Maimónides considera que los Diez Mandamientos son la base del judaísmo, y muchos consideran que son la columna vertebral de la moralidad occidental. Fascinantemente, ellos están presentes en todas las denominaciones del judaísmo, prominentemente exhibidos en las paredes, en las entradas y en las cubiertas del arca de la sinagoga. Cuando se trata de ser padres, especialmente de ser padres judíos, muchos quieren que sus hijos vivan con estos valores como su brújula moral.

Sin embargo, no es suficiente con conocer estos valores. Los niños necesitan habilidades sociales y emocionales específicas para poder aplicar estos valores. Intuitivamente sabemos que esto es cierto, y la investigación de Kochanska (2002) sugiere que los niños aprenden moral y valores en el hogar, incluso más que en la escuela. Además, como afirma Daniel Goleman en su famoso libro "Inteligencia emocional", "la vida familiar es nuestra primera escuela de aprendizaje emocional". De acuerdo con Goleman, el hogar es el primer lugar donde los niños aprenden sobre sentimientos y relaciones. Por lo tanto, no es sorprendente que enseñarles a los niños la moral judía, además de habilidades sociales y emocionales, sean algunas de las tareas más importantes durante los primeros años de vida.

Por ejemplo, exploremos cómo enseñarles a nuestros hijos el quinto de los 10 mandamientos: kivud av vaem, honrar al padre y a la madre. De acuerdo con el comentario de Rav Shimshon Rafael Hirsch sobre Éxodo 20:12, hay una conexión entre este mandamiento y el desarrrollo moral y el comportamiento de los niños. Rav Hirsch dice: "…el judaísmo se apoya por completo en la obediencia teórica y práctica de los hijos a los padres, y respetar a los padres son las condiciones básicas para la existencia eterna de la nación judía".

Para Rav Hirsch, "la obediencia teórica y práctica" y "respetar a los padres" son los mecanismos a través de los cuales se transmiten los valores judíos de generación en generación. Él continúa diciendo que esto es "básico" para la continuidad judía. Racionalmente, esto tiene sentido. Si un niño no aprende a seguir indicaciones y a preocuparse por ser respetuoso con sus padres, ¿qué posibilidad hay de que aprenda los valores judíos?

La obediencia y el respeto, como cualidades de carácter, requieren habilidades sociales y emocionales. Estas habilidades se adquieren a diferentes velocidades a lo largo del desarrollo del niño. Sin eso, demostrar obediencia y respeto sería algo muy difícil. Habilidades tales como tener conciencia de uno mismo, autocontrol, conciencia social, habilidades para relacionarse, y la capacidad de tomar decisiones con responsabilidad, abarcan la amplia gama de habilidades sociales y emocionales que los niños necesitan para ser aptos moralmente, lo que incluye honrar a los padres.

Entonces, ¿cómo les enseñamos a nuestros hijos a seguir indicaciones y demostrar respeto? A menudo, los padres piensan que el respeto y la obediencia son algo que debe surgir por sí mismo. A fin de cuentas, los padres hacen tanto por sus hijos que se lo merecen. Pero las relaciones no son racionales, sino emocionales. Y debido a que las relaciones son emocionales, las habilidades necesarias deben ser enseñadas de forma deliberada para navegar la tensión entre demostrar respeto y controlar los sentimientos.

Para navegar esta tensión, los padres tienen que enseñarles a sus hijos lo que es empatía y validación. Muchas veces, las habilidades sociales y emocionales se ven comprometidas en una dinámica emocionalmente cargada entre padre e hijo. Cuando los niños (o los adultos) se ven secuestrados por sus emociones, o cuando los aspectos emocionales del cerebro se apoderan de la capacidad del cerebro para resolver problemas y tomar buenas decisiones, los niños son susceptibles a portarse mal.

En consecuencia, es importante que los padres tengan consciencia de lo que ocurre y ayuden a sus hijos a reconocer cuando lo emocional domina la escena. Esto les da a los niños más oportunidades de ser respetuosos cuando sus mentes racionales están con la guardia baja. También ahorra mucho tiempo evitando que los conflictos crezcan y hace que los niños se sientan validados y escuchados. Usar este lenguaje puede ayudar a los padres a tomar elecciones más efectivas en esos momentos, por ejemplo al validar y empatizar con los sentimientos de su hijo ("cariño, puedo ver que estás molesto y no hay ningún problema en sentir eso") y ahorrarse las discusiones racionales para cuando sus hijos estén calmos y emocionalmente disponibles.

Al comentar sobre cómo las situaciones dominadas por lo emocional pueden ser un desafío para la relación entre padres e hijos, los Dres. Maurice Elias, Steven Tobias y Brian Friedlander dicen en su libro “Educar con inteligencia emocional – Cómo conseguir que nuestros hijos sean sociables, felices y responsables" que los niños "absorben e incorporan lo que observan, es decir a nosotros, los adultos que vivimos y hacemos cosa con cierto espíritu". De acuerdo con el profesor Coles, es probable que los niños imiten los actos morales de sus padres. Por lo tanto, si los padres son modelos de respeto mutuo, de respeto a sus propios padres, rabinos, maestros y miembros de la comunidad, es más probable que también sus hijos los respeten.

Cuando se les enseña a los niños a navegar entre el respeto a los padres y el control de sus propios sentimientos, ellos ganan la capacidad de aprender y usar los valores judíos como una brújula moral para sus vidas. De acuerdo con Rav Hirsch, el éxito del judaísmo depende de esto. Y, como ya mencionamos, los padres tienen la responsabilidad de enseñar estos valores y habilidades sociales y emocionales. Los Diez Mandamientos son un lugar maravilloso para comenzar.


Este artículo originalmente fue publicado en "Jewish Links".