Puede resultar un poco paradójico, pero en las últimas semanas empecé a extrañar esos primeros tiempos de confinamiento, en los cuales nos encontrábamos en casa junto a mi familia, sin siquiera poder salir a dar una vuelta a la manzana de la cuadra. Los niños jugaban mucho entre ellos, el clima era de tranquilidad y unidad. Supongo que habremos sentido algo así como un barco en alta mar, que, en medio de una tormenta, todos deben de tirar para el mismo lado para sobrevivir. Esto, más otros factores, como el simple hecho de que pasaron varios meses, y que mis niños están más grandes, hicieron que en las últimas semanas piense con un poquito de nostalgia ¿Dónde quedó esa etapa?

Los libros son mi S.O.S. En este caso releí uno excelente de la psicóloga Miriam Adahan, Viviendo con niños. Cómo convertir el desafío de la paternidad en un triunfo (2013). Fue realmente darle un vuelco a las formas en las que estábamos conduciendo algunos momentos críticos de la crianza.

Comparto con ustedes las herramientas más poderosas:

1. Un cuaderno de elogios

Miriam explica que una de las mejores herramientas que ha usado, y que anima a los padres a tener, es escribir las acciones o actitudes especiales que los niños han tenido durante el día. Esto logra demostrar especial interés por ciertas actitudes que queremos profundizar en cada hijo. Se los puede leer por la noche antes de dormir, o recopilar todos y compartirlos en Shabat.

Para la autora “nada es más poderoso para un niño que ver una alabanza sobre un papel. Tenía especial consideración en escribir las cosas que eran difíciles para cada niño en particular; para el más dominante, hacía un esfuerzo especial por escribir sus actos de bondad. Si un niño estaba pasando por periodos de insatisfacción, diario le hacía decirme algo por lo cual estuviera agradecido con Dios. Para el que era más impulsivo, escribía las ocasiones en las que se controló a sí mismo. Y anotaba especialmente cuando el desorganizado me ayudaba a poner las cosas en orden”.

Aplicándolo con mis niños me doy cuenta lo real de este consejo. Les encanta ver que uno se toma el tiempo de ir y escribirlo en un cuaderno. Puedo constatar que, por un lado, me hace estar más consciente de estos gestos o acciones tan positivas que realizan, y también noto que ellos mismos me dicen “mamá anotá esto en el cuaderno”. ¡Ayer anoté que el más pequeño probó una comida nueva con verduras! ¡Hurra!

2. Enfócate en encontrar soluciones

Adahan nos insta a los padres a que pasemos buena parte del tiempo exclamando en voz alta: “¿Cuál es la solución a mi problema?”. Con situaciones pequeñas, por ejemplo, “tengo hambre, ¿cuál es mi solución? Ya sé, buscar una fruta”, les enseñamos a enfocarse en la forma de darle curso a esa necesidad. A resolver el problema.

En su libro leemos: “Cuando están acalorados, con frío, hambrientos o aburridos, pregúntales, “¿Cuál es tu solución?”. O por ejemplo en una situación de pelea entre hermanos: “Hmmm… veo que los dos quieren jugar con el mismo juguete. ¿Cuál es la solución?”, y ante una negativa a irse a dormir: “No quieres irte a la cama ahora mismo, pero si no lo haces vas a estar cansado y malhumorado mañana. Tenemos un problema. Ayúdame a encontrar una solución”.

Este tip lo apliqué en Shabat. Estábamos en el balcón, mientras los dos niños jugaban en un tobogán de plástico que tenemos. Uno de ellos empezó a subirse a una maceta, instantáneamente el hermano quiso hacer lo mismo, pero como no cabían los dos juntos comenzaron a forcejear y pelear. Entonces les dije “veo que hay un problema, los dos quieren subirse al mismo tiempo, pero no entran, ¿cuál es la solución?”. Y el más pequeño pensó unos segundos y dijo “ya se, voy a usar mi silbato”. Tenía un juguetito de plástico negro y con eso simuló el sonido de un silbato, para poder turnarse. (¡Punto para mamá!)

