El mes pasado mi hijo mayor cumplió diez años. Esto es toda una década de ser padres que pasó en un abrir y cerrar de ojos. Aquí hay diez cosas que aprendí en esta última década.

1. Todavía no sé con exactitud qué es lo que hago

Cuando era una madre novata, cada decisión estaba imbuida de una sensación de gravedad casi aplastante. ¿Yo era responsable del desarrollo y del progreso de ese ser humano, incluyendo su relación con el judaísmo? ¡Entonces tenía que tomar las mejores decisiones! Así empezó el aturdimiento de buscar todo en Google, leer infinitos libros y artículos y discutir con mis amigas de la importancia de cosas tales como la selección de un chupete (por lo general ellas sabían tan poco como yo).

Ahora que tengo un poquito más de experiencia, ya no me quedo paralizada por la gama de potenciales elecciones. Confío más en mi intuición y acepté que no siempre tomaré la decisión correcta, pero sé que es suficiente con tratar de hacer lo mejor posible.

2. En verdad nadie sabe qué hace

Una vez tuve una conversación con una madre más experimentada (alguien que ya tenía hijos casados), que me dijo que incluso cuando piensas que sabes cómo hacer esto de ser padres, llega un niño con necesidades completamente diferentes a tus otros hijos, y una vez más te encuentras en territorio desconocido.

Mientras más conversé con otros padres, más vi que todos luchamos para hacer lo mejor posible, no sólo con nuestros primogénitos, que siempre serán nuestros conejillos de indias de la paternidad, sino con todos nuestros hijos.

Esto puedo verlo claramente en mis esfuerzos por transmitir a mis hijos amor por el judaísmo. Por un lado, quiero establecer en sus vidas el marco de los rituales judíos, por otro lado, no quiero que eso caiga en la misma categoría que cepillarse los dientes o limpiar sus habitaciones. Es un equilibrio delicado cuyo resultado no se verá hasta que mis hijos crezcan.

3. Los niños son extremadamente resilientes

Los niños crecerán de la forma que crecerán, a veces debido y a veces a pesar de las circunstancias de su vida. Por un lado, esto da aliento. Significa que no puedo arruinarlo demasiado. Por otro lado puede desanimar un poco. ¿Yo me esfuerzo tanto para educarlos y ellos simplemente serán como hubieran sido de todas formas?

Por supuesto, es necesario proveer un medio cálido, afectuoso y alentador con límites sanos, y no es algo que se dé por sentado, pero me consuela la idea de que cuando inevitablemente cometa errores estos no serán demasiado dañinos.

4. Mantenerlo simple

A menudo, cuando tenemos que explicarles a nuestros hijos una situación delicada o complicada (cosas tales como un divorcio en la familia, una mudanza, haber perdido el trabajo), de forma natural nos preocupa cómo van a reaccionar ante una noticia que para nosotros, como adultos, es emocionalmente difícil.

Sin embargo la mayoría de las veces los niños aceptaron estos desafíos con absoluta calma, y la explicación más simple para ellos fue suficiente. Cuando después surgían otras preguntas, las respondimos, pero la presentación inicial de la situación sólo requiere la explicación más básica.

5. Estar presente

Esto es algo que me cuesta mucho. Siempre tengo una larga lista de cosas para hacer, y en la casa siempre hay algo que necesita mi atención. Honestamente, a veces cuando mis hijos hablan simultáneamente y varios requieren mi atención al mismo tiempo, me siento sobrepasada y doblar la ropa es mucho más atractivo…

Hace poco mi hijo menor comenzó a hacer algo que me recordó la necesidad de revisar mis prioridades respecto a qué le presto atención. Si él siente que no le presto suficiente atención, pone sus pequeñas manos en mis mejillas, dirige mi cabeza para que lo mire directamente y me dice: “Mami, mírame”. Es un tierno y claro recordatorio respecto a que la ropa sucia puede esperar.

6. Ellos te eligieron

Hay un concepto que escuché atribuido a Rabenu Bejaia respecto a que cuando somos almas en el Cielo, nos muestran la familia en la que naceremos (junto con otras circunstancias de nuestras vidas) y sólo después de aceptar esas circunstancias podemos bajar a este mundo.

Pienso en esto siempre que me siento un poco deprimida por mis defectos. Recuerdo que mis hijos sabían en lo que se metían, y ellos eligieron que yo los educara a pesar de mis imperfecciones.

7. Ellos son lo que son

Tal vez prestaste atención que los niños tienen sus propias disposiciones desde que nacen. Algunos son más ansiosos, otros son imperturbables, algunos son súper energéticos, otros más sedados. Ayudarlos a reconocer y a adaptarse a sus propias cualidades sin limitarlos a lo que pensamos que son es un maravilloso regalo que podemos darles.

Esto afecta la manera en que nos relacionamos con nuestra herencia judía. Algunos niños adoptan fácilmente prácticas como la plegaria o el hecho de permanecer sentados en silencio para un kidush. Otros niños se rebelan contra lo que perciben como restricciones. Como dice en Proverbios (22:6), se debe educar al niño de acuerdo con su propio camino. Es crucial no tratar de forzar algo que puede llegar a crear sentimientos o experiencias negativas.

8. Ser padres es la mejor escuela

Educar hijos se asemeja a mirarse constantemente en un espejo muy poco halagador. Todas mis cualidades menos atractivas de alguna forma aparecen en mis hijos.

Si bien puede ser bastante molesto ver que les pasamos las cosas menos deseables, eso también nos ayuda a entender exactamente qué necesitamos trabajar en nuestro propio desarrollo personal. Un resultado maravilloso de este intenso curso de auto perfeccionamiento es que cuando logro conquistar una cualidad negativa, eso ayuda a mis hijos a aprender cómo enfrentar también esa cualidad, y les enseña que todos somos humanos y que es posible mejorar.

9. No puedes controlarlos

Cuando los niños son pequeños, pareciera que los padres tienen el control. Les dictamos cuándo despertarse, cómo pasar su tiempo a lo largo del día, qué comer y cuándo irse a dormir. Pero a medida que crecen y comienzan a asentar su independencia, inevitablemente tomarán decisiones que nos provocarán preocupaciones.

Yo continuaré impartiendo mis valores y guiándolos mientras sean pequeños y más impresionables, y espero tener la sabiduría y la paciencia cuando crezcan y comiencen a individualizarse. ¡Espero que cuando sean mayores a veces me sigan pidiendo consejo!

10. Disfrútalos

La mayoría de los padres parecen estar sumergidos en las tareas menos placenteras, como asegurarse que se cepillen los dientes, que hagan los deberes, que se bañen y que cumplan con sus responsabilidades en el hogar. Con las responsabilidades aparentemente interminables que son necesarias para que los niños se conviertan en adultos exitosos, es fácil perder de vista las partes buenas.

Los momentos de sorpresa, alegría y risa que vienen junto con la educación de los hijos son la mejor parte. Cuando puedo concentrarme en esas partes, los aspectos más tediosos se vuelven más tolerables. Citando un cliché: sólo serán pequeños una vez. No quiero perderme la oportunidad de disfrutarlos.