Sin la esperanza de que los devastadores incendios que atacaban el sur de California terminaran, una conmovedora fotografía en la primera plana del "L.A.Times" captó mi atención. Era un niño sentado en la mitad de los escombros, producto de los incendios, sosteniendo un pedazo de su cama arruinada, hablando sobre las probabilidades de vida o muerte al quedarse en la zona de peligro. Miles de familias han perdido sus hogares y las vidas que conocían, así como los recuerdos de toda una vida y las comodidades de las queridas posesiones familiares.

Yo sé como esto me afectó a mí, a mi esposo y a nuestros amigos. Pero, ¿cómo se vislumbra desde la perspectiva de un niño? Aprendí la respuesta a esta pregunta de una manera muy personal, gracias a mi sensible hija de cinco años, Ariela.

Después de una discusión familiar basada en el artículo del "L.A.Times" titulado: "¿Qué guardarías de una casa llena de recuerdos?", Ariela preguntó, “¿Hay muchos niños que perdieron sus juguetes favoritos?”. Cuando le preguntamos si a ella le gustaría donar algunos de sus juguetes, corrió inmediatamente hacia su habitación y volvió con un gran oso blanco y dijo que le gustaría darle a un niño sin hogar uno de sus juguetes favoritos.

Ariela hizo que me reenfocara y me diera cuenta de la importancia de criar a nuestros hijos con conciencia del mundo y con pasión para que aporten en él.

En nuestros rezos personales de cada viernes por la noche, rezamos por niños que serán grandes ejemplos de Torá y Jesed, (bondad). Cuando Ariela bajó las escaleras con sus brillantes ojos y con sus ganas de hacer esa mitzvá, yo me quede anonadada y sorprendida por la pureza de su bondad. No se cuál fue el momento exacto en el que ella entendió que podía marcar una diferencia en la vida de alguien, pero pasó, y ella hizo que me reenfocara y me diera cuenta de la importancia de criar a nuestros hijos con conciencia del mundo y con pasión para que aporten en él.

Nunca es demasiado temprano para enseñarles a nuestros hijos sobre bondad y amor al prójimo. La Torá le enseña a los padres a ver a sus hijos como un encargo divino. Nuestro cargo es educar a nuestros hijos para que cumplan mitzvot y se conviertan en personas semejantes a Dios, es una oportunidad excitante y liberadora. La tradición judía nos dice que la herramienta más efectiva para educarlos es el ejemplo personal. Hay mucho en juego, debemos ser ejemplos claros de los rasgos que deseamos que ellos desarrollen.

Los niños no pueden ser criados en un vacío espiritual y moral. Queremos que crezcan en fe y devoción, para que puedan entender cosas que van más allá de ellos mismos. Nuestros niños deben recibir valores trascendentales y espiritualidad sincera. Necesitamos entender el cargo que tenemos, compartimos la responsabilidad de crear un ambiente en nuestros hogares, nuestras comunidades y en nuestros colegios que les permita a los niños prosperar y tomar decisiones que sostendrán al mundo.

El instinto de amor y cariño de Ariela evolucionó y se transformó en una iniciativa dentro de su clase para donar juguetes, en la Academia Hebrea Maimónides, y luego en un proyecto escolar. La cruz roja aceptó tomar los juguetes donados y distribuirlos entre los refugiados que habían perdido sus hogares y sus posesiones de toda la vida debido al fuego.

La generosidad de corazón y espíritu viene en todas las formas, edades y tamaños, y una sola persona, no importa cuan joven, puede marcar una diferencia. Nuestro reto es sentir la misma urgencia y aprender de la bella Ariela el verdadero significado de dar.