En Jerusalem, las amenazas de bomba son tan comunes como las bolsas de compras olvidadas y las carteras en lugares inadecuados. Sólo una fracción diminuta de ellos resultan ser verdaderas bombas, y sólo un pequeño número de aquellas alguna vez explotan. Pero independientemente de los números, es la misión del Escuadrón Antibomba el asegurar que Jerusalem no sea paralizada por el miedo a las bombas, y de que sus ciudadanos no vivan con miedo de salir a las calles. El tráfico vehicular y el tráfico peatonal pueden ser frustrantes en los momentos cuando todo se estanca y las calles son evacuadas, pero los zapadores de Jerusalem saben que ellos son la primera línea de defensa para mantener la capital a salvo.

Gal, de 22 años, con la cara de un niño de preparatoria y la mirada de un estudiante de primer año de colegio, es el recluta más joven de la fuerza, haciendo un trabajo que él y varias docenas de otros zapadores realizan de manera anónima aproximadamente cien veces por semana, a veces tan a menudo como treinta veces por día. Él todavía espera su "gran golpe" cuando uno de los cientos de objetos sospechosos que manipula resulte ser una verdadera bomba, poniéndolo dentro de la codiciada categoría de zapador "con experiencia". "Cada zapador quiere desactivar una verdadera bomba él mismo, independientemente del peligro. Es finalmente la adquisición de su diploma", admite Gal.

"En cuanto uno afronta un caso verdadero, se entra a un mundo diferente. No se piensa en el peligro".

El día de un zapador comienza en la oficina central del Escuadrón en la comisaría Kishle en la Ciudad Vieja de Jerusalem, que una vez sirvió como prisión turca, ocultada detrás de los minaretes y las paredes de piedra fortificadas de la Torre de David. Los zapadores, vestidos con sudaderas azules, pantalones verdes de ejército y zapatos con suela de goma, parecen un montón de profesores de gimnasia, hasta que uno nota sus armas 9 milímetros o sus .45 automáticas metidas en fundas que asoman por sus espaldas. El escuadrón está dividido en tres turnos de ocho horas, para asegurar la protección de la ciudad las 24 horas.

Afrontando el Peligro

Rami, de 28 años, acaba de llegar y espera el regreso de una de las camionetas para que él y otros de su turno puedan comenzar las maniobras de su entrenamiento diario. Los zapadores muy pocas veces tienen tiempo para holgazanear. Si ellos no fueron llamados para revisar un objeto sospechoso, ellos están en un aula estudiando algún nuevo material de antiterrorismo, o afuera practicando alguna maniobra, revisando latas de basura, o buscando autobuses vacíos o autos estacionados sospechosamente que podrían ser bombas. También podrían ser asignados al trabajo aburrido, pero necesario, de revisar una suite de hotel o un auditorio para descubrir la posible existencia de explosivos, antes de la llegada de un funcionario del gobierno o del extranjero.

"Fui atraído hacia el escuadrón debido a la acción", dice Rami de un trabajo que podría matarte diez veces por día, de diez maneras diferentes. "La mayor parte del trabajo es bastante rutinario, y a veces es un poco frustrante, como una vez cuando tuve que bloquear una de las calles principales media hora antes Shabat debido a un bolso sospechoso. Cuando neutralizamos el objeto sospechoso una pila de ropa interior salió volando de él. Yo podía oír a los furiosos conductores que refunfuñaban por lo bajo mientras volvían rápidamente a casa, molestos con el estudiante que había olvidado su ropa sucia. Pero en cuanto uno afronta un caso verdadero, un interruptor se apaga en tu cabeza y uno entra en un mundo diferente. Uno no piensa en el peligro. Uno piensa en como va a desactivar el paquete".

Rami una vez recibió una llamada sobre un bolso negro sospechoso en medio del camino fuera de una base militar. "Envié al robot fuera de la camioneta para examinar el paquete. De pronto, hubo una explosión y el robot explotó, volando en mil pedazos. Ese podría haber sido yo".

