Las llamas que consumieron al Primer Templo de Jerusalem comenzaron el nueve de av y continuaron ardiendo hasta el mediodía del día siguiente. Rabí Iojanán, el sabio talmúdico, afirmó: “Si hubiera vivido en esa generación, habría fijado [como día de duelo] el diez [de av], porque la mayor parte del Templo se quemó ese día”.

Tal como Tishá BeAv fue un día de desgracias a lo largo de la historia judía, lo mismo ocurrió con el diez de av:

La expulsión de Francia

El 22 de julio de 1306, el diez de av, los judíos de Francia fueron arrestados y se les ordenó abandonar el país. Aproximadamente 100.000 personas fueron obligadas a partir en busca de nuevos hogares, y muchos murieron en el camino.

La comunidad judía no tenía consciencia de que se planeaba la expulsión, porque el rey de Francia, Felipe “el hermoso”, no quería que se escaparan antes con sus bienes. Uno de los motivos que tenía el monarca para expulsarlos era económico. Felipe consideró que el saqueo de las riquezas judías era una manera de ayudar a los problemas económicos de Francia. Sin ninguna duda, también contribuyó a la decisión la frustración de siglos de intentos fallidos de obligar a los judíos a la apostasía

La expulsión tuvo graves consecuencias más allá del inmenso sufrimiento humano. De hecho, puso fin a la grandiosa era de la erudición judía de los tosafistas de Francia, cuyos comentarios iluminaron los textos talmúdicos.

Algunas provincias europeas previamente habían expulsado a los judíos, pero este decreto (que se aplicó prácticamente en toda Francia) fue la expulsión más significativa hasta ese momento en la Europa medieval. Esta expulsión también sentó un precedente para otras expulsiones en masa que plagaron la existencia de los judíos de Europa en la Edad Media. La existencia de comunidades judías dentro de un país europeo se volvió algo precario. Los judíos nunca podían estar seguros de que no volverían a ser obligados por la ley a empacar sus pertenencias.

Diez años más tarde, Luis X invitó a los judíos a regresar a Francia. Algunos aceptaron su oferta. Sin embargo, el retorno de los judíos a Francia no duró demasiado. Volvieron a ser expulsados en 1396 por Carlos VI

La prohibición en Inglaterra

Mientras que los judíos de algunos países fueron expulsados, otros países simplemente les prohibieron la entrada.

A finales del siglo XIX, Inglaterra era el refugio de decenas de miles de judíos que habían escapado de la opresión en Rusia. La mayoría de los inmigrantes habían llegado a la parte oriental de Londres. El flujo continuo de inmigrantes comenzó a despertar la oposición de muchos legisladores británicos. Algunos ya en 1880 comenzaron a llamar a la ola inmigratoria “la invasión de extranjeros”. Muchos consideraban a esos judíos como parias, o un “estado sin estado”. Con el incremento de la xenofobia, se propusieron leyes para limitar ese flujo hacia Gran Bretaña.

El 11 de agosto de 1905, el diez de av, se aprobó la Ley de Extranjeros. Esta permitía que un oficial de inmigración negara la entrada a un “inmigrante indeseable”, definido como aquél que no tenía medios para ganarse la vida, uno que es juzgado como un lunático, o uno que fue convicto por un crimen no político. La ley también permitía la expulsión de aquellos que ya habían inmigrado y eran considerados indeseables.

Al aprobarse la ley de extranjeros, las restricciones a la inmigración se volvieron legales. Esta política británica contra la inmigración con el tiempo se volvió cada vez más estricta. Esto también impactó sobre la política norteamericana, y en 1924 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la ley Johnson Reed que restringió severamente el flujo de inmigrantes de Europa Oriental. Estas restricciones permanecieron a lo activas durante el Holocausto, lo cual tuvo graves implicancias para los judíos europeos que necesitaban con desesperación un lugar a donde poder escaparse.

En Israel

El diez de av de 1929, el odio árabe hacia el sionismo volvió a convertirse en disturbios a gran escala.

Los árabes de Jerusalem conocían muy bien el significado del Muro Occidental para los judíos y utilizaron ese sitio sagrado para incitar en contra del sionismo. Unos pocos meses antes, los británicos cedieron a las demandas árabes de limitar las plegarias en el Muro Occidental. En medio de los servicios de Iom Kipur, entraron soldados británicos a la zona del Muro Occidental y retiraron la mejitzá, el biombo que separa entre hombres y mujeres durante la plegaria.

Mientras tanto, el Mufti de Jerusalem, Haj Amin Al-Husseini, alentó a las masas acusando a los judíos de atacar lugares sagrados musulmanes. El 16 de agosto de 1929, cuando se inauguró la puerta recién construida cerca del Muro, los fieles judíos fueron atacados a pesar de las promesas británicas.

Al día siguiente, miles de árabes armados con palos, espadas y dagas se reunieron en la Mezquita de Omar para escuchar apasionados discursos cargados de odio. El grito de “muerte a los judíos” se esparció por toda la Tierra Santa. Durante los diez días siguientes, los motines árabes cobraron la vida de 133 judíos y dejaron 339 heridos. En Jevrón y en todas partes las comunidades judías fueron devastadas por las turbas árabes.

En todo el mundo árabe se organizaron demostraciones masivas en simpatía con los árabes palestinos. En Iraq se reunieron 10.000 personas furiosas por las víctimas de “la agresión sionista británica”. Esto presionó a que Inglaterra cediera a los términos árabes: el Libro Blanco de Passfield de 1929 y el Libro Blanco de MacDonald de 1939 impusieron severas restricciones a la inmigración judía a la Tierra de Israel, sujeto al consentimiento árabe.

En el 2005, el diez de av, el gobierno de Israel comenzó la retirada de Gaza, y 9.000 residentes judíos fueron expulsados de sus hogares. A pesar de las manifestaciones masivas en contra de la retirada y de la campaña de la cinta anaranjada, el Primer Ministro Ariel Sharon implementó el plan con la esperanza de reducir las preocupaciones de seguridad y reducir el problema demográfico de un millón y medio de árabes de Gaza. Al completar la evacuación, las 21 comunidades judías de Gaza fueron arrasadas y destruidas. Sólo quedaron de pie las sinagogas, que fueron incendiadas por las turbas árabes.

La destrucción del Templo, que continuó hasta el Diez de Av, fue un desafortunado presagio de las tragedias que le ocurrirían al pueblo judío en este día fatídico.