3. “Toma mi mano, mírame a la cara y dime qué quieres”

Para los momentos de berrinches o llantos, está técnica es muy útil. Suele suceder que cuando el niño nos está pidiendo algo que en ese momento no podemos o queremos darle, se angustia, grita o llora. Por lo general, si nuestra reacción es enojarnos también, vamos a dejar de mirarlo a la cara. Por lo tanto, esta técnica nos permite abordar la situación de otra manera. Primero, nos acercarnos al niño, nos colocarnos a su altura si es pequeño, para mirarlo a la cara, y si nos permite, lo tomamos amorosamente de su mano, o la apoyamos sobre su hombro y le preguntamos: “¿Dime, ¿qué quieres?”.

Lo apliqué con mi niño más pequeño de 3 años y medio. Me decía que él quería “algo de la heladera”, se estaba poniendo caprichoso, le preguntaba ¿qué quieres? Y respondía lo mismo una y otra vez: “algo de la heladera”. Dejé de hacer lo que estaba haciendo y me acerqué a él. Me agaché y quise tomarlo de la mano. Se dio vuelta (¡le pareció muy novedosa la técnica!) y con voz calmada le dije: “¿Qué quieres de la heladera?”. A lo que respondió ya más tranquilo: “Abrirla y ver”.

Miriam Adahan nos explica que esta técnica les hace saber a los niños que nos importan a través de acercarnos y tocarlos. Les transmitimos que es inaceptable el enojo, porque lo miramos a la cara y le hablamos con voz calmada, tomamos en cuenta sus sentimientos, y les enseñamos a expresar sus sentimientos sin herir a otros.

4. Recordarle su potencial

Traer a colación, en los momentos en los que se porta mal, los momentos que sí lo pudo manejar.  “¿Recuerdas que la semana pasada fuiste muy cooperativo?” “¿Recuerdas que ayer jugaste muy bien con tu hermano?” “¿Recuerdas qué bien la pasaste en el parque?” "Yo sé que me amas y yo te amo". "Sé que tienes autocontrol". "Sé que puedes ser amable/ limpio/ cooperativo/ agradable/ atento". Le demostramos fe a nuestro hijo en todo momento, especialmente cuando parece que él perdió la fe en sí mismo.

5. Preguntas poderosas

Esta técnica me encanta, tomé el título del material de coaching que estoy estudiando. La idea es señalar situaciones o actitudes que queremos mejorar en ellos, pero a través de preguntas. No es lo mismo decirle a un niño el resultado de lo que vemos, como un dictamen final, que llevarlo a pensar ¿te parece que es una mitzvá eso que estás haciendo?

Mi hijo me estaba diciendo reiteradas veces que quería que yo lo busque de la colonia. Lo cual para mí no es posible, nos dividimos tareas con el papá, yo los llevo y él los busca. Tal fue su insistencia que se me ocurrió preguntarle “¿cómo lo hace sentir a papá que me digas esto?”.  Hizo un pequeño silencio y dijo “quiero que papi me busque”. También lo apliqué de otro modo con el más grande. Miriam nos propone preguntarles en alguna situación conflictiva: “¿Si en esta habitación estuviera tu Rav seguirías actuando del mismo modo?”.

Por último, me ayudó mucho poder entender el siguiente concepto. La autora, tranquiliza a los padres explicando que los niños a medida que crecen, necesitan establecer su identidad y su sentido de control. Esto genera situaciones de choques entre ellos y nosotros. No es que estemos fracasando en la crianza, sino que forma parte del proceso normal de toda criatura. Nos explica que “los niños quieren experimentar poder. Ésta es una necesidad humana importante”. Para ir trabajando este aspecto, y que logre algo asertivo nos anima a transmitirles un sentimiento de poder basado en la Torá: “¿Quién es poderoso? Aquél que tiene control sobre sus pasiones” (Pirkei Avot 4:1). Reforzar las actitudes de autocontrol, superación personal, manejo de emociones, parecen ser las mejores vías para trabajar esto.


PD: ¡Puedes imprimir o copiar el siguiente listado en un papel, para tenerlo a la vista y lograr incorporarlo a tu vida!

1. Cuaderno de elogios
2. Enfócate en encontrar soluciones
3. “Toma mi mano, mírame a la cara, y dime que quieres”
4. Recordarle su potencial
5. Hacer preguntas poderosas