Todas aquellas famosas camionetas blancas del Escuadrón Antibombas con los techos levantados, están equipadas con un sofisticado robot que maneja el paquete sospechoso para reducir el riesgo de heridos, y para tener el menor contacto directo posible. El robot puede abrir un paquete con sus "brazos" o utilizando una pequeña cantidad de explosivos, puede utilizar rayos X para ver el contenido del paquete, está equipado con cámaras al frente y a los lados, y tiene otras capacidades analíticas, incluyendo una escopeta. Una vez que el robot entra en contacto con el objeto sospechoso, hay varios métodos o dispositivos que podrían ser usados para desactivarla. Pero los israelíes ya saben que no hay que hacer demasiadas preguntas sobre los cables u otros dispositivos de neutralización que ven conectar a los objetos sospechosos.

"Si te dijera los datos concretos de como funcionamos, mañana mis enemigos estarían leyendo sobre ello", dice Avi Eto-el, Jefe del Departamento de Antiterrorismo de la Policía de Jerusalem. El Escuadrón Antibombas de Jerusalem tiene la reputación de ser el mejor del mundo y entrena fuerzas antiterroristas de varios países con sus valorados y precisos métodos.

¿Acaso Rami, este israelí súper cool, de pelo cortado al ras y una sonrisa de macho constante, sintió alguna vez sus manos temblar? "Si piensas en salir herido, puedes tirar la toalla", dice Rami. "Cuando estás allí, todo en lo que puedes pensar es en cómo hacer el trabajo de la manera más eficiente y segura posible. Después, a uno se le viene a la cabeza lo que pasó, y luego viene el darse cuenta de cuan cerca uno estuvo, y esto realmente puede impactarte. Confiamos mucho en Dios".

Rami no parece ser un tipo que reza mucho, pero con los miembros del Escuadrón Antibombas, uno nunca sabe. Un par de Tefilin, al que le dan el pertinente uso diario, están situados sobre un esquinero en el cuarto del escuadrón. Muchos de los zapadores, con la cabeza descubierta, llevan un mini libro de Salmos en sus bolsillos.

Una caja de libros llena de objetos inofensivos, ordinarios, cuenta su propia historia acerca de la guerra de Israel contra el terror. Hay una botella de sacarina, por ejemplo, aparejada con explosivos, temporizadores y un fusible. El propietario de un restaurante descubrió una palanca diminuta que sobresalía de un lado de la botella que estaba sobre una las mesas de su café en la calle peatonal de Ben Yehudá. La bomba explotó sobre un zapador del Escuadrón Antibombas, volando su brazo. También hay un envase de cartón de leche larga vida rellena de explosivos. Un terrorista pensó en colocar aquel envase al lado de un puesto en el mercado de Majané Yehudá, pero el artefacto explotó sobre él antes de que pudiera poner el temporizador. "Un accidente de trabajo", en lenguaje de zapador. Cuando uno hace una bomba, nos dicen los zapadores, sólo se puede cometer un error. Una planta de plástico, el juguete de un niño, una cámara - todos ahuecados y rellenados con TNT - son solamente algunos artículos que han sido descubiertos en las calles de Jerusalem por ciudadanos despiertos y han logrado así, ser desactivados a tiempo. Una linterna, una barra de jabón, un tubo de pasta de dientes, un puñado de pistachos - todos rellenos de explosivos plásticos, completan la lista de estos artefactos del terror.

Con los terroristas suicidas que al instante se hacen detonar con sus bombas, los zapadores también afrontan la presión extrema de llegar a los terroristas y sus fuentes de explosivos antes de que las bombas alguna vez puedan detonarse.

La Primera Vez

Israel, de 47 años, es el miembro más viejo y a su vez el más antiguo del escuadrón, y fue testigo de como el grupo creció de un puñado de personas a varias docenas de expertos zapadores. Él no le hace caso a aquella imagen de que los zapadores tienen los nervios de acero. "Antes puede ser", él dice, "pero ahora todo es mucho más mecanizado. Hoy, los zapadores tienen muchos dispositivos protectores para reducir el riesgo del trabajo al mínimo".

