Uno de los recuerdos favoritos de mi infancia es andar en bicicleta las tardes de los domingos por las aceras de mi barrio. Yo vivía en una tranquila comunidad suburbana con espacios abiertos, grandes árboles y muchos caminos sinuosos.

Eran los días de antaño, antes de las Alertas AMBER, antes del atentado a las Torres Gemelas, antes de los programas extracurriculares constantes y de pasar horas enviando mensajes de texto y revisando los medios sociales en tu teléfono. A los niños nos encantaba estar libres y explorar nuestro mundo. Los niños actuales crecen en un medio completamente diferente. Y puede ser asfixiante.

En un artículo de Andrea Petersen llamado “El niño norteamericano sobreprotegido”, la autora lamenta la falta de independencia de los niños actuales. Son muy pocos los niños que caminan solos a la escuela. Los padres son acusados de negligencia cuando les permiten a sus hijos jugar o caminar sin supervisión. Como resultado, los psicólogos encuentran más niños y adultos jóvenes con problemas de ansiedad. “Los padres sobreprotectores pueden provocar un daño real”, escribió Petersen.

Envolver a nuestros hijos con plástico protector los vuelve todavía más ansiosos.

La conexión entre la ansiedad y la falta de independencia es muy fuerte. Los estudios demuestran que mientras más autonomía tienen los niños, menos ansiedad exhiben. Cuando envolvemos a nuestros hijos con plástico protector, erróneamente creemos que les estamos salvando la vida. Pero en realidad, los volvemos más ansiosos.

Sobreproteger a los niños no los protege de los daños. En cambio les transmite el mensaje de que el mundo es un lugar atemorizante y peligroso. Los niños no se sienten preparados para manejar el estrés. Al crecer siguen dependiendo de sus padres, buscan que ellos les solucionen los problemas en vez de solucionarlos solos. Cuando tienen que tomar decisiones, dudan de sí mismos porque sus padres siempre estuvieron a su lado decidiendo.

No queremos que nuestros hijos tengan miedo de la vida. Queremos que sean autosuficientes, que confíen en sí mismos.

Sí, necesitamos enfrentar la realidad del mundo actual. Realmente se escuchan algunas historias espantosas. Los padres necesitan tener un sentido y una conciencia de la seguridad y guiar a sus hijos de forma acorde. Las diferentes culturas y los diferentes barrios tienen diversas reglas. Recuerdo que me sorprendí al ir a visitar a mi hija a Israel y ver que había niños pequeños haciendo las compras solos en el supermercado. Pero eso no significa que sólo porque vives en una sociedad más protegida, tus hijos no puedan encontrar su propio espíritu de independencia. La pregunta es: ¿cómo lograrlo?

En primer lugar, examina si estás haciendo por tus hijos lo que ellos pueden hacer por sí mismos. Los padres se enfrentan con la dificultad de la falta de tiempo, la presión y los horarios complicados. No queremos enfrentar rabietas y estallidos explosivos. Nos resulta más sencillo resolver las cosas nosotros mismos. Con facilidad hacemos las cosas en vez de nuestros hijos.

Si quieres enseñarle a tu hijo a ser independiente, comienza con habilidades apropiadas para su edad que puedan aprender en el hogar. No corras a guardar sus cosas, a resolver sus problemas o a servirles la comida y prepararles sus meriendas. Incluso los niños pequeños pueden lavar sus platos, prepararse la comida para la mañana siguiente o llevar a la cesta la ropa sucia. Más que tareas, estas son maneras de permitirles a los niños tener control sobre momentos que llevan a experimentar sentimientos de autosuficiencia.

A medida que los niños crecen pueden participar en la preparación de la comida e incluso cocinar bajo la mirada atenta de uno de sus padres. Enseñarles técnicas y reglas de seguridad les permite confiar en sí mismos en vez de tener mayores expectativas respecto a que sus padres lo hagan todo. El resultado es autoestima y confianza en sí mismos, no basada en elogios vanos, sino porque ellos mismos ven que naturalmente van creciendo y convirtiéndose en jóvenes competentes.

