—Tenemos un problema.

—Cuéntenme —les dije a los padres que se encontraban del otro lado de la línea.

—Nuestra hija de nueve años…

En ese momento sólo oía silencio.

—¿Sí?

—Bueno, ella es una niña realmente especial. No queremos que pienses mal de ella, en general es muy buena. Le va muy bien en la escuela, tiene muchas amigas y sus maestras sólo hablan cosas buenas sobre ella.

—Bueno —respondí—. ¿Cuál es el problema?

Hubo una pausa incómoda del otro lado. Luego, la madre de Maia comenzó a hablar.

—Ella es sumamente irrespetuosa, a veces me hace llorar. Tiene arranques de furia y nos dice cosas muy feas.

En ese momento, el padre de Maia se sumó a la conversación.

—A veces no puedo creer lo que veo, me resulta imposible entenderlo. Cuando va a jugar donde alguna amiga, los padres de la amiga no paran de decir cosas bonitas sobre Maia. Pero aquí, se pone desagradable y todo se vuelve caótico.

Es bastante común que los padres oigan a otros decir cosas maravillosas sobre sus hijos y que, por otro lado, sientan que en casa la situación es intolerable y que están siendo víctimas de continuas faltas de respeto.

¿Cuál podría ser la causa de que haya un cambio tan drástico entre el comportamiento público y privado?

—Dejen que les haga unas preguntas. Primero, ¿podrían describir un poco las faltas de respeto de su hija? De esta forma descubriremos dónde se originan.

Los padres de Maia me contaron que ella llega a casa por la tarde y se queja sobre la cena. Prefiere comer comida chatarra, por lo que se niega a cenar hasta consumir los bocadillos que ella quiere. Ella hace su tarea, pero después de terminarla, la noche se convierte en una tarde sin límites. Se niega a ir a dormir en la hora establecida, se niega a ponerse pijama y a lavarse los dientes cuando le dicen que lo haga. A menudo termina jugando con la computadora o leyendo hasta que decide que es hora de ir a dormir. Cuando sus padres le dicen que se vaya a dormir, Maia los ignora y sigue haciendo lo que quiere. Maia es quien manda en la casa.

—Este comportamiento no pude continuar —me dijeron los padres de Maia—. No sólo es destructivo para Maia; sus hermanos menores están asumiendo que su forma atrevida de comportamiento está permitida. Pronto tendremos una familia irrespetuosa.

—Sabemos que esto está mal —dijeron ellos—, ¿pero qué podemos hacer? Ella no nos escucha.

—Van a sentarse con Maia y van a tener una conversación muy seria —les dije—. Ambos tienen que estar ahí, sin celulares, sin interrupciones de ningún tipo; ella tiene que ver que son serios. Voy a guiarlos, pero necesito saber una cosa más: cuando ella se comporta de esa manera, ¿qué hacen ustedes?

El padre de Maia me dijo que el comportamiento era en general con él, y que él le decía que no está bien hablar de esa forma y luego Maia le respondía que él no sabía cómo tratarla. “¡Deberías aprender de mamá! Ella sabe cómo tratarme”, dice ella.

—¿A qué se refiere con eso? ¿Qué es lo que hace mamá? —le pregunté.

La mamá de Maia me explicó que a veces persuade a su marido para que le dé a su hija otra oportunidad. Cuando Maia se comporta mal o habla irrespetuosamente, su padre se enoja y amenaza con castigarla. Entonces, la madre le pide a su marido que lo deje pasar o que le dé a su hija sólo una galletita más o 5 minutos más.

La madre de Maia no tolera lidiar con las emociones y con los conflictos.

Este es el momento que buscaba; esta es justo la información que estaba esperando.

La Torá describe el inusual caso de un niño rebelde que no escuchó la voz de su padre y de su madre. Al referirse al padre y a la madre en lugar de decir a los padres, la Torá nos da una increíble pista de por qué se rebeló este niño: los padres no estaban hablando al unísono. Cuando se menoscaban el uno al otro y cuestionan la opinión de su pareja delante del niño, el niño advierte el desacuerdo y se resiste a sus padres. Después de todo, si los padres no se escuchan entre ellos y no educan unidos, entonces, ¿por qué debería escucharlos el niño? Inconscientemente, al oponerse el uno al otro en frente del niño, le están enseñando a no respetarlos.

