Pareciera que a mi hijo de 4 años le gusta buscar pelear conmigo cuando regresa a casa después de la escuela. Cada día pasa lo mismo. Yo termino gritando y él llorando.

Mi hija de 7 años llega a casa y de inmediato comienza a quejarse. No le gusta la merienda que le preparé o dice que está aburrida y que no tiene nada que hacer. No importa lo que yo haga, ella se enoja y termina armando un berrinche.

Mi hijo de 6 años vuelve a casa y se niega a hacer sus tareas escolares, aunque eso le lleve sólo unos pocos minutos. Simplemente comienza a llorar y puede durarle una hora.

¿Te suena conocido? Estos niños sufren del típico berrinche al volver de la escuela.

Esto les ocurre a los preescolares, pero también puede tener lugar cuando los niños comienzan primer grado y durante toda la escuela primaria. Para los niños es sumamente difícil mantenerse todo el día controlados en la escuela. Allí tienen que seguir muchas reglas, tienen que estar mucho tiempo sentados cuando preferirían moverse, tienen que hacer tareas que les presentan desafíos y deben enfrentar situaciones sociales difíciles. Al volver a casa los niños están exhaustos. Ellos no saben cómo cambiar de marcha, tienen muchas emociones reprimidas y todo sale con la persona con quien se sienten más cómodos: contigo, con su padre o con su madre.

Esto es lo que necesitas saber para enfrentar este berrinche al volver de la escuela:

1. Lo que en verdad dice tu hijo:

Piensa en esto: cuando estás cansado y tuviste un largo día, sabes que precisas un rato tranquilo. Tú sabes lo que tienes que hacer, sabes qué te ayuda a relajarte. Puedes tomar una bebida fría, ducharte, acurrucarte en el sillón con un buen libro, llamar a un amigo, salir a caminar, etc. Muchas madres que conozco y que regresan a una casa repleta de niños, antes de bajar del auto se toman unos minutos para sí mismas para acomodar sus pensamientos y hacer una transición antes de comenzar con la corrida de la cena.

Los niños no saben hacer esto. Ellos no entienden lo que les ocurre. No saben por qué sienten de esa manera y no saben cómo manejar sus sentimientos. Están abrumados y fuera de control.

Cuando tu hijo comienza con sus quejas y luego con su berrinche, lo que en verdad está diciendo es: “Estoy muy cansado. Durante todo el día tengo que hacer caso a mi maestra. A veces entiendo las reglas y a veces no. Hoy aprendimos un nuevo concepto en matemáticas y yo no lo entendí demasiado, pero tuve vergüenza de pedir ayuda. Eli no se sentó a mi lado cuando almorzamos como siempre lo hace y me parece que está enojado conmigo. No sé qué hacer”.

Como padres, tenemos que entender el mensaje oculto detrás de las palabras.

2. Desmitificar:

Encuentra un momento tranquilo para conversar con tu hijo. Asegúrate que ambos estén tranquilos y entonces explícale lo que sucede:

“¿Sabes algo? Algunos niños al volver de la escuela están tan cansados y sienten en su interior tantas quejas que nada les parece bien. No les gusta su merienda ni ninguno de sus juguetes. Ni siquiera sienten que son capaces de hacer sus deberes. Tienen tantos sentimientos difíciles que necesitan llorar y gritar para sacarlos afuera. Si te llega a ocurrir eso, me lo puedes decir y juntos podemos buscar un lugar al que puedas ir y hacerlo. Sólo debes saber que eso le ocurre a muchos niños y que es algo normal. Yo me voy a asegurar de que todo esté bien. Estoy aquí para ayudarte”.

3. Utilizar una historia paralela:

Si a tu hijo le da vergüenza o se siente incómodo al hablar de sus sentimientos, puedes usar una historia paralela. Cuéntale una historia sobre otro niño de la misma edad que vuelve de la escuela y muchas veces llora. Puedes ser muy creativo o puede ser muy simple, dependiendo de tu personalidad. El punto al que en verdad deseas referirte es que “el niño de la historia” tiene que hacer en la escuela cosas que a veces le resultan difíciles y cómo la madre y el padre siempre lo entienden y que los niños se pueden sentir seguros al llorar con sus padres.

4. Enseñarles estrategias para calmarse:

Después de haberle explicado por qué tiene esos berrinches, tienes que ayudarlo a descubrir cómo puede relajarse y cómo puede lograr calmarse vez de caer en un berrinche. Puedes decirle:

“Si después de un largo día necesitas llorar, yo estoy aquí, a tu lado. Lo mejor que se puede hacer es buscar algunas cosas que te ayuden a relajarte después de un largo día. Hay muchas maneras de lograr que los sentimientos molestos salgan de tu cuerpo. Llorar ayuda, pero hay otras formas que son mejores. ¿Quieres que te cuente qué hacen otros niños?”

Entonces puedes enumerar algunas cosas tales como:

  • Tomarse un recreo
  • Hacer ejercicio
  • Leer un libro
  • Jugar en la plaza
  • Construir algo
  • Bailar
  • Dibujar o pintar

También puedes mencionarle lugares a los cuales puede ir para clamarse:

  • Salir a caminar por la vereda
  • Su habitación
  • El estudio
  • Otro sitio tranquilo

Si utilizas una historia paralela, definitivamente debes mencionar cómo el niño de la historia descubrió las diversas formas que ayudan a calmarse y cómo descubrió qué era lo que más lo ayudaba.

5. Más ideas:

Muchos padres descubrieron que pueden crear una “caja para calmarse”, con una variedad de objetos que los niños pueden utilizar para ayudarlos a tranquilizarse. La caja puede incluir una pelota antiestrés, una botella sensorial con purpurina, chicle, libros para pintar y crayones, plastilina y burbujas. Muchas maestras crean en el aula un espacio para calmarse que puede recrearse en el hogar.

El área para calmarse puede ser una tienda, un almohadón enorme, o un puf. También puedes agregar una pelota de goma, masa para modelar, libros, auriculares y un reproductor de música.

Cuando los niños vuelven a casa precisan compasión y comprensión. Ellos precisan aprender habilidades para manejar sus sentimientos. Podemos ayudarlos si entendemos por qué actúan como lo hacen, desmitificamos ante ellos su comportamiento y les enseñamos estrategias para que logren calmarse.