Imagina a un niño andando en bicicleta, bajando rápidamente una colina. El mundo pasa a toda velocidad. De repente, el camino da una leve curva. El viento azota su cara y su visión es borrosa por las lágrimas. De repente, ve una zanja delante de él. Trata de frenar, ¡pero los frenos no funcionan! A medida que aumenta la tensión, hace todo lo que puede para evitar salir volando por los aires. Los obstáculos en su camino le piden atención a gritos. Todo parece estar fuera de control. ¿Qué posibilidades tiene de evitar una colisión con el tractor que se dirige directamente hacia él?

Ahora tienes una idea de lo que es la vida de alguien que tiene TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad). Todo surge de la dificultad de pisar el freno, como expresa el título de un libro sobre el tema de Patricia Quinn.

Otro experto en el campo, el Dr. Russell Barkley, explica que en las personas que tienen TDAH, la parte frontal de su cerebro, donde están los controles, no hace bien la tarea de apretar el freno. Esto significa que esta gente puede:

  • Tener dificultad para frenar las distracciones. La mente de estas personas se desvía con cualquier distracción. Esta es la parte de déficit de atención.

  • Tener dificultad para quedarse quieto en lugar de ir metódicamente a hacer algo. Esta es la parte de hiperactividad.

  • Tener dificultad para frenar cualquier pensamiento que viene a la mente. Esto implica dificultad para frenar las frustraciones y las reacciones exageradas. Esta es la parte de impulsividad, una parte integral de la condición.

Ahora imagina que tu mundo fuera un caleidoscopio, en donde las imágenes que cambian rápidamente, los sonidos y pensamientos están constantemente desviando tu atención y alejándote de tu trabajo.

Imagina que estás aburrido de distraerte pero que eres incapaz de enfocarte en tareas importantes; imagina que en ocasiones eres arrastrado impulsivamente de una actividad a otra.

Imagínate de niño, sintiéndote incapaz de esperar tu turno o de evitar comentarios abruptos mientras tu maestro o padre te habla. Si bien conoces perfectamente las consecuencias negativas que sufrirás por tu comportamiento, no puedes controlarte y le respondes de vuelta a tus superiores.

Imagina que fueras tan desorganizado que estuvieras constantemente perdiendo cosas, perdiendo la noción del tiempo y olvidando obligaciones importantes. Estás tan distraído que no adviertes cuándo alguien te habla, cuándo suena el teléfono o cuándo alguien está dando bocinazos para llamar tu atención.

Para los niños con TDAH, estos escenarios son muy familiares. Los individuos que tienen este desorden neurológico pueden ser incapaces de quedarse quietos, planear a futuro, terminar tareas, concentrarse o ser plenamente conscientes de lo que ocurre a su alrededor.

A menudo tienen problemas con la postergación de una gratificación o con aceptar un no como respuesta. Puede que exhiban problemas sociales debido a su tendencia a comportarse de manera provocativa y a arremeter en contra de los demás y reaccionar exageradamente ante molestias menores.

Yehudá

Yehudá, de 9 años, tiene más energía que la mayoría de los niños de su edad. Bueno, sus padres atestiguan que siempre ha sido muy activo. Desde los 3 años ha sido un tornado, pasando rápidamente de una actividad a otra y generando caos en su recorrido por la casa a alta velocidad.

Era precipitado e impulsivo, corría a la calle y muchas veces estuvo a punto de ser atropellado por autos que se aproximaban.

En el parque, su tendencia a reaccionar de forma exagerada generaba fricciones con los otros niños. Les pegaba o empujaba solamente porque chocaban con él, un comportamiento que continuó incluso años después. Perdía amigos y se quejaba porque los otros niños lo maltrataban.

El TDAH sólo puede identificarse buscando ciertos comportamientos característicos, los cuales varían de persona en persona.

En el aula, Yehudá se levantaba constantemente de su silla, hablando cuando no le tocaba y diciendo bromas. Era incapaz de esperar su turno con tranquilidad.

Sus padres estaban al borde de la locura. ¿Qué pasaba con su niño? Yehudá parecía ser dos personas en una, a veces encantador y afectuoso, pero más a menudo nervioso, incontrolable y completamente intolerable.

Los niños y los adolescentes con TDAH (que, de acuerdo a los estudios, llegan a 2 millones sólo en Estados Unidos) pueden parecer rebeldes, inadaptados sociales o simplemente tan distraídos que no parecen normales. A menudo, la condición continúa en la adultez, socavando relaciones y el desempeño laboral, y causando también un dolor emocional indescriptible.

A diferencia de una fractura en el pie o una infección de oído, el TDAH no tiene signos físicos claros que puedan verse en una radiografía o en un análisis de sangre, sino que sólo puede identificarse mediante determinados comportamientos característicos, los cuales varían de persona en persona.

¿Tiene TDAH o sólo parece tenerlo?

No toda persona hiperactiva, distraída o impulsiva tiene TDAH. Dado que la mayoría de las personas dicen a veces cosas sin querer, pasan de una actividad a otra o se tornan desorganizadas y olvidadizas, entonces, ¿cómo pueden los especialistas saber si el problema es efectivamente TDAH?

Para realizar un diagnóstico acertado, los especialistas consideran varias preguntas críticas: ¿Son estos comportamientos de largo plazo? ¿Son continuos, o son sólo una respuesta a una situación temporaria? ¿Ocurren en diferentes entornos o sólo en un lugar específico, como la plaza o el aula de clases?

“El comportamiento debe aparecer durante la niñez, generalmente antes de los 7 años, y continuar por al menos 6 meses”, dicen los especialistas del Instituto Nacional de Salud Mental de Estados Unidos. En los niños, este comportamiento debe ser más frecuente o severo que lo observado en sus pares de la misma edad.

