Es inevitable – los niños pelean. A pesar de nuestros mejores esfuerzos para fomentar un espíritu de cooperación y de nuestros intentos por "ecualizar" todo, desde la distribución de galletas hasta el amor, uno como padre igualmente terminará viendo a sus pequeños decirse cosas que no le diríamos ni a nuestro peor enemigo, burlarse, fastidiarse, forcejearse, pelearse, e incluso gritarnos "¡No es JUSTO!" "¡La quieres más a ELLA!" cuando intentamos hacer un juicio salomónico.

¿Hay alguna forma de intervenir amablemente? Por supuesto.

Cinco Consejos para Padres Cuando Nuestros Hijos Pelean

1. Igual significa menos

La igualdad puede funcionar para las constituciones, pero no para nuestros pequeños. Los niños necesitan ser amados de forma única, ya que ellos son únicos, teniendo cada uno diferentes necesidades. Lo mejor es soltar la cinta de medir y garantizarle a cada uno que es especial y que recibirá lo que necesita.

Cuando Marcos comienza a reclamar que "No es justo" que su hermano haya recibido una hamburguesa más grande, simplemente debes decirle "¿Todavía tienes hambre? ¿Te gustaría otra mitad?".

Si Rajel pregunta, "¿A quien quieres más?", en vez de asegurarle que "las quiero a las dos por igual", es más útil y realista responderle que "cada una de ustedes es especial para mi. ¡No hay otra Rajel en todo el universo!".

Cuando Eli, impaciente y enojado mientras tú estás ayudando a su hermana a prepararse para su examen de matemáticas, se queja "mami, ¡estás hablando con ella más tiempo del que hablas conmigo!", podrías explicarle que este examen de matemáticas es importante, pero que estás ansiosa por escuchar lo que él quiere decir cuando termines.

2. Bájate de la banca y deja el martillo

Como padres, nuestros hijos nos buscan para que seamos jueces y jurado. Esto, por supuesto, es una situación en la que estamos destinados a salir perdiendo, ya que de seguro un niño perderá – lo que implica que también nosotros. Por lo tanto, lo primero que debes hacer es priorizar. No toda pequeña pelea es asunto tuyo. Cuando sea posible, déjalos a ellos encontrar soluciones para las cosas pequeñas.

Las "cosas grandes" sí requieren de nuestra atención, pero en vez de jugar al policía o al juez, la meta es enseñarles a ellos a resolver las cosas por sí mismos.

Por ejemplo, Shaina de 7 años y Mijael de 6 están discutiendo furiosamente por un juguete. Cada uno está gritando y aferrándose a él con la fuerza de un luchador de Sumo. Nuestra inclinación natural es gritar e investigar. "¡Paren en este momento!" "¿Quién empezó? ¡La verdad!" "Muy mal Shaina, ¡dáselo a tu hermano pequeño y juega con tu Barbie!" "¡¿No pueden aprender a compartir?!" "¡Nadie lo tiene! ¡Castigo para los dos!".

Sabemos que lo anterior nos llevará a crear incluso más frustración y resentimiento, ya que ellos pensarán "Yo gané/perdí", "¡Pero eso es injusto!" "Ellos siempre están de su lado". "¿Por qué debería compartir?".

Cuanto más útil sería simplemente:

a) Identificar los sentimientos: "Veo dos niños que están enojados el uno con el otro".

b) Identificar el conflicto: "Mmm. Shaina, tú estabas jugando con él, entonces Mijael quiso jugar también. Wow. Esto es difícil. Los dos quieren jugar con el mismo juguete ahora mismo".

c) Regresarles el problema: "Si piensan mucho juntos, yo se que pueden encontrar una solución". Y entonces sal de ahí.

Probablemente estás pensando "No hay forma que eso funcione". Pero, lo creas o no, la mayoría de los niños, cuando les muestras que tienes confianza en su habilidad de resolver las cosas, ¡sí las resuelven! Y así, te las habrás arreglado para evitar la pelea y los cargos de favoritismo que vienen con ponerse en el medio del conflicto.

3. Detener el ciclo de abusador/víctima

En muchas relaciones de hermanos se desarrolla un ciclo de "abusador" versus "víctima". ¿Cuan a menudo hemos escuchado estas palabras entre ellos: "Si no sales, voy a…" mientras el "abusador" amenaza o forcejea, y mientras la "víctima" se apaga, se queja, viene a acusar, y nos busca a nosotros para castigar al infractor? Esta es una situación difícil, ya que nuestra compasión está a menudo con la víctima.

Por ejemplo, David, de 10 años, le está pegando a la radio de su hermana, amenazando, "Ana, si no sales de aquí, ¡¡la voy a romper!!", mientras que Ana está histérica. En vez de decir, "¡David, estás abusando de nuevo! ¡Para!", es más útil decir, "¡Sin molestar o romper! Tu sabes pedir lo que quieres de buena manera y espero que lo hagas ahora mismo".

En cuanto a la "víctima", en vez de hacerla seguir el camino de "pobrecita", la tarea aquí es ayudarla a aprender a defenderse. Dile cosas como, "Tú puedes decirle a tu hermano, 'La recibí para mi cumpleaños. Es mi juguete'" o, "Si él te molesta con una cara de malo, dile, '¡No me asustas!'".

Enseñarles a nuestros pequeños que abusar es inaceptable y que no necesitan ser víctimas, los prepara para comportarse de una forma civilizada con confianza.

4. Cuando las cosas grandes se salen de las manos

En un mundo perfecto, lo anterior funcionaría, pero como sabemos, a veces las cosas pueden salirse de control y por supuesto ¡debemos meternos para evitar una situación potencialmente peligrosa!

Por ejemplo, si escuchas gritos y encuentras a tus gemelos de 9 años peleando a golpes, primero pregunta: "¿Es esto una pelea de verdad o solamente de juego?" (Las peleas de juego se permiten solamente con consentimiento mutuo. Las peleas reales no). Si determinas rápidamente que están buscando sangre, descríbelo: "Veo dos niños furiosos que podrían hacerse daño". Entonces, sepáralos diciendo "Esto NO es seguro. Ambos necesitan calmarse. Rápido, a sus habitaciones (u otras áreas separadas), ¡ahora!".

A veces la intervención es necesaria.

5. El "Salón de Encuentros"

Entre hermanos, hay disparadores persistentes en situaciones específicas. Eli, de 14 años, cuida a los niños cuando sales a hacer una compra rápida, pero se convierte en un capataz, dándole ordenes a su hermana de 12 años, Rebeca, y tomando las decisiones sobre todas las cosas, desde la TV que se verá hasta las aplicaciones de iPad. Si ella desobedece, él la pellizca.

a. Llama a una reunión familiar para discutir la situación.

b. Invita a cada niño a expresar sus sentimientos y preocupaciones.

c. Escríbelas y léelas en voz alta para asegurarte de que están todos de acuerdo.

d. Pídeles a los niños que ofrezcan soluciones justas, luego escríbelas todas, sin juzgar.

e. Establece las reglas finales con ellos. Por ejemplo, "No hay jefes", "No se hace daño". Creen un horario de TV, junto con aplicaciones adecuadas que Rebeca pueda escoger sin interferencia de su hermano.

f. Haz un seguimiento la semana siguiente para ver si todos están satisfechos con la nueva estrategia implementada.

Tan sólo imagínate hermanos y hermanas creciendo en hogares en donde hacer daño no es tolerado; donde los niños aprenden a negociar de forma justa; y en donde la cooperación en vez de la competencia es fomentada. De un hogar como ese, ellos tendrán las herramientas y la confianza para crecer juntos, en vez de separados.