"¡Ay, papá!". Todos escuchamos esta queja, por lo general acompañada de un gesto desesperado. La expresión de todos los niños, la forma sutil de insinuar que papá no está en contacto con la realidad y que tal vez esto incluso nos produce un poco de vergüenza.

Cuando mis hijos eran pequeños, pensaban que Papá era la mejor persona que existía, pero a medida que crecieron noté que tendían más a burlarse gentilmente de su padre. La palabra "papá" incluso comenzó a ser utilizada como un adjetivo que significa algo tonto o irrelevante. Un "suéter estilo papá" implica que es horrible. "Jeans estilo papá" están fuera de estilo. Un "chiste de papá" es uno que no causa gracia. De alguna manera, los padres se convirtieron en un sinónimo de algo desconectado e irrelevante.

Hasta que un día, un comentario de una amiga me dio una nueva perspectiva, una nueva forma de hablar con mis hijos sobre su padre, algo que fomenta el respeto y no el ridículo.

Mi hijo menor quería tomar lecciones de acrobacia, pero la competencia para entrar al programa era feroz. El cupo se llenó apenas abrieron la inscripción. Mi esposo dijo que iba a llamar por teléfono apenas abrieran la oficina el día de las inscripciones y que trataría de registrarlo. Le llevó la mayor parte de la mañana, pero finalmente tuvo éxito.

El siguiente Shabat, en la sinagoga, mi hijo le contó esto a una amiga de la familia. Ella lo miró sorprendida y le dijo: "Vaya, tu papá debe ser muy especial". Vi cómo mi hijo se enderezaba y sonreía. "Muchos padres no pudieron inscribir a sus hijos en esa clase. ¿Sabes cuán maravilloso es tu papá?". Ella se lo sirvió en bandeja de plata y mi hijo lo aceptó.

Esa semana, cuando mi esposo preparó su típica shakshuka, le dije a uno de mis hijos: "¿Te das cuenta qué maravilloso cocinero es tu padre? ¡Esta es la mejor shakshuka que comí en mi vida!". Sonó un poco raro en mis oídos, pero nadie se burló de mis palabras exageradas. De hecho, los niños reconocieron que realmente la shakshuka era excepcional.

Comencé a esforzarme por elogiar a mi esposo frente a los niños. Señalé cómo su padre ofrece voluntariamente gran parte de su tiempo para ayudar a otras personas, que tiene una maravillosa voz cuando canta y que cuando se trata de hacer los deberes, es un genio en lo que tiene que ver con historia y ciencia. Mientras más formas encontré de elogiar a mi esposo, menos comentarios sarcásticos escuché.

Eventualmente comencé a hablar de esa forma también de otras personas. Les conté a mis hijos cómo su abuelo se recibió de contador la primera vez que rindió el examen, tras haber estudiado sin parar durante varias semanas. Cómo su bisabuelo evitó un robo al banco en el que trabajaba y le dispararon, pero fue reconocido como un héroe. Cómo su abuela tuvo cinco hijos cuando tenía 20 años y que luego regresó a la universidad y obtuvo su título.

Muchos de los parientes de mis hijos tienen maravillosas cualidades y lograron cosas increíbles. No puedo creer que me llevara tanto tiempo comenzar a hablarles de ellos y señalarles cuán excepcionales son todos los miembros de nuestra familia, cada uno a su manera.

Comprendí que durante años nunca les había dado a mis hijos las herramientas que necesitaban para respetar a su padre. Como madres, parte de nuestro trabajo es ser un modelo de las formas en que deseamos que nuestros hijos interactúen con el mundo. Al ignorar todos los logros de mi esposo, al no reconocer todas las maneras en las que él es maravilloso y especial, les fallé a mis hijos.

En un mundo donde es tan habitual la falta de respeto, particularmente en lo que respecta a los padres, hay unos pocos pasos concretos que podemos dar para inculcar un poco de respeto y gratitud en nuestros hijos, y en nosotros mismos.

1. Señala las cosas que tu esposo hace por ti y por los niños. En hebreo esto se llama hakarat hatov, 'reconocer el bien'. Todos tenemos la obligación de reconocer las cosas buenas que otros hacen por nosotros.

Mi esposo comenzó con una tradición cada cena de Shabat. Antes de cantar "Una mujer de valor" al comenzar la comida, le pide a cada uno de nuestros hijos que digan tres cosas lindas que Mamá hizo por ellos esa semana. Esto obliga a nuestros hijos a dedicar unos minutos a pensar en todas las formas que se los cuida y ayuda a llevarlos a un estado mental de gratitud y agradecimiento. Este puede ser también un momento para pensar en formas en que papá y otros parientes los han ayudado, o formas en las que los miembros de la familia se han ayudado mutuamente.

2. Acostúmbrate a hablar sobre la historia y los logros de los miembros de la familia. ¿Qué es lo que hace especial a tu esposo y a otros parientes? ¿Qué cualidades tienen que sean especiales y meritorias? Crea una fuerte narrativa familiar, y ayuda a tus hijos a desarrollar un sentimiento profundo de respecto a las historias, las cualidades, los talentos y las experiencias de sus parientes.

Los resultados pueden ser profundos. Los investigadores de la Universidad Emory descubrieron que los niños que conocen más sobre su historia familiar tienden a ser más resilientes y a tener mayores niveles de autoestima, les va mejor en la escuela y sienten más control sobre sus vidas. Tener un claro sentido de dónde venimos y qué experiencias tuvieron nuestros parientes, les permite a los niños entender mejor cómo ellos pueden navegar por el mundo.

3. Aprende de los textos judíos y transmite a los niños reglas claras respecto a manifestar respeto por sus padres y abuelos. No permitas que los niños llamen a sus padres o abuelos por su primer nombre. Siempre deben usar términos como papá, o papi o abuelo. No interrumpir a los padres o abuelos. Nunca menospreciarlos. No contradecir a los padres o abuelos. (Si sientes que realmente es crucial decir algo que contradice directamente lo que ellos dicen, exprésalo de una forma sensible para no avergonzarlos). Si un padre tiene una silla o un lugar fijo en la mesa, no permitas que los niños se sienten allí.

Estas medidas pueden parecer anticuadas, pero se inspiran en milenios de sabiduría judía y ayudan a inculcar sentimientos de respeto hacia los padres y otros parientes.

4. Finalmente, resiste la tentación del "chiste de papá" o comentarios de ese tipo. Menospreciar a los padres puede parecer divertido en el momento, pero crea un sentimiento duradero de falta de respeto. En vez de reírse de los padres, intenta fortalecerlos. Reserva un momento para fortalecer el vínculo entre padre e hijo. Considera la posibilidad de emprender un proyecto especial que pueda unir a padres e hijos. En vez de relegar al padre a un pequeño papel en la vida de nuestros hijos, intentemos colocarlo al centro del escenario y celebrarlo.