Por sobre todo, el comportamiento debe afectar el funcionamiento en —al menos— dos áreas de la vida de la persona, como la escuela, el hogar, el trabajo o las situaciones sociales, explican los profesionales de este instituto. Entonces, una persona cuyo trabajo o amistades no se ven afectadas por estos comportamientos no debería ser diagnosticada con TDAH. Tampoco debería serlo un niño que parece demasiado activo en la escuela pero que funciona con normalidad en los demás entornos.

Controlando la situación

Para los niños con TDAH, la vida puede ser muy difícil. A menudo se meten en problemas en la escuela, no pueden terminar sus proyectos y pierden amigos con facilidad. Puede que pasen interminables horas cada noche luchando para estudiar para un examen o para completar tareas y que después olviden llevar el trabajo a la escuela.

No es fácil enfrentar estas frustraciones día tras día. Algunos niños desahogan su frustración siendo rebeldes, comenzando peleas o dañando propiedad ajena. Otros canalizan la frustración en dolencias físicas, como dolores frecuentes de estómago o cabeza.

Ser maestro de un niño así es particularmente difícil. Los maestros a veces llegan al límite de su paciencia y terminan ridiculizando o gritándole al niño a pesar de que saben que no es lo correcto de hacer.

Si bien a menudo se recomienda medicación para ayudar a controlar los problemas de comportamiento del niño causados por el TDAH, los detalles de esto (cuándo medicar y el tipo, cantidad y duración del tratamiento) van más allá del alcance de este artículo.

Nuestro objetivo es presentar algunos consejos útiles para los maestros que tienen niños con TDAH; consejos para que puedan lidiar con ellos y puedan ayudarlos a construir su autoestima y lograr el éxito.

Programa de estudios a medida

¿Cómo aseguramos que un niño continúe motivado y que tenga éxito en una tarea determinada?

  • Modifica la tarea, pero hazlo en privado para evitar avergonzarlo.
  • Da más clases pero más cortas, lo cuál hará que le sea más fácil mantener la concentración.
  • Reconoce incluso los éxitos parciales y sé generoso al mostrar aprobación.
  • Felicita incluso en la mitad de una tarea, para alentar de esta forma la continuidad de la concentración.
  • Sé suave al corregir. En lugar de decir “la próxima vez haz un mejor esfuerzo”, di “veo lo mucho que te esforzaste. Sigue así, realmente se están viendo los frutos”.

Mantén enfocado al niño desatento

  • Sonríe, haz contacto visual con el niño, dale una palmada en la espalda u otra clase de contacto cuando sea apropiado.
  • Usa su nombre en la lección o en el ejemplo que le estés enseñando a toda la clase.
  • Golpea el escritorio (o utiliza otro código) para recuperar la atención del niño.
  • Llama la atención del niño con frases como: “Esto es importante”.
  • Divide las explicaciones largas en pasos más simples.
  • Verifica que entendió.
  • Alienta al niño a subrayar las palabras clave.
  • En las preguntas de opción múltiple, aliéntalo a marcar primero las respuestas incorrectas con una “x”. De esta forma podrán comenzar rápido a contestar y se verán forzados a leer todas las opciones antes de hacer la selección final.
  • Permite que los niños físicamente hiperactivos se levanten de sus sillas y te ayuden a repartir papeles, etc.
  • Felicítalo públicamente al menos una vez al día, por alguna tarea o esfuerzo organizacional o de atención.
  • Una o dos veces por día, tómate un momento y habla con el estudiante en privado para darle unas palabras de aliento, mencionar algo positivo que notaste en su desempeño, comportamiento, disciplina, enfoque o en algún otro aspecto.

Ayuda en la organización

Primero, reconoce que la desorganización es una incapacidad importante en casi todos los afectados por TDAH. De hecho, cuando los problemas para organizarse no son evidentes es muy extraño que se diagnostique dicho trastorno.

Asegúrate que los padres y el niño estén informados respecto a las tareas. Puedes usar las siguientes opciones (esta parte requiere esfuerzo, especialmente para hacer que el sistema sea efectivo en el tiempo):

  • Informa sobre cuáles son las actividades rutinarias (como pruebas de vocabulario los viernes).
  • Da las tareas para la semana de forma escrita.
  • Firma el cuaderno de tareas del alumno después de cada clase.
  • Notifícale inmediatamente a la familia cuando haya una tardanza en la entrega de tareas.
  • Una llamada telefónica a los padres quita al niño del medio y consigue los mejores resultados.
  • Modifica las tareas para que el niño pueda al menos intentar completarlas y sentirse exitoso.
  • Da tiempo extra para exámenes y asignaciones.
  • Devuelve los exámenes para que rehagan las partes que hicieron impulsivamente.
  • Brinda preguntas orales suplementarias para los exámenes.
  • Haz un sistema de estudio en pareja, tanto para los exámenes como para las asignaciones normales.
  • Alternativas a los exámenes: investigación, proyectos, informes, etc.

Sobre todo —y esto también aplica a los niños que no tienen TDAH— cuando tengas que disciplinar asegúrate de hacerlo sin rabia y sin buscar venganza. Si necesitas ayuda con esto, imagina el siguiente escenario: acaban de atraparte pasando una señal de “pare”. El policía te detiene y te da una muy merecida multa. ¿Cómo te sentirías si el policía además te insultara por tu falta?

Cuando castigues, hazlo con respeto. Deja la autoestima del niño intacta. Invierte en bondad independientemente de cuán provocadora sea la situación. Puede que no veas los resultados de inmediato, pero un día esa inversión generará beneficios inmensos.