"De repente mi corazón estaba rebosando de amor por mi nuevo bebé", decía resplandeciente mi amigo, quien acababa de tener su primer hijo.

Fruncí mis cejas. Yo no me sentí así cuando mi hijo nació. Sí, estaba orgulloso. Estaba fascinado por el pequeño ser que de repente llegó a mi vida desde otro mundo. Pero mi corazón no estaba ‘rebosando de amor’.

Quizás hay algo malo conmigo, me pregunté.

Pasaron seis meses. El pequeñito era hermoso; yo lo abrazaba mucho, pero él no hacía gran cosa. Era difícil relacionarse con él. Le confié mis sentimientos a un amigo.

"Sí, los primeros seis meses, los bebés son como renacuajos", dijo. "No sabes bien qué hacer con ellos. Es difícil sentir un vínculo emocional. No te preocupes, las cosas cambiarán apenas empiece a moverse por todos lados y a desarrollar su personalidad".

# Sentía que mi cortina de hierro emocional se volvía más gruesa.

Los movimientos de mi hijo no me ayudaron a sentir amor. De hecho, si lograron algo, fue que mi bloqueo emocional empeorara. Todo se convirtió en un objetivo para que él derrumbara o destruyera. Cada vez que tenía que acomodar el lío que él había hecho, sentía que mi cortina de hierro emocional se volvía más gruesa. Y lo que empeoraba las cosas era la sensación de que mi corazón era incapaz de compartir y de sentir amor, un amor tan natural como el de un padre por su hijo.

Luego unos amigos vinieron a casa a cenar, con un recién nacido a cuestas. Me ofrecí para sostener a su pequeño bebé.

Entonces, algo increíble pasó: me sentí como un padre nuevo. Le di palmadas mientras lloraba y se calmó. Qué niño más dulce, pensé para mí mismo. El bebé estaba súper feliz en mis brazos. Lo sentí tan natural; mi corazón estaba desbordando con sentimientos de afecto.

¿Cuál es el problema conmigo? Me pregunté confundido. ¿Por qué no siento esto con mi propio hijo?

Y entonces me di cuenta de la respuesta. El niño no es mío, no soy responsable por él. "Sin obligaciones" significa "sin estrés". Puedo simplemente enfocarme en su dulce alma y sentir amor.

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Concluí que así debe ser como se sienten los abuelos al mirar amorosamente a sus nietos hacer un caos en la casa de otro. Y también concluí que padezco el "Síndrome de Padre".

El "Síndrome de Padre", según es definido clínicamente (por mí), es "una sobreabundancia de ansiedad en relación a los sentimientos propios de ineptitud que impiden que uno sea capaz de sentir y expresar amor".

Estaba en un dilema. No sabía si debía molestarme más mi corazón carente de amor o la perspectiva de criar a un niño que iba a crecer con rencor hacia su ansioso y poco amoroso padre. Decidí que lo segundo me asustaba más. No me afectaría solamente a mí, sino que también afectaría a mi hijo y a mi esposa. Necesitaba encontrarle una cura al "Síndrome de Padre".

En una revelación instantánea la respuesta apareció en mi cabeza. Tenía que aprender a ser un "abuelo". ¿Por qué esperar otros 30 años para disfrutar de mis propios descendientes? Si pudiera encontrar la forma de actuar como abuelo, podría disfrutar de mi hijo ahora mismo.

Entonces, sin más preámbulos, aquí está mi "Lista de Abuelo"; siete observaciones sobre cómo utilizar las técnicas de los abuelos para ser un mejor padre.

(1) Los abuelos designan tiempo para pasar con sus nietos.

Pese a lo ajetreada que pueda ser la vida, me pregunté: ¿cómo podría utilizar el tiempo con mis hijos con más eficiencia? Y la respuesta era obvia: buscar momentos desperdiciados. Por ejemplo, en lugar de apurarme para ir al trabajo mientras arrastro a mi hijo que no para de gritar para llevarlo a la escuela, decidí levantarme 10 minutos más temprano. Ahora puedo salir sin estrés y puedo prestarle atención a mi hijo, contándole una historia mientras vamos al jardín.

