La conversación que tuve recientemente con un profesional de salud infantil fue inquietante.

"No puedes imaginar lo que estoy viendo. Niños que nunca antes se metieron en problemas están asumiendo toda clase de riesgos y los padres no saben qué hacer. Los niños están fuera de control".

Tras conversar del tema con algunos padres y educadores, confirmé lo que había escuchado. Hablamos de comportamientos que comprometen nuestros valores y nuestro carácter. Niños que se escapan de la casa mientras sus padres duermen, que ponen a prueba los límites, que participan en chats inapropiados en las redes sociales y que experimentan con abuso de sustancias. Muchos tienen conflictos de fe.

Los jóvenes están perdiendo su alma.

¿Por qué justo ahora?

Vulnerabilidad

Los adolescentes y preadolescentes han enfrentado muchos meses de incertidumbre. ¿Estudiamos en la escuela o a distancia? Muchas actividades que se daban por obvias fueron canceladas o cambiaron. Las ceremonias de graduación, las celebraciones de bar y bat mitzvá, las reuniones familiares, el Shabat y las festividades con abuelos y amigos, el campamento de verano, los viajes escolares y los equipos deportivos, sólo por nombrar algunos aspectos. Los jóvenes enfrentan el miedo a lo desconocido de una forma diferente a todo lo que habían experimentado antes. Las historias relacionadas a los enfermos con COVID, la muerte y la sensación de vivir en un mundo sin control sobrepasa a los niños. Hay una enorme sensación de vulnerabilidad.

Menos rutina

Que haya menos rutina implica que hay un vacío en la vida del niño. Al quedarse con ese hueco, muchos chicos descubrieron que la solución al aburrimiento y la falta de cronograma es el comportamiento riesgoso. ¿Qué haces cuando tienes tiempo disponible y nada que hacer? Los jóvenes están probando actividades que normalmente no hubieran entrado a la esfera de los niños o que hubieran parecido imposibles en sus mentes.

Estudiar a distancia es muy solitario. Estar en casa mucho tiempo es agotador. Algunos niños están sentados solos en sus habitaciones mientras sus padres trabajan o están ocupados con otros niños. Los jovencitos necesitan amigos y contacto personal. La soledad nos fuerza a buscar más conexiones en línea. Instagram, Facebook, Tik Tok, Snapchat son las puertas virtuales. Muchos jóvenes se encontraron en peligro después de enviar fotos o mensajes de texto inapropiados o de participar en conversaciones inadecuadas, como resultado de las horas desocupadas del día.

FOMO

FOMO (Fear Of Missing Out), el 'miedo de perderse algo' o de 'quedarse afuera', puede llevar a un niño a comportarse de formas que nunca hubiera imaginado. Si todos la están pasando bien, ¿por qué yo no puedo hacerlo? Si mis compañeros quiebran las reglas y salen de la casa a horarios extraños, yo no puedo ser el único que se quede afuera de eso.

También existe la sensación de que les quitaron algo que les pertenece, algo a lo que tenían "derecho". "Se suponía que este era el año de mi graduación". "Se suponía que íbamos a hacer el viaje que me prometiste". La sensación de que debido a que me siento defraudado, ahora voy a compensarlo y hacer algo emocionante, puede llevar a un niño a cometer grandes errores.

¿Qué podemos hacer?

Los padres están exhaustos y agotados. Sé que es muy difícil. Pero ahora no es el momento de rendirse. Estamos viviendo la verdadera definición de ser padres: guiar, liderar e inspirar. Nuestros hijos necesitan que seamos los capitanes de nuestros barcos. Deben ver que en tiempos de desafío y caos estamos presentes, tanto en cuerpo como en alma. Deben ver que nos importa.

Comienza con una conversación. No esperes a que la situación se desmorone en tu hogar. Hablé con padres que se sorprendieron por el comportamiento en el que habían caído sus "niños buenos". Comunícate de una forma no amenazante. Reconoce los desafíos que enfrenta tu hijo. No estés ocupado con todo y con todos los demás, para que después no te veas obligado a enfrentar el daño causado.

Hablen sobre la soledad, la vulnerabilidad, el aburrimiento, la tristeza y la frustración de perder cosas que siempre confiamos que ocurrirían. Debes estar preparado para limitar el uso de las pantallas. Presta atención a las horas que tu hijo está conectado. Es muy fácil que estén conectados de la mañana a la noche sin ningún control. No dejes que los días y las noches pasen sin supervisión, incluso si estás demasiado agotado. Asegúrate que si tu hijo está en la casa, se tome recreos saludables a lo largo el día.

Si tu hijo pasa mucho tiempo dentro de la casa y la escuela es esporádica, mantente comprometido con la situación. Pregúntate: ¿Con quién pasa el tiempo? ¿Qué hace todo el día? Piensa en cómo llenar el tiempo vacío con actividades más atractivas.

La confusión y el miedo llevan a los niños a buscar nuevas maneras de enfrentar el caos que los rodea. Ellos se aferran a cualquier cosa que pueda brindarles una sensación de seguridad y calma. La incertidumbre puede llevar a un niño a experimentar con cigarrillos electrónicos, cigarrillos, la bebida o a usar drogas sin prescripción. Mantente alerta. Que tu hogar no sea uno en el que los padres duermen mientras los hijos atacan las alacenas con licor o toman malas elecciones que provocan devastación y daño.

Cuando nuestros hijos atraviesan turbulencia y estrés, los padres tendemos a sentir lástima por ellos. Eso es normal. Abrimos nuestro corazón al dolor y el temor de nuestros hijos. Los niños necesitan sentir que los escuchamos, que los entendemos. Pero no podemos llegar al punto en que ignoramos la obligación que ellos tienen de vivir una vida sana y con sentido. Eso implicaría una compasión fuera de lugar. Durante años tratamos de educar a nuestros hijos para que esten conscientes de su alma. No podemos permitir que esta pandemia arranque de nuestros niños la moralidad y la sabiduría judía por la que tanto nos hemos sacrificado. Este desafío debe ser una de nuestras principales misiones.

Cada generación tiene su prueba. La pandemia se convirtió en nuestra prueba. Padres, asegúrense de decirles a sus hijos que creen en ellos, que saben que tienen un alma especial y que los aman, sin importar lo que pase.

Crédito de la foto: Luca Malic, Unsplash.com