Israel se ve de hecho, despreocupado sobre su trabajo, hasta el momento en que él mencionó a su amigo Steve Hilmes. Hilmes era uno de los dos zapadores de Jerusalem que murió mientras cumplía con su trabajo en el verano 1978. Hilmes, un inmigrante americano idealista, murió mientras trataba de desactivar una bomba puesta sobre una de las ocupadas calles de Jerusalem.

Una alarma sonó en la cabeza de Israel. "Esto va a explotar en cualquier minuto".

En sus 28 años en la fuerza, Israel nunca ha sufrido una herida, aunque él recuerda algunos episodios bastante cercanos a la muerte. "La primera vez es la peor", dice Israel. "Luego uno lo mira como un trabajo. Esto se parece a un cirujano la primera vez que corta a un paciente. Después se hace rutinario".

"Esa primera vez" fue hace 26 años en el autobús número 12 en el barrio de Bait Vegan. Israel fue notificado de un tubo sospechoso que sobresalía de un paquete bajo uno de los asientos. "En cuanto lo vi, supe que era real. Un gatillo se dispara en tu cabeza, un sexto sentido. Logré desactivarlo, y cuando comprobé el reloj, me di cuenta que estaba a dos minutos de la detonación".

Israel relata el extraño caso de un padre y su hijo, que estaban de compras un viernes por la mañana en la atestada calle Maljei Israel en Geula. Ellos vieron un paquete en una parada de autobús con un reloj que sobresalía, lo pusieron en su bolsa de compras y lo llevaron a su casa. Cuando lo pusieron sobre la mesa, vieron que el reloj tenía cables y explosivos conectados, y pensaron en llamar al Escuadrón Antibombas. Israel llegó cuando el padre y su hijo todavía miraban fijamente el paquete.

Mientras tanto, una alarma sonó en la cabeza de Israel. "Esto va a explotar en cualquier minuto". Él sacó a la familia de la casa, rápidamente se ató con una correa su equipo protector (33 segundos, de principio a fin, sincronizado para la eficacia), y utilizando los métodos secretos del escuadrón, desactivó la bomba, segundos antes de la detonación.

No Tomé (Casi) Ningún Riesgo

Las tardes en la calle Iaffo son por lo general testigos de grandes concentraciones de automóviles, pero ahora están misteriosamente tranquilas mientras un autobús solitario se encuentra en medio de la calle, tanto los peatones como los automóviles fueron evacuados por la policía. Una caja de zapatos fue encontrada bajo uno de los asientos. Las palabras pronto fueron pronunciadas por los policías que contenían a la muchedumbre - "Cables y pilas" - los componentes de una bomba. Iaacov, un veterano con 10 años en el escuadrón, vestido con su traje protector, se manejaba entre la caja y su equipo. Una explosión suena por el aire. El paquete es neutralizado.

"Una falsificación", dice Iaacov. "Un mitan srak (una bomba falsa). Los terroristas los ponen para ver cómo reaccionamos, y para saber cuales son nuestros métodos. El tipo que puso esto probablemente nos mira ahora desde algún sitio en la muchedumbre". Falsa o no, los zapadores siempre se atienen al libro, al protocolo de desactivación de bombas apropiado. En este negocio, tomar algún riesgo puede ser fatal.

Pero Iaacov realmente se arriesgó una vez. Un bolso grande, que no había sido reclamado en toda la noche, fue avistado en el Muro Occidental. Iaacov desalojó el área y estuvo a punto "de neutralizar" el bolso con una carga explosiva cuando algo se le apareció en su cabeza.

"Yo sabía que algo no estaba bien. Simplemente tenía ese sentimiento". Así que, en contra de las reglas, él se acercó al bolso y lo desabrochó con sus manos descubiertas.

Dentro había un bebé de una semana, abandonado por su madre.