Estuve a una radiografía de distancia de tener mi mano derecha enyesada.

Gracias a Dios, eran solamente tendones desgarrados y tenía que dejarla descansar por unos días.

No manejar. No escribir en el computador. No cepillarme los dientes adecuadamente, no lavar los platos y otras actividades diarias que doy por sentado.

¿Acaso nos damos cuenta de cuanto necesitamos algo mientras lo tenemos… o incluso cuando no lo tenemos?

Nos olvidamos…

Mi lesión ocurrió durante las Tres Semanas, el periodo más triste del año judío, en el cual estamos de duelo por la destrucción del Sagrado Templo de Jerusalem y por todo lo que este representa.

Y recordé el famoso versículo, “Si me olvidase de ti, oh Jerusalem, deja que mi mano derecha olvide [su habilidad]” (Salmos, 137:5).

Nunca lo había pensado antes, pero, ¿qué significa “deja que mi mano derecha olvide [su habilidad]”?

Vi varias explicaciones interesantes.

Nadie puede imaginarse funcionando sin una mano derecha, y es inconcebible que alguien pueda llegar a olvidar algo así. Es igualmente imposible que nosotros olvidemos Jerusalem, un concepto inextricablemente ligado a quien somos como judíos.

De hecho, que el judío olvide Jerusalem equivale a olvidar a Dios, porque Dios está siempre a nuestra derecha – “Siempre he puesto a Dios delante de mí; No flaquearé porque Él está a mi diestra” (Salmos, 16:8).

Otra explicación para el famoso versículo “Si me olvidase de ti, oh Jerusalem, deja que mi mano derecha olvide [su habilidad]”, es que Dios le está diciendo esto al pueblo judío, es decir, Él promete nunca abandonar permanentemente a Jerusalem. Que Él hiciera esto equivaldría a que un ser humano abandonara su mano derecha.

El pueblo judío es la "mano derecha" de Dios.

Jerusalem es la "mano derecha" del judío.

Hay una conexión natural, innata.

Sí, es verdad, las personas pueden arreglárselas con una sola mano o con otras discapacidades, pero ciertamente no es lo ideal.

Y sí, es verdad que los judíos están viviendo hoy en abundancia física y espiritual sin el Sagrado Templo de Jerusalem.

Pero no es lo ideal. No es natural.

Mi mano derecha estrecha las manos de un cliente… Me ayuda a navegar por esta página… Levanta mi taza para tomar…

Cuando nos demos cuenta de que Jerusalem también puede estrecharnos a nosotros, ayudarnos a navegar y levantarnos incluso más alto de lo que estamos ahora, entonces, existirá la posibilidad de que tengamos el mérito de retornar al Sagrado Templo, rápidamente y en nuestros días.