Los niños no están bien.

La semana pasada conocí a Emily, una dulce niña de 11 años que vino a hablar conmigo en anticipación a su Bat Mitzvá. Después de conversar por algunos minutos, los brillantes ojos de Emily se pusieron serios. "Slovie, ¿puedo decirte algo?".

"Seguro cariño, ¿qué pasa?".

"Estoy realmente asustada. Hay personas que conozco que están enfermas y tengo miedo de que alguien que yo amo se enferme o que sufra un accidente de auto o algo. Y algunas niñas en mi clase, bueno, sus padres perdieron sus trabajos y ahora tienen que vender su casa y mudarse. Ellas están realmente tristes. Yo me quedo despierta toda la noche pensando en esto y me da un sentimiento escalofriante por dentro".

Nos estresamos por nuestros trabajos, nuestras familias, nuestro futuro, y nuestros hijos sienten nuestra tensión.

Vivimos en una época desafiante. Nuestro mundo está cambiando drásticamente y hay momentos en los que nos sentimos vulnerables. Nos estresamos por nuestros trabajos, nuestras familias, nuestro futuro, y nuestros hijos sienten nuestra tensión.

Los niños sienten las presiones de sus padres. Ellos se sienten preocupados, tristes y frustrados. Casi un tercio de los niños entrevistados en un nuevo estudio de la Asociación Americana de Psicología dijeron que tenían dolores de cabeza y de estómago relacionados con estrés. 91% de los niños dijeron que saben cuándo sus padres están estresados porque los ven discutiendo y quejándose o simplemente porque no pasan tiempo con ellos.

Sue Shellenbarger escribe en la columna de trabajo y familia del periódico "Wall Street Journal" que "una nueva brecha generacional está emergiendo entre los padres y sus hijos". Ella concluye que esta brecha no es sobre tareas en el hogar o toques de queda nocturnos, sino sobre nuestro estrés y cómo afecta a nuestros hijos.

La ansiedad es contagiosa. Los niños sienten fácilmente nuestras tensiones y se ponen tensos ellos mismos.

Ahora bien, en tiempos tan desafiantes, es casi imposible vivir vidas libres de estrés.

La vida está llena de luchas. Hay momentos en que debemos enfrentar aterradores problemas de salud, problemas de relaciones, tensión con los niños, o desafíos financieros. Algunos padres intentan proteger a sus hijos de la tormenta, pero los niños entienden perfectamente lo que está pasando. Ellos ven más allá de la mascarada de sonrisas congeladas y voces excesivamente alegres. Ellos se asustan más aún, ya que se imaginan lo peor, e intentan escuchar las conversaciones que los padres sostienen en voz baja.

Pese a que no tenemos que darles a nuestros hijos detalles inapropiados, sí debemos reconocer los miedos de nuestros hijos.

La tormenta se desatará. Algún día, nuestros hijos se verán forzados a enfrentar sus propias luchas. Si podemos enseñarles a nuestros hijos cómo manejar el estrés sin desmoronarse, les estaremos dando herramientas para la vida.

¿Cómo podemos fortalecer a nuestros hijos mientras nos fortalecemos a nosotros mismos?

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No permitas que el estrés se desborde

Nuestros hijos saben que estamos estresados incluso si pensamos que no lo saben. El ánimo en la casa es tenso; lo sientes en el momento que entras. Cuando estamos abrumados, es muy fácil perder el control. Tenemos poca paciencia.

"Mami, ¿puedes ayudarme con mi tarea?".

"Papi, ¿puedes jugar fútbol conmigo?".

"¡DESPUÉS! ¡ESTOY OCUPADO!".

Tú no querías responder con ese duro tono. Te sientes terrible cuando vez la cara de tu hijo reaccionar a tu brusca respuesta. ¿Pero qué puedes hacer? Estás sobrecargado, no tienes paciencia.

Respira. Acepta que estás pasando por tiempos difíciles. Asegúrate de darte cada día un poco de tiempo tranquilo para ti, incluso si es tan sólo un corto paseo o un sincero rezo.

Resuelve que no permitirás que tu estrés impacte a tus hijos. Tu mal humor solamente destruirá a tus hijos mientras te desprecias a ti mismo.

Tus hijos están buscando respuestas. Asegúrales que a pesar de las dificultades que están enfrentando, tu amor es incondicional y para siempre. Estás aquí para ellos. Diles que estás haciendo tu mejor esfuerzo y que, finalmente, las cosas estarán bien.

Pasa tiempo con tus hijos

Pasar tiempo con los niños les demuestra que los amamos. No necesitamos llevarlos a vacaciones exóticas o excitantes paseos por el día para expresar nuestras emociones. Leer u hornear juntos, compartir un helado, salir a dar un paseo en bicicleta, jugar un juego, sentarte a la mesa a cenar como familia – todas estas pequeñas acciones les aseguran a nuestros hijos que estamos aquí para ellos y que disfrutamos de su compañía.

Pasar tiempo con los niños les demuestra que los amamos.

No pierdas tu sentido del humor. Ríete en voz alta.

Los buenos momentos juntos construyen recuerdos de alegría en vez de dolorosas memorias de una infancia llena de vibraciones negativas y tensión.

Ten una actitud positiva

Tus hijos escuchan tus palabras, observan tus acciones y ven tus reacciones. Si no permites que los desafíos te depriman, tus hijos asimilarán tu actitud positiva. Aprenderán el poder de la resistencia; la fuerza que infundimos en nuestros hogares cuando nos resistimos al jalón del pesimismo. Es fácil que la preocupación se transforme en desesperanza y que en el proceso perdamos nuestra fe.

Obviamente es más fácil decirlo que hacerlo. Pero a medida que fortalecemos a nuestros hijos, nos fortalecemos a nosotros mismos. Y piensa en lo mucho que está en juego.

Educar a un niño cuando todo está bien es simple comparado con educar a un niño cuando hay difíciles desafíos por delante. Ésta puede ser la mayor batalla de nuestras vidas.

Un día estaba trayendo de vuelta a varios niños de la escuela cuando de repente un niño que iba en el asiento trasero manifestó un pedido.

"Sra. Wolf, ¿puede por favor poner la emisora de noticias? Ya sabe, la que tiene todas las noticias todo el tiempo".

"No hay problema, pero, ¿por qué quieres esa emisora?", pregunté.

"Quiero saber cómo le fue al mercado de las acciones hoy", me respondió. "Necesito saber de qué ánimo estará mi padre antes de llegar a casa. Si le fue mal, no puedo hablarle".

Esta historia verídica lo dice todo. Preguntémonos: ¿Cuál es el aura en nuestro hogar? ¿Estamos alejando a nuestros hijos mientras intentamos lidiar con nuestros problemas?

Cuando nos enfrentamos a la oscuridad podemos ya sea caer en la desesperación o bien encender una luz. Nuestra elección formará a la siguiente generación.