Tu B’Shvat es el día en el que celebramos una de las creaciones más apreciadas por Dios, los árboles, y todo lo bueno que surge de ellos. Hay una costumbre de comer diferentes tipos de frutos en este día, mientras pensamos y apreciamos de dónde vinieron. Podemos aprender muchas cosas de los árboles. Una de esas cosas es paciencia. Un árbol, que comienza de una pequeña semilla, toma muchos años para crecer hasta ser alto y producir su delicioso fruto. De la misma manera, nosotros deberíamos tratar de ser pacientes y saber que todas las cosas buenas eventualmente “producirán fruto” si estamos dispuestos a esperar.

En nuestra historia, un niño descubre que hay mucho más en los árboles que ramas y hojas.

El anciano miró con satisfacción cómo los autos entraban por uno de los lados alejados del huerto de manzanos. Él amaba esta época del año en la que las manzanas colgando de sus ramas, rojas y pesadas, esperaban a ser recolectadas, comidas y disfrutadas, y la gente venía desde lejos en su excursión anual.

Vio una 4x4 verde, y observó cómo los padres, hijos, paquetes, bolsas, y un cochecito de bebé salieron a empujones. Sin embargo, una niña de unos 11 años, llamó su atención, no por su entusiasmo sino por la falta absoluta de él.

"Recolección de manzanas. Recolección de manzanas. Cada año, la aburrida recolección de manzanas", se quejó Nancy. "¿Qué pasa con las manzanas que compramos en la tienda? Están perfectamente bien. ¿Por qué tenemos que hacer este viaje todos los años por unas cuantas manzanas tontas?".

"Nancy, puedes agarrar esta bolsa, por favor ten cuidado, tiene un termo en su interior", dijo su mamá.

La Sra. Krieger se sentía apenada de que su hija estuviera tan impaciente y que estuviera pasando un mal rato. Tenía tan lindos recuerdos de la recolección de manzanas en este mismo huerto cuando ella era una niña que deseaba compartirlos con sus hijos. Pero Nancy no quería saber nada de aquello.

A los padres se les estaba haciendo eterno organizar todo, por lo que Nancy comenzó a recorrer un poco el huerto. Sólo quería terminar rápido y volver a casa a encontrarse con sus amigas, que estaban en la nueva heladería que recién se había inaugurado. Helado gratis, tanto como puedas comer, todo el día, y ella estaba aquí, atorada, rodeada por estas ridículas manzanas. Mientras caminaba, de repente vio algo que le pareció extraño. Fue a ver más de cerca.

El anciano, dueño del huerto, estaba agachado sobre unos pequeños plantones de manzanos, tomándolos uno a uno con mucho amor y ubicándolos gentilmente en hoyos prolijamente espaciados. Nancy resopló fuertemente cuando lo vio apisonar la tierra alrededor de cada plantón, como si fuesen sus bebés. El hombre la miró y sonrió.

“¿Son hermosos, no?”, dijo él.

“Puede ser”, contestó Nancy. “¿Pero cuánto tiempo pasará hasta que sean lo suficientemente grandes como para dar manzanas?”.

“Oh, ¿para producir? Unos 20 años, quizás más”.

“¡Veinte años! ¿Entonces para qué se está molestando? No se ofenda, señor, pero afrontémoslo, a su edad”, ella hizo una pausa, “no parece que vaya a estar por estos lados para disfrutarlos, ¿sabe?”.

El hombre sonrió cálidamente de nuevo. “Tiene razón en eso, señorita. Nada es eterno. Sin embargo, todas estas manzanas que todo el mundo está recogiendo y disfrutando fueron plantadas por mi padre y mi abuelo. Ellos se preocuparon lo suficiente en esa época de plantar para el futuro. Y mire, con un poco de paciencia, el futuro se acerca lo suficientemente rápido. Espero que estos plantones provean montones de buenas frutas para mis hijos y nietos, y para quien quiera venir y disfrutarlas”.

Nancy se quedó muda. Nada en sus once años de vida la había preparado (sin contar el cuidado y amor de sus padres, que ella todavía no se había dado cuenta que era un regalo y no algo dado) para una visión tan paciente y generosa sobre la vida.

“¿Te gustaría plantar uno, jovencita?”, dijo el hombre mientras le ofrecía uno de sus plantones, “Quizás algún día volverás aquí y tus hijos recogerán manzanas de ‘tu’ árbol”.

Nancy lo tomó y se sintió sorpresivamente bien mientras lo ubicaba en la tierra.

“Oh Nancy, aquí estás”, dijo su madre acercándose. “Sé que estás apurada por volver a casa, por lo que apuraremos las cosas tanto como podamos”.

“No mami, está bien”, sonrió la niña mientras miraba de reojo al anciano, todavía plantando pacientemente para el futuro, “estoy realmente feliz de que estemos pasando este tiempo juntas. No hay apuro. ¿Acaso no todas las cosas buenas y los buenos momentos toman tiempo para dar sus frutos?”.

Preguntas Para Discutir

De 3 a 5 años

P. ¿Cómo se sintió Nancy en un principio acerca del viaje para juntar manzanas?

R. Estaba aburrida y apurada por volver a casa.

P. ¿Cómo se sintió al final?

R. Su conversación con el anciano sobre los árboles y la paciencia, la hizo sentir más calmada y no apurada.

De 6 a 9 años

P. ¿Qué piensas que aprendió Nancy ese día en que cambió la manera en que se sentía?

R. Había sido impaciente y había sentido que cosas como recolectar manzanas eran una pérdida de tiempo. Las palabras del anciano, y su voluntad de invertir su tiempo y energía plantando árboles de los que nunca comería, hicieron que Nancy se diera cuenta de que ser paciente y mirar hacia el futuro son valores con los que ella se podría vincular.

P. ¿Qué piensas que gana una persona al ser paciente?

R. Una cosa buena es que hace que la vida sea mucho menos estresante. También, al ser pacientes, podemos experimentar y entender cosas que de otra forma perderíamos por apurarnos.

10 años y más

P. ¿Qué otras lecciones piensas que podemos aprender de los árboles?

R. Los árboles se dirigen hacia arriba, tú también deberías buscar crecer siempre. Los árboles dan de su fruto generosamente, nosotros también deberíamos ser generosos. Los árboles son sustentados por sus raíces, nosotros también deberíamos sentirnos conectados y basados en nuestras ‘raíces’. Los árboles pueden parecer dormidos y muertos en el invierno, pero de repente florecen en la primavera, nosotros deberíamos saber que en nuestras vidas aún cuando sentimos que estamos dormidos y que no estamos yendo a ningún lado, mientras tratemos de hacer el bien, las cosas eventualmente florecerán. Hay muchas lecciones más, trata de pensar en algunas.

P. ¿Piensas que hay una conexión entre la paciencia y nuestro grado de fe en Dios?

R. Fe significa saber que Dios está con nosotros en nuestras vidas y que nos está dando exactamente lo que necesitamos cuando lo necesitamos, aún si no entendemos por qué. Naturalmente, cuanto más internalicemos y vivamos con esta fe, más paciencia tendremos para aceptar la vida como Dios, en Su sabiduría, decide enviárnosla.