Lo primero que deben hacer es unirse y educar con una postura unificada.

En muchas familias, uno de los padres intenta ser el bueno. Cuando hay un conflicto, este padre es quien trata de restaurar la paz con rapidez y de rodearse de caras alegres. Consecuentemente, el conflicto se transforma en un conflicto de dos contra uno, ya que el niño se alía con uno de los padres en contra del otro. En lugar de hallar la paz, el resultado es el desacato y la falta de respeto. El niño aprende que puede hacer que sus padres discutan. No hay un sentido de la disciplina. No hay un sentido del respeto.

Lo primero que les aconsejé a los padres de Maia fue que se unan y la eduquen con una postura unificada. Les pedí que decidan la manera en que quieren lidiar con los conflictos y qué comportamientos traerían consecuencias. Le expliqué a la madre de Maia que cada vez que le pide a su marido que haga la vista gorda, está contribuyendo al mal comportamiento de su hija.

Así, establecimos cuatro principios de disciplina que me gustaría compartir con ustedes.

1. Elimina las fuentes innecesarias de conflicto

Al igual que sacamos los objetos delicados o peligrosos del alcance de nuestros niños, es sabio que eliminemos las causas insignificantes de desacuerdo y que no estemos todo el día diciendo no. Decide qué situaciones son importantes y cuáles puedes dejar pasar. De esta forma no sentirás que pasas la vida peleando.

2. Establece rutinas

Muchos conflictos ocurren cuando nuestros hijos no saben qué esperar o qué es lo permisible. Si a veces permitimos que nuestros niños jueguen a la pelota dentro de la casa o que coman algún bocadillo antes de la cena, mientras que en otras ocasiones decimos que no a estas mismas cosas, lo único que logramos es causar confusión. Consecuentemente, los niños prueban cuál es nuestro límite y presionan hasta que escuchan , porque saben que terminaremos dando el brazo a torcer si insisten lo suficiente.

3. No utilices la palabra castigo

Un castigo connota las malvadas madrastras de las películas de Disney e inspira sentimientos de injusticia y venganza. Lo que nosotros queremos en cambio es ayudar a los niños a ser responsables por su comportamiento tanto cuando es bueno como cuando es malo. Esto nos lleva al siguiente punto.

4. Discute sobre privilegios y consecuencias naturales

Explícale a tu hijo que estar en esta familia es un privilegio, así como lo es jugar con la computadora, tener un tiempo especial para leer antes de ir a dormir, tener juguetes con los que jugar, (teléfonos celulares) y cenas familiares fuera de casa. Si hablas irrespetuosamente o ignoras las reglas familiares, obviamente no valoras los privilegios que has recibido y te causas a ti mismo la consecuencia natural de perderlos.

Como padre, deberás pensar en las consecuencias naturales que se adaptan mejor a la vida de tu hijo. Esta conversación podría realizarse antes de que ocurra un nuevo conflicto. Habla con un tono gentil pero firme. Olvida la ira, ya que lo único que conseguirás es alejar a los niños. En lugar de eso, habla con el corazón. En vez de dar un largo sermón, expresa tus puntos clara y concisamente. Asegúrate de darle a tu hijo uno o dos ejemplos de comportamientos que no serán tolerados y pídele que piense en una respuesta mejor que te permita escuchar sus palabras sin que estas contengan faltas de respeto.

Si ambos padres tienen una postura unánime y se apoyan el uno al otro mientras mantienen una disciplina consistente en el hogar gracias a esta guía, entonces verán que sus hijos respetarán su unidad y dejarán el descaro de lado. Si bien puede haber otras causas para el descaro y la rebeldía en los niños, los padres que se menoscaban mutuamente definitivamente causan que hayan faltas de respeto en el hogar. ¿Por qué habríamos de ser nosotros mismos quienes generemos caos y dolor en nuestras vidas?