La temperatura era 40ºC la mañana en que escalamos el empinado peñasco cerca del Mar Muerto. Mi esposo y yo pensamos que teníamos suficiente agua, pero el aire estaba tan pesado que yo sentía que me empujaba los hombros hacia abajo. Pronto, mi reserva de agua comenzó a agotarse. Yo estaba mareada y exhausta, y no podíamos sentarnos al sol en la arena hirviendo. Fue entonces que vi algo que parecía un milagro, un pequeño y desaliñado árbol saliendo del borde de la montaña.

Nos acercamos a él y lo tocamos para asegurarnos de que fuera real. Había justo suficiente sombra como para que nosotros dos nos sentáramos y recuperáramos el aliento. Mientras descansábamos bajo sus ramas, me pregunté cómo creció este árbol aquí. ¿Cómo sobrevivió al ardiente sol y a los vientos del desierto? ¿De dónde obtuvo su agua?

A medida que se acerca Tu B'Shvat, el año nuevo de los árboles, pensé sobre ese solitario árbol del desierto. Me pregunté que podía aprender de ese árbol y descubrí cuatro cosas interesantes de cuatro árboles increíbles.

1. El secoya gigante. El secoya gigante es un árbol de madera rojiza localizado en el Parque Nacional Secoya en California y tiene 2,700 años. Tiene 83 metros de altura y el diámetro de su base es de 30 metros. Cuando vemos la majestuosa altura de este árbol, podemos acceder a nuestro propio deseo innato de grandeza espiritual. Este árbol nos enseña a llegar más alto de lo que alcanzamos ayer.

2. El álamo temblón: La colonia de Pando. La colonia de Pando es una enorme colonia de álamos temblones esparcidos en un área de más de 40 hectáreas en Utah. Todos los árboles de esta colonia provienen de un solo álamo madre, por lo tanto, todos tienen idénticas características y comparten la misma estructura radicular, es decir, todos comparten un gigantesco sistema de raíces subterráneo. La colonia de Pando en conjunto pesa aproximadamente 6,615 toneladas, convirtiéndose así en el organismo vivo más pesado de la tierra.

Así como los álamos temblones de la colonia de Pando, la humanidad surge de una Única Fuente; todos estamos conectados por un único sistema de raíces. Podemos aprender a ver al prójimo a través de este lente de unidad al estudiar la colonia de Pando. Todos venimos de una sola y única chispa divina y profundo bajo la superficie de la humanidad, dependemos de un solo sistema de raíces colectivo para sobrevivir.

3. El árbol de castañas de cajú de Pirangi. Este árbol, cerca de Natal, Brasil, es un árbol de castañas de cajú de 177 años que cubre casi una hectárea de tierra. A diferencia de otros árboles de castañas de cajú, cuando las ramas de este árbol tocan el suelo, automáticamente echan raíces y el árbol sigue creciendo. De este árbol podemos aprender que hay cientos de formas de crecer y que tenemos el potencial de llegar muy lejos, echando raíces donde sea que vayamos.

4. El árbol de la vida. El árbol de la vida en el desierto de Bahrein está ubicado a cientos de kilómetros de cualquier otro árbol y sobrevive en su duro ambiente enterrando sus raíces cientos de metros hacia abajo hasta reservas de aguas subterráneas. Se cree que tiene más de 400 años y es uno de los árboles más solitarios del mundo. De este árbol aprendemos que podemos sobrevivir en condiciones difíciles y soledad mientras estemos conectados a las aguas de vida de la Torá, a las cuales podemos acceder incluso en el desierto más árido.

El árbol de la vida muestra otra característica en común con nuestro desaliñado y pequeño árbol en el borde del peñasco del Mar Muerto: ambos son anti-frágiles. Anti-frágil es una expresión acuñada por el autor Nassim Nicholas Taleb en su libro éxito de ventas Antifragile: Things That Gain from Disorder. La mayoría de nosotros diría que el opuesto de frágil es fuerte o irrompible. Sin embargo, eso es solamente la ausencia de fragilidad. El verdadero opuesto de frágil es anti-frágil, algo que prospera debido a la adversidad.

El solitario árbol en el desierto se hizo fuerte y sobrevivió porque se vio forzado a desarrollar un sistema de raíces suficientemente profundo como para alcanzar agua a cientos de metros bajo la superficie. Las semillas de todos los árboles son inherentemente anti-frágiles; ellas crecen solamente a través de romper sus cáscaras externas.

Podemos cometer el error de pensar que somos seres frágiles dado que nuestros cuerpos son muy vulnerables. Pero incluso nuestros cuerpos físicos solamente crecen cuando se enfrentan a la adversidad y deben esforzarse hasta cierto límite. Los entrenamientos cortos de alta intensidad logran más que los entrenamientos largos y moderados. Nuestros músculos necesitan ser empujados hasta el límite para crecer realmente.

Lo mismo es cierto cuando desarrollamos nuestros músculos espirituales. Nuestras almas quieren alcanzar las alturas del secoya gigante, y anhelan extenderse como el árbol de castañas de cajú de Pirangi, pero para eso deben ser desafiadas y estiradas hasta el límite. Nuestras almas son anti-frágiles; se hacen más fuertes cuando se ven forzadas a romper su cáscara e ir más allá de su zona de comodidad.

En el invierno, cuando los árboles están despojados de sus hojas y el suelo aún está congelado, nosotros celebramos el año nuevo de los árboles. No te enfoques en las frágiles y oscilantes ramas. En vez de eso, piensa en el realmente anti-frágil crecimiento que está ocurriendo bajo la superficie.

Este crecimiento es paralelo a nuestra propia habilidad de superar obstáculos en nuestras vidas a medida que nos fortalecemos, poco a poco, desafío tras desafío.