El Sr. Yosef Friedenson falleció en el Shabat anterior a Purim, el Shabat conocido como Shabat Zajor, el Shabat del Recuerdo, en el que recordamos lo que le hizo Amalek al pueblo judío. Esto era sumamente apropiado para mi Zeidi, quien vivió muchos años de sufrimiento a causa de los nazis y quien dedicó su vida a compartir sus recuerdos de esos tiempos. Sin embargo, esos recuerdos nunca eran amargos. (A pesar de que él era el abuelo biológico de mi esposa, igualmente tuve el privilegio de forjar una relación tan cercana con él que también lo llamo mi Zeidi).

Zeidi nunca hablaba mal de los soldados que lo golpearon. Nunca hablaba sobre los fusilamientos diarios que ocurrían a su alrededor. Nunca hablaba sobre toda su familia y la gente de su pueblo que fue llevada a la cámara de gas. Zeidi hablaba sobre la interminable fe y la fortaleza espiritual que mostraron los judíos durante los horrores del Holocausto. Hablaba sobre los judíos que compartían sus últimas migajas de pan con niños y familias hambrientas, sin saber si volverían a recibir provisiones ni cuándo. Hablaba sobre la fe inquebrantable del judío simple en los campos de muerte, o lo que él llamaba las universidades de las atrocidades nazis. Zeidi se graduó de siete universidades de atrocidades nazis con su sólida fe en Dios intacta. Nos hizo felices hablándonos sobre la nación judía y sobre nuestra condición de eternos y únicos, usando siempre el término indestructible.

Yosef Friedenson nació en Lodz, Polonia. Durante su adolescencia asistió a la ilustre Ieshivá Jojmei Lublin hasta que estalló la guerra en 1939. En 1941 fue enviado junto con su familia al Gueto de Varsovia. Guitel Lea, su prometida, fue metida en el gueto clandestinamente para que pudieran casarse.

Zeidi venía de una familia prominente. Su padre, Eliezer Guershom Friedenson, fue uno de los socios fundadores del movimiento Beit Yaakov junto a Sara Schneirer.

Siendo un gran activista de Agudat Israel, Zeidi continuó su trabajo en Estados Unidos en 1951. Fue el editor fundador de Dos Yiddishe Vort, un periódico mensual en idish. Cuando las personas que hablaban idish comenzaron a menguar, él mismo comenzó a escribir la mayoría del periódico, y mantuvo su posición en el periódico hasta el día de su muerte.

Tenía el talento único de hablar alemán y polaco, algo muy extraño para un judío jasídico de Lodz. Fue una herramienta muy útil para su supervivencia en los campos, ya que lo volvió útil para los nazis. Nos contó cómo antes de un Pesaj en Starchowitz, un campo de labores forzadas, logró negociar para conseguir un poco más de harina de la cocina y pudieron hornear matzá. Cuando el comandante del campo entró y los vio comiendo matzá, le gritó a Zeidi: "¡Friedenson, fres broidt, ‘come pan’! No comas esas galletas, no te darán ninguna clase de sustento. ¿Qué son esas galletas?".

Incluso para el guardia alemán era obvio, durante esos tiempos de horror y desesperanza, que el pueblo judío es indestructible.

Después de explicarle que era Pesaj y que los judíos tenían prohibido comer pan, el comandante se enfureció. "Tu Dios te ha abandonado, ¿y tú aún crees en Él? ¿Comes esas galletas sólo porque Él te dijo? Tu Dios te ha abandonado por completo, ¿no lo ves?".

Las palabras del comandante dejaron perplejo a todo el grupo; ellos reconocían la terrible situación en la que se encontraban. Mientras buscaba una respuesta, un judío llamado Akiva Goldschtof elevó la voz: "No, Dios no nos ha abandonado por completo. Es cierto que nos ha puesto temporalmente en esta situación, pero no por completo y no para siempre". Zeidi dijo que esas palabras resonaron entre los prisioneros del campo hasta que fueron transferidos a Auschwitz en 1944.

