Dos veces en los últimos años los carteles de entrada sobre las puertas principales de algunos de los más infames campos de concentración de Europa —carteles que llevan la leyenda Arbeit Macht Frei, o ‘El trabajo te hace libre’— han sido robados.

Neo-Nazis de Suecia robaron el infame cartel sobre la entrada de Auschwitz en el 2009; fue luego rastreado y recuperado por la policía. El robo más reciente fue en Dachau en donde un estimado de 45.000 personas fueron asesinadas.

En algún momento durante la noche del domingo 2 de noviembre de 2014, ladrones se escabulleron con una parte del cartel de Arbeit Macht Frei de Dachau —fabricado por esclavos judíos durante el Holocausto— que señalaba la entrada al campo. “Es el símbolo central del sufrimiento de los prisioneros en el campo de concentración de Dachau y por lo tanto ha golpeado al memorial en su corazón”. Dijo la directora del memorial conmemorativo de Dachau, Gabriela Hammermann. “El robo de un objeto tan simbólico es un ataque ofensivo a la memoria del Holocausto”, publicó el Museo del Holocausto Yad Vashem en Israel”.

Hoy en día el Holocausto está siendo lentamente olvidado.

La alarma que activó este robo refleja un profundo cambio en la forma en que la memoria del Holocausto es preservada hoy en día. Hasta hace poco, los sobrevivientes que presenciaron los horrores de esa era de primera mano, estaban presentes en nuestras comunidades; ellos eran capaces de educar y recordarnos a nosotros sobre el momento más oscuro de la humanidad. Sin embargo, hoy en día, esa era está llegando a su fin. A medida que la generación que sobrevivió el Holocausto envejece y fallece, nuestra memoria y compresión del Holocausto queda en riesgo de empobrecerse. Como resultado, el Holocausto está siendo lentamente olvidado.

Las estadísticas demuestran esto. Una encuesta realizada por la Liga Anti-difamación encontró que aproximadamente la mitad de las personas en el mundo simplemente nunca han escuchado sobre el Holocausto. Y dentro de la mitad que sí han escuchado sobre él, un tercio no cree que el Holocausto realmente haya ocurrido: creen que es un artificio inventado por una conspiración determinada a engañarlos.

Incluso en países modernos y occidentales, el conocimiento sobre el Holocausto está deteriorándose rápidamente. Una encuesta en 1993 encontró que el 58% de los adultos y 53% de los estudiantes de secundaria en los Estados Unidos, no fueron capaces de responder la pregunta “Según lo que tú sabes, ¿a qué se refiere el término Holocausto?”. En el 2012, una encuesta encontró que el 67% de los estudiantes franceses entre 15 y 17 años, desconocían la deportación de judíos de París en 1942, a pesar de que el tema es enfatizado en las escuelas de Francia.

En Inglaterra, recordar el Holocausto se ha vuelto algo de carácter político; la mayoría de los años, el influyente Consejo Musulmán de Inglaterra boicotea el día conmemorativo del Holocausto, y en el 2014, estudiantes en la Universidad de Goldsmiths en Londres votaron no marcar un día internacional de recuerdo del Holocausto, protestando que conmemorar el Holocausto era “Eurocentrista” y colonial.

La ignorancia sobre el Holocausto también perjudica la habilidad de las personas de reconocer el antisemitismo de hoy en día. El verano pasado se vieron grandes multitudes reunidas en capitales europeas para marchar y manifestar simpatía con Hamás —cantando en momentos “Hamás, Hamás, judíos al gas”—. El acta constitutiva de Hamás repite clásicos eslóganes Nazis. Un ejemplo: “con su dinero, ellos (los judíos) tomaron control de los medios mundiales… Con su dinero ellos movilizaron revoluciones en varias partes del mundo” (Acta constitutiva de Hamás, articulo 22). Una población completamente ignorante de aquellas calumnias Nazis ha perdido su habilidad de entender y condenar el antisemitismo hoy en día.

Somos la última generación en conocer sobrevivientes del Holocausto, la ultima generación en escuchar en primera persona recuentos de las atrocidades Nazis. Tenemos la responsabilidad única de contar sus historias, de difundir sus testamentos.

