitan la inteligencia y el juicio con mucho más acierto, pero en ocasiones puede ocurrir que un padre no conoce la razón por la cual el niño no actúa a la altura de sus expectativas. Un padre que ansía que su hijo sea un atleta deportivo puede desilusionarse amargamente si el niño no logra meter la pelota en el arco vacío. En tal caso, es el padre quien debe corregir sus expectativas irrealistas y alentar al niño a desarrollar las habilidades que sí posee.

Los niños no pidieron ser traídos al mundo. Los padres que los trajeron al mundo les deben la mejor oportunidad para desarrollarse al máximo y, de acuerdo a las posibilidades de los padres, las mejores oportunidades para lograr autoestima y felicidad.

A pesar de que no podemos esperar que un niño pequeño mantenga un diario íntimo, sí podemos ayudarlos a aprovechar algunas de las sugerencias que he hecho. Por ejemplo, por la noche pregúntale al niño sobre los eventos del día. Algunas veces puedes preguntar: "¿Qué fue lo mejor de tu día?" o "¿Ocurrió algo hoy que no te gustó?". Estas son frases de apertura para darle al niño la oportunidad de ver las cosas positivas y de recibir ayuda con las negativas. Para hacerlo, los padres deben destinar un tiempo para hablar con el niño, lo cual es en sí mismo un buen método para construir la autoestima.

Una forma muy simple de ayudar a los niños a construir su autoestima es que la familia coma junta. En el libro "Family Meals May Prevent Teen Problems" (“Las Comidas en Familia Pueden Prevenir Problemas en Adolescentes”), los investigadores encontraron que los mejores lectores, tanto de la escuela primaria como de secundaria, venían de familias en donde se sentaban juntos a comer. Esos niños desarrollaron un vocabulario más extenso a una edad más temprana y estaban mejor equipados para expresarse, por lo que obtuvieron notas que estaban dos o tres puntos más arriba que el resto en los exámenes estandarizados de lectura. La comida familiar creó un sentido de pertenencia y les permitió a los padres mantenerse al tanto de lo que estaba pasando con sus hijos.