Después de celebrar la liberación del yugo del antiguo Egipto, los judíos marcan en el calendario Iom HaShoá, el Día del Holocausto. La fecha fue elegida para conmemorar la revuelta en el Gueto de Varsovia, un evento en el que un puñado de judíos se atrevió a confrontar al “faraón todopoderoso”. Pero la historia de nuestros hermanos en el gueto no tuvo un final feliz: el Mar Rojo no se abrió para que los perseguidos pudieran escapar, y tampoco fueron sus enemigos atacados duramente por la mano divina. En cambio, los pocos sobrevivientes del infierno del gueto terminaron sus vidas en el torbellino de la muerte de Treblinka.

El Gueto de Varsovia fue uno de los muchos guetos que los alemanes establecieron en muchas ciudades europeas. Los guetos fueron creados con el único objetivo de mantener a la población judía encerrada para evitar que tuvieran contacto con sus vecinos cristianos. Los alemanes forzaron a cientos de miles de judíos a vivir abarrotados en esos lugares que normalmente hubieran contenido a un décimo de la población.

Los judíos del gueto, al igual que los que todavía vivían “libres” en otras ciudades, fueron obligados a coser una Estrella de David amarilla en sus ropas para que los cristianos pudieran identificarlos con facilidad. Las rigurosas leyes antijudías que los alemanes promulgaron en 1935, seguidas de leyes similares en Italia en 1938 y luego en Francia, Eslovaquia, Hungría y otros países, evitaban que los judíos socializaran con los cristianos, prohibiéndoles trabajar en puestos estatales y en posiciones académicas, o desempeñarse en profesiones como leyes o medicina, al igual que muchas otras restricciones, incluyendo la pérdida de la ciudadanía. Estas leyes constituían serias violaciones a los derechos humanos y fueron los primeros pasos en un proceso gradual de deshumanización de los judíos que posteriormente dio paso al genocidio.

¿De dónde sacaron los alemanes todas estas ideas? ¿Qué funcionario maquiavélico pensó todo esto? Cuando los nazis asumieron el poder en 1933 descubrieron que no necesitaban inventar casi nada para su persecución de los judíos, porque la Iglesia Católica había inventado prácticamente todo, cientos de años antes.

Cuando Hitler llegó al poder, encontró que la población ya odiaba profundamente a los judíos.

La insignia amarilla en sus prendas, la prohibición de ocupar cargos públicos, la prohibición de tener empleados cristianos, la quema del Talmud, la prohibición de vivir junto a los cristianos, la prohibición de pertenecer a gremios o de trabajar en la industria, los guetos, todas esas violaciones de derechos humanos básicos que asociamos con la tiranía nazi fueron promulgadas entre 400 y 700 años antes de los nazis por la Iglesia Católica. Durante casi dos milenios, a los cristianos se les enseñó que el cristianismo reemplazó al judaísmo, y que los judíos eran malvados, que estaban determinados a destruir el cristianismo y que eran los asesinos de Jesús.

Por lo que no debería sorprendernos mucho que cuando Hitler llegó al poder encontró que la población ya odiaba profundamente a los judíos. Ese odio había sido implantado y cultivado por el cristianismo prácticamente desde el comienzo del movimiento cristiano en el primer siglo de la era común. Un odio verbal que comenzó como una lucha fraternal dentro del judaísmo, y que con el tiempo y el distanciamiento de los primeros cristianos de la corriente principal del judaísmo (a medida que el cristianismo ganó fuerza entre los pueblos paganos del Imperio Romano) se transformó en un odio violento, visceral e irracional.

El movimiento cristiano acusó a los judíos de matar a Jesús y de rechazar su misión mesiánica. Como consecuencia, los primeros cristianos desarrollaron la idea de que el judaísmo quedaba relegado al segundo plano mientras que el cristianismo lo reemplazaba. En ese tiempo, los cristianos creían que Dios consideraba a los cristianos el “Nuevo Israel” y el nuevo “Pueblo Elegido”. Comenzaron a llamarle a la biblia cristiana el “Nuevo” Testamento y a la hebrea el “Viejo” Testamento, sugiriendo nuevamente que la religión judía se había tornado superflua.

A pesar de la opresión y las dificultades, los judíos no desaparecieron. Esta tenacidad para sobrevivir y su continuo rechazo a la aceptación de Jesús como el Mesías, llevó a un aumento del odio cristiano hacia los judíos. Los Padres de la Iglesia, cuyos escritos formaron la base del cristianismo que conocemos hoy en día, escribieron sobre los judíos de manera comparable a los nazis. Como dijo San Ambrosio, conocido como el “obispo de la lengua de oro”, en 374 EC:

“Los judíos son los hombres menos valiosos de todos. Son lascivos, avaros, rapaces. Son los pérfidos asesinos de Cristo. Adoran al Demonio. Su religión es una enfermedad. Los judíos son los odiosos asesinos de Cristo y por matar a Dios no hay expiación posible, indulgencia ni perdón. Los cristianos nunca deben dejar de vengarse, los judíos deben vivir en esclavitud para siempre. Dios siempre odió a los judíos. Es esencial que todos los cristianos los odien también”.

Lo que dijo San Juan Crisóstomo, obispo de Antioquía, unos cuantos años después, no fue mucho mejor:

“En donde los asesinos de Cristo se reúnen, la cruz es ridiculizada, Dios es blasfemado, el padre no es reconocido, el hijo insultado y la gracia del Espíritu rechazada… Si los ritos judíos son santos y venerables, nuestro estilo de vida debe ser falso. Pero si nuestro estilo de vida es verdadero, ¡y verdaderamente lo es!, el de ellos es fraudulento. No estoy hablando de las Escrituras. ¡Nada de eso!... Estoy hablando de la falta de piedad y demencia que ellos muestran actualmente”.

