Como padres, durante el proceso de crecimiento de los niños se nos presentan desafíos constantemente. Estamos “forzados” a encontrar una solución para la resistencia a la hora de dormir, para las rabietas, para entrenarlos a ir al baño, etc. Por eso leemos libros, aprendemos estrategias y técnicas; hacemos todo lo posible para no “arruinar” a nuestros hijos, para hacerlo mejor que lo que nuestros padres hicieron con nosotros. Queremos que crezcan con una sana autoestima, amando el judaísmo, con buenos rasgos de carácter, etc.

Pero en algún punto del camino olvidamos el ingrediente más importante de una paternidad exitosa: un matrimonio exitoso.

Hay dos ingredientes para criar chicos maravillosos: 50% rezo y 50% paz en el hogar (Shalom Bait) - rabino Yaakov Israel Kanievsky.

Aquí hay tres razones por las que un matrimonio exitoso es esencial para una crianza exitosa:

1) Modelos: El modo en que actuamos hacia nuestro cónyuge tiene un efecto directo en nuestros hijos. Si alguna vez te sorprendiste al escuchar a tu hijo repetir algo que dijiste que escuchó por casualidad, sabes a lo que me refiero. Los chicos ven a sus padres como modelos de cómo ser en este mundo; si los padres se gritan uno al otro delante de ellos, pidiendo cosas sin decir "gracias" ni "por favor", es muy probable que en el futuro ellos se relacionen de la misma manera.

Si bien preferiríamos pensar que lo aprendieron en la escuela o en la casa de un amigo, el obligado primer paso es la auto-reflexión. Piensa por un momento sobre todos los comportamientos indeseables de tus hijos y pregúntate si tú y tu pareja se tratan el uno al otro de la misma manera. Podemos enseñarles lo que es “correcto” con palabras, pero si no personificamos el ejemplo de ese comportamiento practicando lo que predicamos, captarán nuestra insinceridad y no serán receptivos a nuestras aspiraciones.

No sólo estás ayudándolos en sus relaciones interpersonales, sino también les estás inculcando los rasgos adecuados que son necesarios para un matrimonio sano. Ser un ejemplo es la forma más obvia en que tu matrimonio afecta a tus hijos.

2) El Sistema Familiar: Si bien el efecto de una discordia marital es muy obvio en una casa donde el matrimonio está en crisis, puede ser menos evidente en un hogar donde existe una "paz relativa". Aunque los padres no lo vean, los niños son brillantes. Incluso cuando un matrimonio permanece intacto, los chicos pueden detectar que hay algo poco saludable en la relación.

Esto afecta al niño, porque los niños necesitan sentirse seguros en su hogar. A menudo vemos niños comportándose mal; detener el comportamiento no es la mejor solución, porque sus acciones están diciéndonos algo sobre el sistema como un todo. Conocemos muchas familias que tienen su “oveja negra”. Tal vez el niño fue diagnosticado con algún “trastorno” o no se está comportando en la forma en que nosotros queremos que lo haga. En cualquier caso, es muy fácil ver al niño como el problema o el “paciente identificado”. Lo que requiere más madurez es ver a la familia como un todo, comenzando por los padres.

¿Tu matrimonio es vibrante o sólo tolerable?

Incluso si tu matrimonio es tolerable, ¿es acaso vibrante? La paz en el hogar, el shalom bait, no significa la ausencia de conflicto. Shalom significa fuerzas opuestas trabajando juntas en armonía. Es una sensación de completitud que permite una vida llena de bendiciones y felicidad.

Cuando los padres construyen una base fuerte para el hogar, la paternidad les resulta mucho más fácil. Y mientras que quizás los chicos se porten mal en alguna ocasión, estarás mucho más preparado para lidiar con ellos. ¿Cuántas discusiones surgen de cómo educar a un chico? Un padre siente que el otro es muy indulgente, mientras que el indulgente siente que el otro es muy duro. Cuando el esposo y la esposa aprenden a relacionarse entre sí, a hablarse y a entenderse, entonces son capaces de formar un frente unido para criar a sus hijos. De otro modo, siempre habrá un padre que sentirá que sus esfuerzos están siendo socavados.

3) No Lastimes: A pesar de nuestras buenas intenciones, inevitablemente dañaremos a nuestros hijos. Sólo somos humanos y no hay forma de que podamos saber y/o conocer todas sus necesidades. Esto significa que seguramente no les daremos todo el amor, importancia, confianza, etc., que necesitan; nuestro trabajo es hacer lo mejor que podamos. Una forma de minimizar el daño es estar más conscientes sobre nosotros mismos y sobre cómo nos comportamos en la relación.

Es un hecho que nuestros hijos harán ciertas cosas que nos sacarán de quicios. Pero, ¿por qué un comportamiento en particular que te irrita a ti no irrita a tu pareja? La razón por la que a veces nos molestan ciertas cosas que a los demás no, es porque esas son áreas que están en nuestro “margen de crecimiento”. Quizás nuestros hijos nos recuerdan nuestro propio comportamiento cuando éramos niños, y quizás ese comportamiento recibió una respuesta negativa de parte de nuestros padres. Tal vez para ti llorar o sentir emociones no estaba bien, y cuando ves a tu inhibido y tembloroso hijo llorando, esto puede activar tus propios juicios sobre este comportamiento. ¿Cómo reaccionas?

¿Actúas desde un plano de consciencia, entendiendo la regla de 90/10 – donde el 10% de lo que te molesta es el estímulo real y el 90% es lo que este estímulo despierta en ti, o traspasas inconscientemente el mismo mensaje inútil que recibiste cuando eras chico? La mayoría de nosotros está transmitiendo inconscientemente generaciones de mensajes negativos. Esta es una tradición que no queremos pasarle a nuestros hijos.

Una forma de transformarnos en padres más conscientes es primero convertirnos en cónyuges más conscientes. Si miras más de cerca, tal vez encuentres que tus hijos te hacen irritar con las mismas cosas que lo hace tu pareja. Si trabajas con tu pareja en esas oportunidades globales de crecimiento, serás capaz de acercarte a tus hijos como un padre más íntegro y completo, un padre que actúa conscientemente en lugar de reactivamente.

El mejor regalo que le puedes dar a tus hijos y a las generaciones futuras es trabajar en tu relación. Las buenas intenciones no son suficientes, haz que tu matrimonio sea una prioridad.