Tenemos cinco hijos entre 8 y 1½ años. Todas son niñas excepto nuestro segundo hijo de 7 años.

Las relaciones entre ellos parecen ser normales, con la usual rivalidad entre hermanos pero no más allá. Sin embargo, la relación entre nuestro hijo de 7 años y la hermana que le sigue, de 5 años, es diferente. Él parece estar demasiado preocupado por su presencia y está constantemente menospreciándola verbalmente e incluso pegándole. En los momentos ocasionales en los que se llevan bien, sus juegos tienden a ser muy salvajes.

Él no actúa de esta forma con ninguna de sus otras hermanas, con quienes juega de muy buena manera. En todos los otros aspectos, él juega de buena forma y es un niño muy responsable y sensible.

Por favor aconséjenos sobre cómo lidiar con esto. Nos hemos dado cuenta de que mientras más le decimos que la deje tranquila, más la molesta. ¡Estamos desesperados!

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El juego salvaje que observan a veces entre su hijo y su hermana menor es una excelente ilustración del sano fenómeno llamado sublimación. ¿Qué es la sublimación?

Los niños, al igual que los adultos, experimentan una amplia gama de emociones, las cuales pueden ser clasificadas en dos categorías básicas: positivas y negativas. Las emociones positivas son los sentimientos de alegría que disfrutamos y que nos hacen sentir bien, como afecto, apreciación, orgullo, felicidad y amor. Las emociones negativas son los sentimientos que no nos gustan y que intentamos evitar, tales como molestia, irritación, rabia, celos, tristeza y odio.

La vida y las interacciones diarias con otras personas desatan una amplia gama de emociones tanto positivas como negativas. No podemos escoger vivenciar solamente sentimientos positivos. Por ende, ya sea que nos guste o no, deberemos lidiar con emociones negativas regularmente.

Cuando experimentamos emociones negativas, como la rabia, a menudo sentimos el deseo de actuar de una manera que es impropia. Por ejemplo, podemos sentir ganas de romper algo. Nuestros Sabios nos han enseñado sin embargo que "quien desgarra sus ropas por enojo o rompe sus vasijas por enojo o desecha su dinero por enojo es considerado como quien venera ídolos" (Shabat 105b).

Pero si, por el otro lado, uno canaliza estas emociones negativas en una conducta aceptable, los sentimientos serán descargados sin consecuencias negativas. A eso se le llama sublimación. Por ejemplo, uno puede canalizar esos sentimientos llevando a cabo una mitzvá como kriá, que es cuando el deudo desgarra sus ropas como expresión inmediata de dolor.

El juego salvaje representa una sana sublimación de los sentimientos de celos y resentimiento de vuestro hijo hacia su hermana.

El Rambam escribió, "El propósito de la mitzvá de kriá es que a través de ella [el deudo] se calme y sus emociones se estabilicen" (Comentario a la Mishná, Shabat Cap. 13).

Regresando a sus hijos, el juego salvaje que describen representa una saludable sublimación de los sentimientos de celos, competitivos e incluso de resentimiento hacia su hermana. Al descargar sus emociones de esta forma más aceptable, le permite – al menos temporalmente – restringirse de atacarla verbal o físicamente. El rol de ustedes aquí es entender cuán importante es este juego rebelde para ayudar a su hijo a lidiar con sus intensos sentimientos de rivalidad con su hermana.

Cuando ellos no se llevan bien, aparentemente la mayoría del tiempo, deben entender que vuestro hijo se siente muy amenazado por su hermana menor. La de 8 años es mayor, y presumiblemente más grande que él. Ella está, por lo tanto, en una categoría completamente aparte. La de 1½ es un bebé y, por lo tanto, no es mucha amenaza a su orden en la jerarquía. Eso deja a la de 5 años y la que viene luego de ésta. Como la de 5 años es la más cercana en edad a su hijo, él la ha puesto como blanco y es su archienemiga primaria.

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No Tomen Partido

Cuando ustedes le dicen que la deje tranquila, naturalmente están asumiendo que están siendo buenos padres al proteger a su hija de su hermano grande abusador. Pero obviamente no están conscientes de por qué el protegerla podría provocar que aumenten los ataques en su contra; en realidad, cada vez que ustedes se unen en defensa de ella, estarán plantando las semillas para su siguiente asalto.

Todos los niños que tienen hermanos están universalmente plagados de dudas en relación a qué hijo es más favorecido a los ojos de sus padres. Dado que los padres ejercen el poder al quitar o dar atención, afecto y privilegios, estar en buenas con un padre y acercarse a posiciones más ventajosas se convierte en una preocupación obsesiva para todos los niños.

Si ocurre un conflicto – lo cual siempre ocurre – entre cualquier par de hermanos, la respuesta de los padres es absolutamente crítica. Si los padres toman partido, defienden o justifican a cualquiera de los dos niños, entonces el otro niño tomará eso como signo de que él o ella ahora están en una posición más débil, vulnerable y más insegura en la familia.

Esto automáticamente desatará dos reacciones en el niño que fue regañado. Primero, provocará intensos sentimientos de resentimiento hacia el hermano que ha sido favorecido por la intervención de los padres. Si no fuese por él/ella, pensará el niño/niña para sí mismo/a, no estaría recibiendo este desagradable regaño de mis padres. Él/ella es todo lo que se interpone para que yo tenga una relación cálida, cercana y amorosa con mis padres. Si solamente él/ella estuviese fuera de escena, entonces todo sería maravilloso.

Eviten arbitrar en conflictos de hermanos lo máximo posible.

La segunda reacción que se desatará en el niño que ha sido reprendido por atacar a un hermano es que ahora el niño se sentirá más inseguro. ¿Me quieren todavía mis padres?, se preguntará a sí mismo/a. Para tranquilizarse, por lo tanto, él/ella realizará una prueba en la cual los padres se vean forzados a elegir entre ambos niños. Si mis padres toman mi lado, él/ella pensará para sí mismo/a, entonces querrá decir que no soy tan rechazado como pienso. El niño entonces buscará otra oportunidad para atacar a su hermano/a. Y así, el círculo vicioso continuará y se intensificará exactamente como ustedes describieron.

La solución para todo esto es evitar arbitrar en los conflictos entre hermanos lo máximo posible. A menudo una frase como, "Lo siento. No vi lo que ocurrió", es suficiente. Cuando logren rehusar el aceptar los testimonios de sus hijos como si fueran evidencia concreta, recién entonces podrán desligarse de la difícil posición que ocupan actualmente entre su hijo y su hija. Con el tiempo, si son consistentes con este enfoque, el shalom bait, la paz en el hogar, regresará eventualmente a vuestra casa.

Extraído del libro “Partners in Parenting” (“Socios en la Crianza”), por el Dr. Meir Wikler, publicaciones Artscroll.