Durante la Edad Media los cristianos comenzaron a asociar a los judíos con el Diablo. Era natural hacer esta asociación para una población que ya estaba acostumbrada a leer en los Evangelios oraciones como: “Le perteneces a tu padre, el diablo, y quieres llevar a cabo el deseo de tu padre”. Los pensadores cristianos se preguntaron qué tipo de criatura rechazaría la verdad y mataría a Dios, y concluyeron que sólo un agente inhumano de Satán podría actuar de esa manera. La espiral descendente llevó a muchos cristianos europeos, cuya mayoría nunca había visto a un judío, a crear una concepción fantástica de los judíos que no estaba basada en la realidad.

El Iluminismo transformó al anti-judaísmo del cristianismo teológico en algo moderno, secular y seudo-científico.

La Revolución Francesa causó la emancipación de los judíos, quienes dejaron rápidamente los guetos y en gran parte se asimilaron a la población cristiana de las ciudades a las que se mudaban. El Iluminismo transformó al anti-judaísmo del cristianismo teológico en algo moderno, secular y seudo-científico, prerrequisito sine qua non (absolutamente indispensable) para una población que estaba adoptando con rapidez una visión moderna del mundo, alejada del yugo de su religión. Fue en este entorno cultural que el antisemitismo se transformó en algo racial, y fue en los siglos 19 y 20 que las viejas acusaciones de deicidio (asesinato de dios), de envenenar pozos de agua, de traer la Peste Negra, de matar niños cristianos para extraer su sangre para hacer matzá, y de muchas otras acusaciones sin fundamentos que se transformaron en acusaciones modernas en las que los judíos eran culpados por la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, por el desempleo, por la inflación, y acusados de crear y fomentar revoluciones, de modernismo, de capitalismo, de comunismo y de muchas cosas más.

Los nazis heredaron esta concepción del “judío”. Hitler fue educado como católico, él se impregnó de las enseñanzas anti-judías tradicionales del cristianismo, y se aprovechó al máximo de ellas para promover su plan. Como les dijo a dos obispos católicos alemanes en 1933:

“La Iglesia Católica consideró pestilentes a los judíos por 1,500 años, los puso en guetos, etc., porque reconoció a los judíos por lo que eran… yo sólo estoy volviendo atrás, a la época en que fue implementada esta tradición de 1,500 años… Reconozco que los representantes de esta raza son una pestilencia para el estado y para la iglesia, y quizás le estoy brindando al cristianismo un gran servicio al sacarlos de las escuelas y de los cargos públicos”.

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Una Nota del Autor: El antisemitismo en el cristianismo y su rol en el Holocausto

Gracias a todos por sus comentarios. Un punto importante a mantener en mente es que este artículo no describe a los cristianos modernos o al cristianismo. El foco de este artículo (y del libro) está en cómo la historia del cristianismo llevó al Holocausto, particularmente como ocurrió en Europa. La Iglesia Católica se reunió en la década del 60 en el Segundo Concilio Vaticano y quitó la acusación de deicidio. Pero para los lectores cristianos que fueron criados después de 1965, deberían saber que antes de eso el cristianismo enseñaba que los judíos eran los asesinos de Cristo, y que todos los judíos del tiempo de Jesús, y para siempre, eran culpables de su muerte: ‘¡Deja que su sangre esté sobre nosotros y sobre nuestros hijos!’ (Mateo 27:24-25). Esto les ocasionó indescriptibles miserias a los judíos durante siglos de persecución. Los cristianos eran encolerizados por obras dramáticas representando la pasión de Cristo y por la liturgia del Viernes Santo y salían a matar a los judíos indiscriminadamente. Las enseñanzas negativas sobre los judíos eran penetrantes, comenzando con el Nuevo Testamento (sólo los cuatro Evangelios y los Actos de los Apóstoles contienen 450 versículos antisemitas, ¡un promedio de dos por página!) y continuando con los escritos de los Padres de la Iglesia, Martín Lutero y otros pensadores y teólogos cristianos. Los sacerdotes de todos los lugares de Europa menospreciaron constantemente a los judíos en sus sermones durante siglos, inclusive durante la era nazi.

En otras palabras, hay una triste historia que se ha repetido mucho y durante mucho tiempo. Muchos de los perpetradores del Holocausto vieron o escucharon de sus padres y abuelos sobre los guetos que la Iglesia había instituido no en el nombre de Hitler sino en el de Jesús. Piensa en esto: ¡las paredes del gueto romano, literalmente de un lado al otro del Tíber desde el Vaticano, fueron destruidas por última vez en 1870!

La mayoría de los cristianos de hoy en día no albergan este odio hacia los judíos. Muchos cristianos ayudaron a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero más allá de lo bueno que sea eso, desafortunadamente fue una pequeña gota en un océano gigante de violencia hacia los judíos que provenía de otros cristianos. Hoy en día, particularmente en los Estados Unidos, muchos cristianos son amigos de los judíos y de Israel. Esto es algo bueno. Es mi esperanza que por medio de discusiones sanas como esta, y de educación sobre historia como en mi libro Seis Millones de Crucifixiones, se forjen nuevos lazos, y que los lazos preexistentes se fortalezcan. Incluso con el gran progreso del Segundo Concilio Vaticano y sus enseñanzas subsecuentes, todavía hay mucho trabajo que hacer para eliminar completamente el antisemitismo del cristianismo.

Basado en el libro del autor: “Six Million Crucifixions: How Cristian Teachings About Jews Paved the Road to the Holocaust”.