Aquí hay tres sugerencias de formas en que podemos maximizar nuestra habilidad de transmitir este legado.

1. Escucha a sobrevivientes

Hace varios años mi esposo y yo asistimos a una conferencia judía con una amplia variedad de panelistas. Examinando las opciones, mi esposo sugirió que asistiéramos a una charla impartida por un sobreviviente del Holocausto en vez de otras sesiones que sonaban muy tentadoras. “No tendremos muchas más oportunidades de escuchar a personas como esta”, explicó él, mientras íbamos a escuchar su charla.

Después, pensé en mis abuelos y en el legado que me dejaron. Ellos se refugiaron en Viena y escaparon en el último momento posible. La mayoría de su familia y amigos fueron asesinados. Yo crecí escuchando historias de la conquista Nazi de Austria: como las personas vitoreaban en las calles después de la Anschluss, como antiguos amigos y socios de negocios repentinamente acusaron a judíos que habían conocido durante años. Mi abuela me contó sobre los parientes que perdimos, quienes no tienen tumbas: nuestras conversaciones y el hecho que ella me enseñara sus nombres son sus únicos monumentos.

Hubo también otros detalles que merecen ser recordados: el oficial alemán que acordó encontrarse con mi abuelo fuera de horario y le dio una preciada visa, salvando su vida; el judío ortodoxo dueño de un negocio en Chicago quien le prestó a un pobre empleado miles de dólares —con gran sacrificio personal— para que pudiera sacar a nuestra familia de Europa. Ahora yo soy la protectora de estos recuerdos. Estoy agradecida de haberlos aprendido para poder transmitirlos.

2. Vincular a nuestros hijos

Cuando mi esposo y yo planificábamos las celebraciones de Bar Mitzvá de nuestro hijo hace poco tiempo atrás, dimos un paso inusual: en vez de que nuestro hijo condujera todo el rezo, como algunos de sus pares han hecho, le pedimos a un miembro de nuestra congregación que guiara parte del servicio en vez de él. Este congregante y amigo es un sobreviviente del Holocausto, y además de querer honrarlo en el gran día de nuestro hijo, también queríamos conectar a nuestro hijo con su historia: que nuestro hijo recordara toda su vida que en su Bar Mitzvá, una parte del rezo fue conducida por alguien que sobrevivió el Holocausto y sus horrores.

Nuestros hijos son la última generación que habrá escuchado sobre el Holocausto de primera mano. Busca oportunidades de conectarlos con sobrevivientes, hazlo ahora, mientras aún puedes. Ellos son nuestro futuro.

3. Profundiza tu conocimiento y habla

Aprende más sobre el Holocausto. Lee libros, mira películas, profundiza tu conocimiento y entendimiento. Reconoce que tenemos una obligación de enseñar, de hablar cuando vemos que el Holocausto está siendo minimizado o tergiversado, cuando la ignorancia amenaza con borrar las lecciones de esta era.

Un general estadounidense que estuvo presente en la liberación de Dachau, el Brigadier General Felix Sparks, recordó la liberación de Dachau:

La primera evidencia del horror fue una línea de unos cuarenta vagones de tren en un costado junto a la entrada del campo. Cada vagón estaba cargado con cadáveres humanos demacrados, tanto hombres como mujeres… La escena junto a la entrada del área de reclusión paralizó mis sentidos. El Inferno de Dante palidecía en comparación con el verdadero infierno de Dachau. Una fila de pequeñas estructuras de cemento junto a la entrada a la prisión contenía un crematorio a carbón, una cámara de gas y habitaciones repletas de pilas de cadáveres humanos demacrados y desnudos. Cuando me volteé a mirar hacia el patio de la prisión con ojos incrédulos, vi un gran número de prisioneros muertos tirados ahí donde habían caído en las últimas horas o en los días previos a nuestra llegada. Debido a que la mayoría de los cuerpos estaban en variadas etapas de descomposición, la pestilencia a muerte era abrumadora.

Esta es la historia que los ladrones que robaron el cartel en Dachau amenazaron con borrar. Al profanar el memorial, ellos pueden haber esperado debilitar nuestra conexión con el Holocausto, disminuir nuestra habilidad de recordar sus detalles. No podemos dejar que esto ocurra.