Volver a la escuela implica pasar mucho tiempo esperando en las filas. Las tiendas están abarrotadas con padres e hijos tachando los ítems de sus listas de provisiones, e incluso comprar zapatos para la escuela puede ser una travesía. La semana pasada estuve con mi nuera y mis nietas en una zapatería para niños que estaba llena de gente y no podía creerlo cuando me di cuenta que había anochecido antes de que llegara nuestro turno de ser atendidas.

Pero lo que algunos ven como una experiencia frustrante podría en realidad convertirse en una excelente oportunidad para enseñarles una lección vital a nuestros hijos. Cuando tenemos que esperar en una fila interminable, es importante que nos demos cuenta que podemos convertirnos en maestros para nuestros hijos en esta increíble aula de clases llamada vida. Los padres que insisten en que sus hijos nunca podrán aprender a sentarse y esperar pacientemente los están perjudicando, ya que independientemente de cuán capaces sean los padres para burlar las reglas, es inevitable que sus hijos se enfrentarán en el futuro a situaciones que requieren paciencia.

El regalo de la paciencia

Habrá oportunidades en que tu hijo se enfrentará a situaciones frustrantes. Estar varado en el tráfico; esperar que un maestro te llame cuando hay 25 niños en el aula; no entender la tarea de matemática a pesar de haber analizado el problema durante media hora; querer el último modelo de teléfono a pesar de tener el del año pasado; todos estos son excelentes escenarios para que los niños agreguen otra dimensión a su desarrollo de carácter.

Puede que la escuela presente desafíos y problemas que requieran de gran perseverancia. En ocasiones nuestros hijos serán puestos a prueba por otras personas, por medio de insultos o acciones desagradables. No siempre podemos controlar las situaciones en las que estamos; las acciones de los demás están fuera de nuestro control. Lo que sí podemos hacer es recalcarle a nuestros hijos que la forma en que respondemos ante una situación, lo que decimos cuando estamos enojados y la manera en que actuamos cuando la situación nos supera, eso sí está dentro de nuestro alcance. La clave es mejorar nuestro carácter.

¿Cómo podemos enseñarles a nuestros hijos a mejorar su carácter?

Queremos que nuestros hijos reaccionen con calma ante las idas y vueltas de la vida. Hay muchos padres que se quejan de que sus hijos no pueden lidiar ni siquiera con las desilusiones más pequeñas. Hablan sobre niños que estallan de ira cuando el transporte escolar llega tarde o cuando la cena no está lista a tiempo ya que están “muertos de hambre”. Pero esos son los pequeños momentos en que podemos enseñarles a nuestros hijos a guardar la compostura mientras le hacen frente a los problemas. Reaccionar con calma, analizar la situación y no perder el control a pesar de la frustración alienta al niño a actuar de acuerdo a lo que dicta su mente en lugar de actuar sólo en base a sus emociones.

Lo mismo es cierto para los padres que creen que están ayudando a sus hijos cuando estos se quejan de no poder hacer la tarea de ciencias y por lo tanto los padres se quedan hasta altas horas de la noche completando el trabajo. Ayudar al niño es una cosa, pero inmiscuirse y no permitirle que luche o que se sienta frustrado es sobreprotegerlo. Busca las pequeñas oportunidades que hay diariamente en las que podrías ayudar a tu hijo a enfrentarse a sus emociones y aprender a estar en calma.

El regalo de la expectación

Muchos de nosotros tenemos dulces recuerdos de cuando en nuestra infancia llevábamos nuestros rollos fotográficos a revelar. Esperábamos con ansias el día en que estuvieran listas y entonces las mirábamos con impaciencia. Algunos tenemos recuerdos de las cosas que coleccionábamos en la infancia, como monedas, muñecas, estampillas, autoadhesivos o papelería. Cada vez que adquiríamos una nueva pieza para nuestra colección sentíamos una gran excitación. Ir de compras implicaba esperar nuestro turno con paciencia. Recuerdo cómo revisaba el correo todos los días esperando que mis amigas de otros continentes respondieran a mis cartas. Cuando finalmente reconocía una escritura familiar, abría ferozmente los sobres y leía ansiosamente sus palabras.

Pero nuestra cultura nos ha entrenado tanto a nosotros como a nuestros hijos a vivir en un mundo de gratificación inmediata. En una fracción de segundo las fotos aparecen en nuestra cámara. El microondas prepara nuestra comida en pocos segundos. Los emails y los mensajes de texto aparecen de inmediato. Hacemos compras online, nuestros niños navegan los sitios de compras con facilidad. No aprendemos a esperar nuestro turno. Muchos padres piensan que es imposible hacer que sus hijos coleccionen algo, porque los niños lloran y dicen que quieren “más y ahora”.

Nuestro estilo de vida fácil y aliviado les ha robado a nuestros niños el regalo de la expectación. Esperar que llegue un determinado momento o esperar con ansias un objeto deseado nos hace apreciar mucho más nuestros regalos. Valoramos lo que tenemos porque invertimos tiempo y energía en ello. Cuando las cosas llegan de manera automática, simplemente no las valoramos y dejamos de apreciar nuestras bendiciones.

El regalo de la humildad

Hay otro rasgo de personalidad que hemos dejado fuera por tratar de hacer que la vida de nuestros hijos sea más fácil: la humildad. Cuando los niños no tienen la oportunidad de ver que otros tienen prioridad, entonces, se vuelven arrogantes. Esperar significa abrir nuestros ojos y ver que este mundo no gira sólo alrededor de nosotros. Hay muchas clases de personas con las que compartimos este universo, muchos tipos de niños y familias. El tiempo de nadie es más precioso que el de otro.

La raíz de la jutzpá y la falta de respeto es la arrogancia. Creer que siempre debo ser el primero hace que un niño hable y actúe con desdeño.

Al recibir un nuevo año escolar, ayudemos a nuestros niños a confrontar los altibajos con un espíritu más positivo. Dejemos que aprendan que la paciencia, la expectación y la humildad hacen que este mundo sea un lugar mejor para todos nosotros.