(2) Los abuelos no presionan a sus nietos para que "actúen".

Cuando nació mi hijo compramos muchos libros de historias de "desarrollo de habilidades". Me ponía nervioso cuando él no podía hacer las cosas para los "dos años" incluso teniendo dos años y medio. Ahora lo dejo dar vuelta las páginas y señalar lo que sea que quiera. Cuando realmente le enseño algo, él es mucho más receptivo. Quizás siente que viene de mi felicidad de descubrir con él en lugar de mi necesidad de verlo "actuar". Dejo que su curiosidad marque el paso, lo cual le genera un sentimiento de ser apreciado y valorado.

(3) Los abuelos disfrutan al ver a sus nietos disfrutando.

De alguna manera, yo asociaba a los niños disfrutando con niños siendo "malcriados". Cada vez que le daba un regalo a mi hijo lo obligaba a hacer algo para ganárselo. Pero ahora, elijo momentos para "hacer pura bondad" por mi hijo sin ningún interés secundario. Trato de mitigar la voz de preocupación y disfruto su disfrute.

(4) Los abuelos no tratan de hacer un millón de cosas mientras están con sus nietos para sentir que están logrando algo.

Me gusta sentirme productivo, y cualquier cosa pareciera ser más "productiva" que pasar tiempo con mi hijo. Pero, en realidad, no hay nada más productivo que formar a un ser humano con atención y amor. Ahora dedico momentos en los que no me permito hacer nada más – no hay computadora ni teléfono – sólo enfoco la atención en mi hijo.

(5) Los abuelos comparten cosas de su propia vida para transmitir valores.

Como padre judío, hay ciertos valores que quiero transmitir. Al principio trataba de imponer los valores como reglas, y me enojaba cuando mi hijo no estaba escuchando. Luego traté de discutirlos como historias – y me seguí enojando cuando no escuchaba. Ahora no he descartado las reglas, pero busco oportunidades en las que utilizar cierto rasgo y me aseguro de incluir a mi hijo en lo que estoy atravesando. Por ejemplo, devolverle un objeto perdido a su dueño se transforma en un proceso que comparto y discuto con mi hijo. El valor se torna mucho más real que si simplemente le dijera una aburrida lista de reglas.

(6) Los abuelos se enfocan en lo bueno – incluso cuando su nieto está actuando como un "pequeño demonio".

Acostumbraba estar demasiado enfocado en lo que mi hijo estaba haciendo mal, porque me preocupaba ser visto como un mal padre. Ahora, cuando veo a mi hijo, tomo fotos mentales de sus buenos rasgos de personalidad, y luego trato de aferrarme a ellas cuando se porta mal. Por ejemplo, el maestro llamó hace poco y dijo que mi hijo estaba golpeando a los niños que molestaban a niños menores. Yo pude enfocarme en el buen corazón de mi hijo que sentía el dolor de los demás, al tiempo que lo hacía entender que golpear es una actitud inapropiada. Todos los días trato de volver a ver mis fotos mentales sobre su buena naturaleza. Me ayuda a tener claridad cuando se está portando mal.

(7) Los abuelos felicitan a sus nietos.

A menudo me encuentro diciéndole "sí" y "guau" a mi hijo con una voz muy falsa. Si él me muestra un dibujo que hizo, suelo responderle "¡Guau!". Pero los niños perciben cuando somos falsos. Entonces ahora, cuando comparte algo conmigo, lo miro bien y digo con una voz normal: "¿Usaste verde? ¿Qué es este punto marrón?" Él siente que realmente estoy con él. Y para mi hijo, eso es un gran "guau".

Entonces, ¿cómo están las cosas con mi hijo que ya tiene cinco años? No puedo decir que estoy desbordando de amor, pero mi corazón está mucho más abierto y mi ritmo cardíaco mucho más calmo. Y ahora sé que cuanto más exprese mi amor, más emergerá mi amor natural.