Hace un par de semanas atrás, junto con la limpieza de Pésaj, decidimos darle a nuestra casa ese “brillo adicional” necesario para recibir a nuestros huéspedes. Ya sabes cómo funciona… de repente notas todo el polvo acumulado, la suciedad y las refacciones necesarias. Después de pedir un presupuesto para renovar y barnizar el suelo de madera debajo de la alfombra del salón y descubrir que tendríamos que mudarnos de la casa durante cuatro días (¿quién nos recibiría?), decidimos llamar a una empresa para limpiar la alfombra.

Llegaron dos hombres y comenzaron a trabajar…

“¡Ufff! ¿Cuántos años tiene esta alfombra? ¿Está segura que sólo tiene cinco años? ¡No puede ser! ¡Vaya, por aquí hubo mucho tráfico! ¿Queeeé? ¿Nueve niños?”.

Nos miraron con esa típica mirada de… “¡Yo tengo dos y eso ya es demasiado! ¿En serio, nueve hijos? Oye, ¿escuchaste lo que dijo? ¡Esta mujer tiene nueve hijos!”.

Ambos me observaban con esa mirada. Esa mirada. Es la misma mirada del exterminador hace algunos años cuando comentó sobre todos esos (en ese entonces) pequeños niños ocupados cortando, pegando, dibujando y bailando en la cocina. Él me dijo: “¡Huau señora! ¿A qué hora regresan todos estos niños a sus hogares?”.

Casi se desmayó al descubrir que ellos ya estaban en su hogar y que cada uno de ellos me pertenecía.

Los limpiadores de alfombras hicieron varios viajes hacia su camioneta para traer más químicos, y pasaron una y otra vez sobre las áreas manchadas mientras murmuraban:

“¡Nueve! No me puedo imaginar tener nueve... Bueno, me imagino que se sientan mucho por aquí… Y ese camino... Deben tener cantidades de amigos... Deben jugar mucho aquí, sobre el suelo. ¿Qué ocurrió allí? Está pegajoso… Ah, se volcó una menorá. Yo pensé que ustedes las colocaban en la ventana…”.

Fregaron, pulverizaron, frotaron y cepillaron, sacudiendo sus cabezas incrédulos. Muy pronto los dos se veían tan gastados como la alfombra.

“Bueno señora, esto es lo mejor que podemos hacer. Sin duda esta alfombra sufrió mucho desgaste. Tal vez debería considerar la posibilidad de renovar y barnizar el piso de madera debajo de la alfombra. ¡Eso le duraría para siempre!”. Creo que se arrepintió de decir “para siempre” al seguir mi mirada hacia el suelo gastado de mi comedor...

Los limpiadores de alfombra partieron aturdidos por los químicos y las diferencias culturales. Tuve que reírme. Después de todo lo que habían trabajado, la habitación no se veía demasiado diferente, salvo que todos los muebles estaban en el comedor y había marcas claras indicando dónde debían regresar.

Lo que había cambiado era la manera en que yo veía las cosas ahora. Ellos descubrieron algunas verdades profundas. Allí estaba, grabada profundamente en la alfombra, la prueba tangible de nuestras bendiciones: nuestra hermosa familia.

Hubo momentos muy alegres, las festividades que celebramos, los invitados que recibimos, los pequeños autos de juguete que viajaron por allí, los miles de bailes que bailamos. ¡Gracias a Dios era una alfombra muy usada!

Si alguna vez decidimos renovar el piso de madera debajo de la alfombra, tendremos que enterrar los trozos de alfombra en ese lugar especial en el cual se entierran los ítems sagrados que ya no se usan…


Extraído de “Kugel, Chaos & Unconditional Love