Me llamaron a dar una charla para un grupo de padres que están muy ansiosos.

—¿De qué están ansiosos?

—De todo —fue la respuesta.

Al día siguiente, la primera página del periódico decía: “Estrés, agotamiento y culpa: la paternidad moderna”. ¿Qué ocurre en nuestros hogares?

El artículo describía a padres que, sin importar su situación económica, están constantemente monitoreando a sus hijos. Provoca muchísima ansiedad tratar que tus hijos suban cada vez más alto y asegurar que tengan éxito o que por lo menos económicamente les vaya tan bien como a sus padres. Pero por primera vez parece posible que la siguiente generación sea menos próspera que sus padres, y esto preocupa a los padres. Tratar de acomodar a los hijos en actividades extraescolares, en las escuelas y universidades adecuadas, pagar tutores y asegurarse que obtengan altas calificaciones supervisándolos constantemente, influye sobre los padres. Los padres se desgastan. Los padres están cansados.

Nos transformamos de "padres helicópteros" que supervisan a "padres ansiosos" que se consumen. Los investigadores dicen que las altas expectativas han impregnado a todos los segmentos de la sociedad. Todo comienza en el útero con un influjo constante de los alimentos y los productos que se deben evitar. A los padres les presentan monitores de bebés que registran cada movimiento y cada gemido del niño, se ven presionados a preparar alimentos caseros, tentempiés sin azúcar, clases para bebés y el estrés de mantenerse al ritmo de los compañeros, lo que sólo se incrementa a medida que pasa el tiempo.

La Academia Norteamericana de Pediatría recomienda que los bebés duerman en la habitación de sus padres durante un año (!) y que cuando los niños miren un video o un programa televisivo infantil, mirarlo juntos para maximizar el aprendizaje. Los padres no deben dejar a sus hijos solos mientras preparan la comida o cuando conversan entre ellos. El mensaje es que estas actividades son mejores cuando se experimentan simultáneamente por padres e hijos. La conversación adulta y el tiempo compartido entre marido y mujer desaparecen.

Por supuesto que el tiempo familiar es valioso, pero debe haber un equilibrio.
¿Cuál es el efecto de este contacto constante con los niños?

Los psicólogos y otros han advertido que la dependencia exagerada de nuestros hijos en sus padres y de padres y madres híper-intensos, produjeron niños que viven con más ansiedad. Ellos están menos satisfechos con sus vidas. Se sienten repletos de estrés. Cuando los niños tienen la oportunidad de jugar libremente y tienen tiempo libre, construyen sus habilidades sociales, si seguridad emocional y sus funciones ejecutivas.

El verdadero problema

Pero aquí hay algo más que la presión de compartir más tiempo y de monitorear a los hijos.

FOMO, (del inglés fear of missing out), el temor a perderse algo, alude al hecho de vivir comparando la vida a través de los medios sociales, lo cual provocó un daño terrible a nuestra vida familiar. Los padres se sienten inadecuados cuando otros publican los logros de sus hijos, sus trofeos, las cartas de aceptación a la universidad y los roles estelares en las presentaciones artísticas o en el equipo de fútbol. Fotos de las vacaciones, de los eventos deportivos, de las expediciones de compra y de los conciertos presionan a los padres a probarse a sí mismos que también ellos son padres maravillosos que pueden dar todo eso a sus propios hijos.
Las madres y los padres se preocupan de no hacer lo suficiente, de no proveer lo suficiente, de no invertir lo suficiente. Un nuevo estudio demostró que sin importar la educación, los ingresos o la raza, los padres sienten que las opciones más caras y complicadas son las mejores. Los medios sociales sólo avivan el fuego.

Los padres exhiben sus propias inseguridades que pasan a sus hijos. ¿Por qué debemos publicitar nuestras vidas internas para que todo el mundo las vea? ¿Por qué las vacaciones se disfrutan más si llevamos a todo el mundo con nosotros? ¿Por qué debemos presumir de las altas calificaciones, las joyas que nos regalan, las zapatillas caras o las cenas en restaurantes? No podemos basar nuestras vidas en las vidas que viven los demás. Contar las bendiciones de otras personas nos impide ver las propias.

La consecuencia sobre las madres

Todo este estrés afecta en especial a las madres. Aunque los padres participan mucho más en las vidas de sus hijos, las verdaderas expectativas recaen sobre las madres. El tiempo que las mujeres pasan tratando de ayudar a sus hijos es a costa de su sueño, del tiempo que invierten en la pareja, en amistades, en actividades recreativas y en ocuparse de las necesidades de la casa. El conflicto entre la carrera y el tiempo que pasa con los niños también puede producir mucha angustia.

El amor de la madre es más valioso que cualquier actividad extraescolar, que la tecnología o que las zapatillas de marca que se pueden comprar con dinero. Vivir con un padre estresado, sin importar cuánto se esfuerce por maximizar las experiencias de su hijo, desgasta el vínculo entre padre e hijo. Lo mejor es dejarnos de comparar y asegurarnos de mantenernos al ritmo de los demás, antes que enviar a nuestros hijos el mensaje de que nuestro valor depende de lo que publican otros padres.

Debes ser honesta respecto a la clase de madre que crees que debes ser. Ser honesta respecto a las experiencias que deseas que tenga tu hijo; no porque otro decida que eso es lo que se debe hacer. Reflexiona sobre la verdadera misión de una mujer en su hogar: imbuir a cada niño con un sentido de ser, un propósito, un legado de vida. No caigas en la trampa de la presión, el agotamiento o la culpa. Ser padres puede ser la experiencia más mágica y placentera, si permites que así sea.

Tómate un momento para pensar y analizar tu camino como padre. No mires hacia atrás a todos esos años con arrepentimiento porque te viste atrapado en medio de los deseos de los demás. Vive tu vida, conoce las necesidades de tus hijos, reconoce tus bendiciones y construye un hogar repleto de amor. Deja de lado el estrés y la culpa.