Antes de dejar Starchowitz, mientras el grupo pasaba a través de las puertas camino a Auschwitz, un soldado alemán llamado Bruno Papa se dirigió a mi abuelo y dijo: "Friedenson, ¿recuerdas lo que dijo Goldschtof, no por completo y no para siempre? Estarán bien. Su Dios los cuidará". Zeidi señalaba que incluso para el guardia alemán era obvio, durante esos tiempos de horror y desesperanza, que el pueblo judío es indestructible.

El Sr. Friedenson con algunos de sus bisnietos.El Sr. Friedenson con algunos de sus bisnietos.

En lugar de enfocarse en el inimaginable infierno y sufrimiento del Holocausto, Zeidi se encargó de contarles a las nuevas generaciones otras facetas que a menudo eran olvidadas: la Providencia Divina y la promesa de la eternidad del pueblo judío; la heroica dedicación de sus parientes para hacer mitzvot a pesar de arriesgar sus vidas; la fe y el coraje indestructibles de sus abuelos.

Zeidi vivía con un lema: Ver hut guejulemt, ‘quién hubiese soñado’… Cuando nacía un nuevo bisnieto, cuando un nieto terminaba un tratado del Talmud o cuando se ponían de pie orgullosos para preguntar las Cuatro preguntas en la noche del Séder, esta era la expresión en su cara. Quién hubiese soñado cuando partimos rumbo a Auschwitz en Tishá B’Av de 1944 que viviríamos para ver esto. Se sentaba y sonreía como si cada una de esas ocasiones fuese su venganza privada en contra de Hitler y los nazis.

Se sentaba y sonreía como si cada una de esas ocasiones fuese su venganza privada en contra de Hitler y los nazis.

Mi recuerdo favorito ocurrió hace unos años cuando estábamos sentados en la mesa de Shabat. Estábamos cantando viejos clásicos jasídicos de las muchas dinastías de la pre guerra. De repente, se detuvo y dijo: "Acabo de recordar una historia que nunca le conté a nadie".

Dijo que en los campos había un judío jasídico llamado Meilij Rubenson, que hacía un melave malka, una comida después de Shabat, todos los sábados por la noche. "Esta comida no involucraba ningún alimento... no había ningún alimento para comer. Lo que se hacía era cantar. Rubenson reunía un grupo de judíos y cantábamos esta canción: 'Dios le dijo a Yaakov: no temas mi sirviente, no temas mi sirviente, Yaakov. No le temo a nadie salvo a Ti, Hashem'. Era para reírse, ¡una broma! Todos sabían que los alemanes estaban ganando la guerra y que teníamos pocas esperanzas. Pero este judío, con su canto y su fe, le daba fortaleza y esperanza a todos los judíos del campo. Nos dio la fortaleza para continuar".

Todos lloramos, no lágrimas de tristeza, sino de alegría, de esperanza... lágrimas que cuentan la historia de nuestro pueblo a través de miles de años de dolor y sufrimiento y, sin embargo, continuamos aquí, fuertes.

Al día siguiente de contarnos esta historia, Zeidi fue invitado a hablar en un shul en Rockland County, Nueva York. Era tres días antes de Tishá B’Av, un momento más que apropiado para que él transmitiera sus experiencias a la generación más joven. Le insistí que contara esta historia que acababa de recordar. "Zeidi, no sólo cuentes la historia, ¡canta la canción!". Y lo hizo. Mientras la audiencia sollozaba, dos jóvenes se pararon y dijeron: "Somos nietos de Meilij Rubenson. Gracias por compartir esta increíble historia sobre nuestro zeidi, nunca la habíamos oído".

El mensaje de Zeidi para la generación siguiente era que nunca debemos olvidar. Nunca debemos olvidar los horrores y los salvajes actos del Holocausto, pero tampoco debemos olvidar el coraje y la fe inquebrantable, así como la Providencia Divina, que hubo durante esos tiempos.

Que el trabajo de su vida de diseminar este mensaje, continúe siendo una fuente de mérito para él, para su familia y para toda la nación judía.