Eres apasionado en cuanto a educar a tus hijos de la mejor manera posible. Has asistido a clases de educación, has leído libros y te has preocupado de intentar ser una buena madre o un buen padre. Pero hay un ingrediente clave que puedes haber olvidado, la relación con la persona que te ayudó a convertirte en padre en primer lugar: tu pareja. Trabajar en tu matrimonio puede ser la cosa más importante que hagas para asegurar la salud emocional de tus hijos.

Así es como puedes hacerlo:

1. Provee estructura y estabilidad: Los niños necesitan estructura y estabilidad. Ellos tienen antenas especiales para captar la tensión. Cuando sienten que ustedes no se están llevando bien no se los dirán directamente, pero seguramente se comportarán mal. Tus hijos necesitan sentirse cuidados y protegidos. Si tu relación con tu pareja es caótica entonces eso probablemente creará un ambiente de caos en el hogar. Un matrimonio estable provee en cambio una infraestructura cómoda en la que los hijos pueden enfocarse en ser niños sin verse distraídos por la ansiedad de que algo está mal en casa. Los niños realmente piensan que ellos tienen la culpa de que estés enojado, y no se dan cuenta que tu mal humor se debe a que no te estás llevando bien con tu pareja.

2. Educa en equipo: Los padres tienen que mostrar un frente unido. Si no te llevas bien con tu pareja entonces será un gran desafío trabajar juntos como padres. Cuando tienen visiones divergentes sobre cómo educar a sus hijos, los niños quedan atrapados en el medio y terminan aliándose con uno u otro padre. En la mayoría de las relaciones un padre asume el rol de quien disciplina mientras que el otro es más liberal. Si ambos padres trabajan juntos entonces pueden educar de forma más balanceada, pero en caso contrario se arriesgan a convertir a uno de los dos en el “malo” y a debilitar la relación padre-hijo. A pesar de que incluso las parejas más conectadas pueden tener diferencias de opinión sobre cómo educar a los hijos, de todas formas son capaces de trabajar sus diferencias y educar efectivamente. Aprende cómo hacer para trabajar juntos y estar alineados.

3. Sé un modelo a seguir: La historia se repite y esto es ciertamente verdad cuando se trata de relaciones. He visto a muchas parejas jóvenes viviendo la misma ruptura de relaciones que vieron en sus hogares. Más importante que cualquier libro o discurso es el ejemplo que les damos a nuestros hijos. La relación que tus hijos presencian en tu hogar será el factor que impacte en mayor grado cómo se comportarán ellos mismos en sus propias relaciones. La mayoría de los padres desean poder dejarles a sus hijos una herencia. Incluso si no tienes dinero que dejar, puedes darles el regalo de ver un matrimonio lleno de amor y estabilidad. Si estás sufriendo en tu matrimonio seguramente no querrás que tus hijos vivan lo que tú estás viviendo. Trabaja en tu relación para que puedas ahorrarles la tristeza y proveerles un modelo que puedan aspirar a seguir.

4. Acepta a tu hijo: La mejor manera para practicar cómo ser un buen padre es aprender cómo ser una buena pareja. Si utilizas tus habilidades de relaciones con tu pareja te será mucho más fácil aplicarlas con tus hijos. Uno de los mayores desafíos en cualquier relación es aceptar completamente al otro. A medida que aprendes a ejercitar tu músculo de la compasión mediante escuchar a tu pareja sin juzgarla y mediante hacerle un espacio, te resultará mucho más fácil hacerlo luego con tus hijos. Cuando aceptas a tus hijos mediante validar sus sentimientos sin reaccionar, los estarás ayudando a construir su autoestima. Incluso cuando no estás de acuerdo puedes asegurarles que sus sentimientos tienen sentido. Trabajar en tu matrimonio te da una invaluable experiencia. Para cuando tus hijos sean lo suficientemente mayores como para articular ellos mismos sus sentimientos, tú estarás preparado para estar ahí para ellos de una forma cariñosa y con empatía.

5. No te descargues: Los niños pueden ser bastante difíciles en algunas ocasiones. Si te sientes abrumado y no tienes ayuda, puede que tu verdadero enojo sea con tu pareja, pero las víctimas inmediatas serán los niños. Si estás irritable entonces lo más probable es que les grites cuando sean demasiado difíciles de manejar. Ellos se llevarán la peor parte de los problemas que podrías haber resuelto con tu pareja. Por otro lado, cuando te sientes bien con tu pareja y tienes una línea abierta de comunicación, entonces tu umbral de estrés es más bajo y, por lo tanto, es menos probable que te descargues con los inocentes espectadores.

Debes intentar hacer de tu matrimonio algo grandioso; se lo debes a tus hijos. Un matrimonio vibrante te ayudará a proveerles estructura y estabilidad y te permitirá educarlos como un equipo, ser un ejemplo a seguir, aprender habilidades de relaciones que te ayudarán a aceptarlos y a asegurar que tu frustración no llegue a herirlos. Actúa hoy para mejorar tu matrimonio. ¡Hazlo por el bien de los niños!