La independencia fuera del hogar es más difícil de lograr, pero es posible. Una vez más, depende de la sabiduría y discreción de los padres. Además de pensar cómo moverse al tener que cruzar las calles, las salidas al centro comercial y aventurarse a salir de la casa, aquí hay algunos puntos que los padres deben tener presentes:

  • Proveer reglas claras y que quede claro la hora en que tienen que estar de regreso, las distancias, las responsabilidades esperadas y lo que deben hacer cuando se sienten perdidos o en peligro.

  • Hablen sobre las consecuencias si no se respetan las reglas y las responsabilidades.

  • Enséñales a los niños a ser los amos de su propio comportamiento. Explícales: Tú eres responsable de tus errores, de causar daño, de lastimar a alguien o de tu mal comportamiento. Si lastimas a otros debes pedirles perdón. No inventes excusas ni trates de culpar a los demás. No importa quién más lo hizo, quién te empujó a hacerlo o si de alguna manera todos los demás te culpan a ti. Sé responsable de tus actos.

  • Permite a los niños superar sus miedos, tomar riesgos y adquirir coraje. Por ejemplo, conversen sobre cómo se puede conquistar la timidez con pequeños pasos, o busquen soluciones en vez de permanecer con miedo a los perros o a las alturas. Brinda fuerza y seguridad a tu hijo.

  • Comprende que no podemos manipular las amistades de nuestros hijos, las invitaciones a dormir y sus vidas sociales. Sí, cuando son pequeños podemos ayudarlos con las invitaciones. Pero eso se termina muy rápido y luego los niños deben resolverlo por sí mismos. Podemos tratar de guiarlos, ayudarlos a reconocer el significado de una verdadera amistad y abrir nuestros corazones y nuestros hogares. En definitiva esperamos que tomen buenas elecciones porque los hemos educado bien.

  • Guía a los niños a ayudar y a hacer por sí mismos. Ellos pueden suplir sus necesidades y requerimientos sin esperar que sus padres vayan al rescate. Una profesora de gimnasia me dijo que no puedo llegar a imaginar la cantidad de alumnas que culpan a sus madres por no haber llevado sus zapatillas.

5 pasos para lograr un cambio

Si deseas brindar más independencia a la vida de tu hijo, comienza con estos cinco pasos:

1. Comunícale que te gustaría ver que confía más en sí mismo. Dile cosas positivas, como por ejemplo: “Ahora que estás en la escuela secundaria, puedes…”. Debes ser claro respecto a sus responsabilidades.

2. Dale un sentido del tiempo. A través de los relojes y las alarmas de los teléfonos muéstrale que los niños pueden apegarse a un cronograma y aprender a equilibrar debidamente su tiempo.

3. Aceptación: no busques la perfección. Reconoce los esfuerzos y luego trabaja para mejorar las habilidades.

4. Comienza con lo bueno. Si tu hijo se viste solo, reconoce eso antes de mencionar que se puso la remera al revés. Energízalo en vez de criticarlo.

5. Enséñale habilidades para solucionar problemas. No importa la edad, verás que tu hijo tiene dificultad con algo. No corras a resolver el problema. En cambio, aliéntalo a que él mismo encuentre soluciones.

Cuando no podemos dar un paso atrás y permitirles a nuestros hijos cometer errores o descubrir por sí mismos la magia de la vida, ellos pierden la fuerza para extender sus alas. A medida que los niños crecen, desean apoyarse menos en nosotros pero seguir sintiendo nuestro amor e inspiración. Estamos aquí para guiarlos, enseñarles, darles fuerzas y disciplinarlos. Tenemos la capacidad de ayudar a nuestros hijos a florecer, a ganar independencia y nutrir sus almas para que puedan dejar su huella en este mundo.