Desde un punto estratégico de una de las bulliciosas calles de la Ciudad Vieja de Jerusalem, miro desde arriba al Cardo, una antigua calle romana parcialmente restaurada, construida cuando Jerusalem yacía en ruinas. Me maravillo: los conquistadores romanos y sus restos son sólo una popular parada turística, mientras que los judíos, derrotados y exiliados, están aquí: un pueblo vivo, vibrante y en crecimiento.

La capacidad judía para sobrevivir es asombrosa. Tantos intentos de eliminarnos, tanta persecución y destrucción – y seguimos aquí. ¿Cuál es el secreto?

Encontré algunas respuestas en el Talmud, en la página que describe tan conmovedoramente los últimos días de Jerusalem antes de ser destruida por los romanos.

El Talmud nos dice que uno de los líderes judíos de la época, Rabí Iojanán ben Zakai, había salido ilegalmente de la sitiada ciudad de Jerusalem. Su misión: encontrarse con Vespasiano, el comandante de las fuerzas romanas, para tratar de salvar al pueblo judío.

El Talmud (Guitín 56b) relata lo que ocurrió.

Rabí Iojanán saludó al comandante: "Que la paz esté sobre usted, rey".

Vespasiano respondió: "Mereces ser ejecutado, yo no soy el rey".

Momentos después, llegó un mensajero de Roma y le anunció a Vespasiano: "Levántese. El emperador está muerto y el senado lo ha designado líder".

Vespasiano, impresionado por la predicción de Rabí Iojanán, le dijo: "Pídeme lo que quieras y te lo concederé".

Rabí Iojanán le pidió tres cosas al recientemente designado emperador de Roma:

  1. Que tuviera piedad sobre la Ieshivá en la ciudad de Iavne y sus sabios.

  2. Que tuviera piedad sobre la familia de Rabán Gamliel [descendientes del Rey David].

  3. Que le proveyera doctores para curar a Rabí Tzadok [un hombre santo que ayunó y rezó durante 40 años para evitar la destrucción del Templo].

¿Qué está pasando aquí? Imagina la escena. Los judíos están al borde de un desastre nacional y, ¿todo lo que pide es salvar una pequeña Ieshivá, curar a un rabino viejo y enfermo y proteger a una familia de sangre azul?

¿En qué estaba pensando este rabino?

Por el otro lado, no podemos discutir sobre su éxito: el plan de Rabí Iojanán ben Zakai funcionó – el pueblo judío sobrevivió. ¿Por qué?

Rabí Iojanán pidió cosas que son la esencia del pueblo judío: la Torá, el deseo de conectarse y tener una relación con Dios, y la inquebrantable creencia judía en un futuro mejor y pacífico en los días del Mesías.

El Poder de la Torá

La Torá tiene un asombroso poder de regeneración. Un pequeño grupo de judíos estudiando Torá crecerá y se expandirá. Inevitablemente, sus ideas se esparcirán en la diáspora, inspirando a los judíos a continuar siendo judíos.

Atestiguamos este asombroso fenómeno en nuestro tiempo. En la Unión Soviética un pequeño grupo de judíos comenzó a estudiar Torá a pesar del peligro. Eventualmente, esta red clandestina de grupos de estudio se convirtió en miles, volviéndose parte importante del resurgimiento de la judería rusa.

En el lapso de dos generaciones, los pocos refugiados sobrevivientes vieron un renacimiento casi milagroso del estudio de Torá.

Antes del Holocausto había unos pocos miles de judíos enrolados en todas las Ieshivot de Europa. Hitler destruyó las Ieshivot de Europa, quemó sus libros sagrados y asesinó a sus líderes rabínicos. En el lapso de dos generaciones, los pocos refugiados sobrevivientes, que comenzaron de cero en América e Israel con un puñado de estudiantes, vieron un renacimiento casi milagroso del estudio de Torá. ¡Hoy en día hay más estudiantes en una de las Ieshivot importantes de Jerusalem que en todas las Ieshivot de la preguerra combinadas!

Similarmente, el movimiento de los baalei teshuvá (personas que retornan al judaísmo) comenzó a finales de los 60 con unos pocos individuos que querían enseñarle Torá a los jóvenes judíos de los países angloparlantes. Sus primeros y pocos estudiantes se convirtieron en decenas de miles, gracias al asombroso poder de la Torá.

Volver al Futuro

El segundo pedido de Rabí Iojanán fue preservar la dinastía davídica, la línea de la cual vendrá el Mesías, el futuro rey de Israel. Con este pedido, Rabí Iojanán estaba expresando la creencia y la esperanza que sustentó y energizó al pueblo judío por milenios – que un universo lleno de paz no sólo es posible, sino inevitable.

Aprendiendo a Conectarse

El Templo había sido el lugar de adoración para los judíos durante más de 400 años, el lugar donde iban a rezar y a satisfacer su deseo de conectarse con Dios. Con su destrucción, los sobrevivientes y las generaciones que les seguirían necesitarían nuevas estrategias y habilidades para construir una relación con Dios.

Rabí Tzadok, un hombre santo que había pasado tantos años rezando, les enseñaría. Él era el experto, él era un tesoro nacional que debía recuperar su buena salud para que los judíos pudieran aprender a mantener su conexión con Dios, para que aprendieran a rezar incluso después de la destrucción.

La plegaria es una parte integral del arsenal judío. A través de los siglos, los judíos perseveraron, se sobrepusieron y sobrevivieron gracias a la plegaria.

Con sus tres atrevidas peticiones, Rabí Iojanán nos estaba enseñando el secreto de la supervivencia judía. Sin Torá, el judaísmo no sobreviviría. Sin una absoluta esperanza en el futuro judío, el pueblo judío no sobreviviría. Sin plegaria y una firme conexión con Dios, los judíos no sobrevivirían.

Mi suegra es sobreviviente del Holocausto. Cuando habla en las celebraciones familiares, a menudo cuenta sus experiencias en Auschwitz. A pesar de que ella relata muchas historias diferentes, su final es siempre el mismo. ¡Am Israel Jai, la nación de Israel vive!

Tishá B’Av es un momento para recordar las tragedias que le acontecieron al pueblo judío pero, así como lo vio Rabí Iojanán con tanta claridad, también es un momento para enfocarnos en la esperanza, el futuro y el renacimiento.

¡Am Israel Jai!