La vida puede dividirse en tres fases: 1) concepción, 2) realidad y post-realidad, 3) una vida después de la muerte (Rav Arieh Kaplan, Encounters, 1990). Durante el período de la concepción, existimos dentro de los confines del vientre materno, sumergidos en lo material; nuestro único foco en ese momento de la vida es crecer y desarrollarnos. Recibimos nuestros órganos, pero ninguno de ellos puede expresarse por sí mismo ni tiene ningún beneficio. Sin embargo, después llegará un momento en el cual cada uno deberá abandonar esa forma de realidad y abandonar el refugio del útero.

Cuando entramos en la segunda etapa de la vida, de repente volvemos a nacer a una existencia de otra clase en la que podemos articular nuestros sentidos. Confiando en el potencial que se nutrió dentro del útero, ahora comenzamos a usar nuestros ojos para ver, nuestra nariz para oler, y nos fascinamos por las grandes maravillas del mundo físico en el cual nos encontramos. Esta nueva vida sigue siendo física como la primera fase dentro del útero, pero nos ofrece oportunidades para generar significado a partir de nuestra existencia.

Entonces entramos a la etapa final: la vida después de la vida física. Durante la segunda etapa, el útero en el que vivimos es conocido como el cuerpo. Al concretar el potencial que recibimos al habitar en el útero inicial dentro de nuestra madre y luego cultivar una vida significativa, experimentamos otra forma de nacimiento al presentarnos ante nuestro Creador en el Mundo Venidero. Mientras que el segundo período de la vida nos libera de los confines del útero, nuestro tercer y final nacimiento nos libera de las limitaciones del mundo finito y nos permite experimentar la elevación y la pureza de la espiritualidad.

Trilogía de la redención

Este viaje de tres fases de la vida es paralelo al proceso de redención que observamos en la trilogía de las festividades de Tu B’Shvat, Purim y Pésaj.

Tu B’Shvat, conocido como el año nuevo de los árboles, es la primera etapa de este proceso. Tiene lugar el día 15 del mes hebreo de Shvat, 30 días antes de Purim y 60 días antes de Pésaj. Cada una de estas festividades ocurre cuando la luna está llena, lo que simboliza la máxima capacidad de crecimiento.

Tu B’Shvat celebra la génesis del potencial. Al día siguiente de Tu B’Shvat, para nuestros ojos externos el árbol se ve exactamente como el día previo, inconsciente del hecho de que su savia comenzó a desarrollarse (1). Asimismo, nuestra dimensión interna, nuestra alma, parece oculta si observamos a través de las lentes de lo físico. Desde el exterior es difícil detectar la enorme santidad que se encuentra dentro de la persona cuando estamos constantemente distraídos por las transgresiones que creemos que ella comete.

Purim: la concretización del potencial

Purim simboliza el punto en el que concretizamos nuestro potencial; es la fase intermedia de nuestro camino por la vida en la que observamos hacia nuestro interior, la esencia de nuestra alma, y comenzamos a responder a nuestras vocaciones y a dirigir nuestras vidas para crecer y convertirnos en las personas que sabemos que podemos llegar a ser.

La narrativa de Purim parece vacía de cualquier intervención Divina, tal como el desarrollo de la savia dentro del árbol no es visible a simple vista para el ojo humano. Nuestro potencial sólo es posible si nos focalizamos en lo que se encuentra más allá de la cubierta física de nuestra alma, de la misma manera en que Dios puede verse en la historia de Purim sólo si elegimos mirar más allá de la superficie de esa serie de eventos mundanos y azarosos. Purim es el momento en el que cada uno toma la autoría de su propia vida: no nos quedamos con aquello que se ve sobre la superficie (la realidad tal como la percibimos), sino que exploramos los límites que otros nos han establecido y acudimos a las partes de nuestro ser que nunca supimos que estaban disponibles, las partes que nos permiten tener éxito.

Pésaj: volvernos libres

Pésaj concluye nuestra trilogía. Es la etapa final en la cual nos liberamos de todo lo que nos aleja y nos impide convertirnos en lo que realmente somos. La palabra hebrea para Egipto, Mitzraim, deriva de la palabra metzar, que significa restricción y confinamiento. La cultura egipcia estaba arraigada en la salida y la puesta del sol y en los dioses de la naturaleza, que dictaban una realidad siempre predeterminada y constante. Pésaj es la celebración de trascender de la esclavitud mental que define y limita quienes somos y nos permite sentir el verdadero sabor de la libertad. El séptimo día de Pésaj recuerda la partición del Mar de los Juncos, como un recién nacido que emerge sin nociones preconcebidas de cómo debe verse la realidad o cuán grandioso puede llegar a ser.

Nosotros debemos crear nuestro propio camino y lograrlo puede llevarnos toda la vida. Tal como la duración de nuestra vida se divide en segmentos, así también nuestro crecimiento debe ser gradual y duradero. Este camino comienza en Tu B’Shvat, con las 24 horas que dedicamos a entender y aprovechar nuestro incipiente potencial. Feliz año nuevo y que tengamos un camino significativo y lleno de alegrías.


Notas:

1) Trugman, A. A. (2003) Seeds and Sparks. Southfield, MI: Targum Press