"Sé que los árabes que trabajan aquí son todos buenos", dice mi nieto Oz. Estamos sentados juntos en un comedor en un hotel de Tiberias. Estoy sorprendida y triste de que de alguna manera se dio cuenta de que los meseros son árabes. Ya hemos estado en este hotel muchas veces. Los meseros no han cambiado. Ellos conocieron al padre de Oz de niño, y han recibido alegremente a la nueva generación de huéspedes. Nadie ha mencionado la etnia de los meseros, pero de alguna manera Oz sabe y le importa. Porque ha escuchado tantas veces en su corta infancia que "hay gente buena y gente mala, judíos buenos y judíos malos, árabes buenos y árabes malos", ha llegado a la conclusión de que esos deben ser "árabes buenos".

En medio del brillo del sol en esta ciudad en el Mar de Galilea, vuelven las frías memorias del invierno. El pasado diciembre, el radio del rango de los cohetes se expandió para incluir a la comunidad agrícola en donde vive la familia de Oz. Él empalideció y durmió poco, asistiendo a la guardería bajo tierra. La ventana del living fue protegida con tablas a falta de un cuarto de seguridad, y en el parque él correría en busca de refugio al sonido de las sirenas. Fue su primera experiencia de guerra. Pero nuevamente, él acaba de cumplir sólo cinco años.

El nuevo nerviosismo de Oz alrededor de los meseros se relaciona con las preguntas que invitan a la reflexión hechas recientemente por la organización Search for Common Ground, con base en Washington, que ha pedido ensayos de personas comunes y de profesionales sobre el miedo y su impacto en el conflicto (que serán publicados en su sitio de internet). Search for Common Ground pregunta: "¿Cuáles son los miedos subyacentes que manejan nuestro conflicto, y qué tan grande es el impacto que tiene la realidad del día a día en los niveles de miedo de la gente? ¿El miedo predomina sobre la esperanza? Y si es que predomina, ¿cómo puede uno utilizar la esperanza para superar el miedo?

Hay una introducción al Pedido de Ensayos para incentivar el pozo de los pensamientos. "El miedo israelí está asociado con una profunda historia de 2,000 años de persecución judía culminando en el trauma del Holocausto y los miedos por la continuidad de la existencia del Estado de Israel en medio de los reportes del anti-judaísmo creciente y de las acciones anti-Israel en todo el mundo".

La asunción de que nuestra lacrimosa historia judía es la causa de nuestros miedos me parece esencialmente equivocada. La experiencia personal es mucho más poderosa que la consciencia histórica.

La razón principal de nuestro miedo es la experiencia cercana y personal con eventos atemorizantes.

En Pesaj intentamos ponernos indirectamente en los pies de nuestros antepasados quienes vivieron el Éxodo de Egipto. Cuando cantamos en una melodía más bien alegre que "en toda generación, alguien se levanta en nuestra contra para destruirnos", es fácil desear ser miembros de una privilegiada nueva generación, inmune a experiencias de este tipo. Pero esperar el ataque de un misil en un refugio anti-bombas y esquivar cohetes o metralletas altera esa sensibilidad. La persecución de los judíos a través de la historia ha, en realidad, endurecido nuestro sentido de vulnerabilidad, la razón principal de nuestro miedo es la experiencia cercana y personal con eventos atemorizantes.

La década pasada comenzó con voladuras de buses y fiestas de bar-mitzvá hechas estallar en todas las ciudades principales y en muchos pueblos durante la intifada. En 2006, llovieron los cohetes desde el norte, mientras que ya estaban cayendo desde el sur. Esas experiencias nos hacen, en el año 2010, diferentes y más cautos que aquellos que comenzaron la década con una mayoría aprobando los compromisos de Camp David en el año 2000.

El dolor en el lado israelí - no del Holocausto, sino de la década pasada con los palestinos y Hizbolá - es muy poco reconocido. El ejemplo más eminente es el peregrinaje de visitantes para lamentar la destrucción en Gaza durante la Operación Cast Lead sin una referencia a los 5,700 misiles y 4,000 morteros que fueron disparados a civiles desde Gaza posterior a la liberación. Esta ceguera ante nuestra experiencia y nuestro miedo, sintetiza nuestra ansiedad sobre la confiabilidad de aquellos que nos instan a tomar más riesgos para alcanzar la paz.

Lo que muchos mediadores para la paz parecen incapaces de entender es que nuestro miedo no es una lucha con una psicosis post-Holocausto - algo que puede ser aplacado con diálogo reconfortante y con terapia - sino una constante reacción frente a constantes ataques. A pesar de los intentos de sus padres para protegerlos de una retórica demoníaca, Oz y sus compañeros de clase saben que existen enemigos que prometen matarlos, junto a mami y papi, y a los abuelos también. El miedo atenúa los riesgos que todos estamos dispuestos a tomar por la paz.

Esos extraños que minimizan el peligro son a menudo los menos vulnerables a las amenazas.

Como hemos notado hace mucho tiempo con una cierta cantidad de comprensible cinismo, aquellos extraños que minimizan el peligro son a menudo los menos vulnerables a las amenazas (toma, por ejemplo, la ironía de un líder mundial viajando en un papamóvil a prueba de balas recomendando la remoción de las barreras protectoras).

¿Puede la esperanza predominar sobre el miedo? Somos un pueblo sociable con una tradición religiosa de optimismo. Nuestra plegaria central concluye con "Dios nos concederá coraje y paz". La palabra hebrea para coraje es Oz, como ha sido llamado este mismo nieto. Pero la esperanza no es suficiente. La construcción de la confianza es el mejor antídoto para el miedo. Muéstrennos a través de palabras y acciones que nuestros miedos son irracionales y encontraremos el coraje para superarlos. Aquellos que quieran unir fuerzas y encontrar la manera de utilizar nuestros recursos mutuos para bien, por favor den un paso adelante.

Y sí, eso también requiere coraje.

Le digo a Oz que los meseros son en realidad buenos árabes, buena gente, amigos. La primera vez que llena su plato en el bufete para niños frente al comedor, yo voy con él. Pero para cuando quiere repetir, va solo, volviendo con un plato lleno de salchichas y papas fritas, sonriendo triunfalmente.

Este artículo apareció originalmente en el Jerusalem Post.