Sábado por la noche, 27 de diciembre, séptima noche de Januca. Estoy en casa escuchando las noticias, el ejército israelí ha lanzado una importante operación. La llamaron "Plomo Fundido", por la famosa canción de Jaim Najman Bialik acerca de un sebibón (trompo de Januca) hecho de plomo fundido. "Esta es nuestra oportunidad. Quizás esta operación pondrá fin al sufrimiento en el sur. No es ningún accidente que le pusieran este nombre. ¡El coraje de los Macabeos aún vive dentro nuestro!", pienso para mí mismo.

Ocho años de ataques con morteros ininterrumpidos. Ocho años de sirenas anti-aéreas. Ocho años de calles y hogares destruidos. Ocho años de miedo. Una generación completa de niños en el sur que nacieron en medio de esto; todo lo que ellos conocen es una vida de "alertas rojas" y de refugios antibombas. "Color Rojo" es el lema del sistema que te advierte que tienes 15 segundos para refugiarte. Y en medio de esta "rutina", las personas intentan llevar vidas normales. Ocho años de israelíes en el sur sintiéndose abandonados. Quizás finalmente seremos capaces de cambiar las cosas.

El llamado no tarda mucho en llegar. A las 2 AM, mi teléfono suena. Es el comandante de mi unidad. "Efraim, ¡es un llamado de emergencia! Repórtate en la unidad a primera hora mañana por la mañana".

"¿Por cuánto tiempo?"

"No lo sé, pero trae suficiente equipamiento para por lo menos un mes". A las 5 AM, me pasa a buscar el bus de mi unidad de combate. Mientras nos dirigimos hacia el sur yo pienso, "¿Qué pasará mañana por la mañana? ¿Quién cuidará a mi familia? ¿Qué pasará con mis alumnos?"

Repentinamente, todas las pequeñas cosas del día a día parecen menos importantes. Llegamos a la base, firmamos por el equipamiento, y rápidamente me encuentro camino a la frontera con Gaza.

Misiles están cayendo no muy lejos de nosotros. Cada momento es un milagro.

En el camino, ya vemos señales de guerra. Las carreteras están llenas de soldados y de tanques camino a Gaza. Con todo el ruido y la confusión no podemos distinguir si la artillería y los misiles son nuestros o del enemigo. Misiles están cayendo no muy lejos de nosotros. Cada momento es un milagro. En cualquier momento, un misil puede herirnos y destruir nuestras vidas. Siento la protección Divina cuidándonos.

Llegamos al punto de reunión. Revisamos los tanques y los vehículos blindados, las armas, las municiones. Y luego la parte realmente difícil, prepararnos emocionalmente.

Los primeros días son bastante confusos. La operación ha comenzado, pero aún no ha habido ninguna incursión terrestre. Estamos solamente "sentados en la cerca", esperando órdenes. Hay una sensación difícil de explicar, no de miedo pero de cuestionamientos: "¿Qué ocurrirá? y ¿Cuándo?"

Cuando hay tiempo libre, especialmente antes de que comience el peligro, nuestros pensamientos corren. Un soldado se acerca a mí y viendo mi apariencia religiosa dice, "Tengo miedo. ¿Qué ocurrirá? ¿Quiénes de nosotros no regresarán? Mi esposa está en su noveno mes de embarazo y va a dar a luz en cualquier minuto. ¿Cuándo tendré oportunidad de ver a mi hijo? ¿Me convertiré alguna vez en padre? Para ti seguramente es mucho más fácil".

"No podemos pensar de esta forma", respondí. "Vamos a la batalla sin miedo. ¡No estamos solos! ¡Todo el pueblo judío está aquí a nuestro lado! Y confiamos en ellos. ¡Así es como tienes que pensar! ¡Así es como tienes que hablar! Piensa positivamente y las cosas resultarán bien. Así es como vas a la guerra. No estamos yendo a la guerra porque buscamos dinero, honor o algo por el estilo, sino solamente porque queremos nuestro derecho a paz y tranquilidad. ¡Ninguna nación en el mundo se quedaría indiferente! En una situación como esta, no hay mayor privilegio. Y por todo esto, no hay razón para perder. Te prometo que saldremos bien de esto, y no solamente eso, ¡sino que yo asistiré al brit milá de tu hijo! Esa es nuestra plegaria".

Mi confianza viene de las palabras de Maimónides con las que fui criado:

 "Aquel que lucha con todo su corazón, sin miedo, con la sola intención de santificar el nombre de Dios, tiene asegurado que ningún daño le acontecerá y que ningún mal lo tocará. Él construirá para si una duradera casa en Israel, él y sus hijos tendrán el mérito de cosas buenas durante todos sus días, y serán dignos de vida en el Mundo Venidero" (Mishné Torá, Leyes de Reyes 7:15).

 Pero yo también tengo una pregunta para él: "¿Por qué crees que es más fácil para mí?"

"¡Porque tú crees en algo! ¡Tú tienes a alguien en quien apoyarte!", es su respuesta.

 ***

 Llamando en el Nombre de Dios

Antes de entrar a Gaza, Hamás intenta asustarnos. Nos dicen que ellos tienen parlantes a mucho volumen diciendo: "Soldado, ¡no te tengo miedo! Soldado judío, a pesar de que tienes tanques y fusiles, no te tengo miedo. ¡Creo en Dios y te venceré!"

Como un judío creyente, un pensamiento diferente me viene a la mente. Está escrito: "Algunos confían en carros, algunos en caballos; pero nosotros podemos llamar en el nombre del Señor nuestro Dios" (Salmos 20:8). Pero eso no es lo que está ocurriendo en este caso. Nosotros estamos llamando a Dios y ellos están llamando al mismo Dios. ¿Qué está pasando aquí?

La respuesta es clara. Esta no es una lucha basada en fuerzas, en quien saldrá victorioso, porque nuestros enemigos saben muy bien que tenemos un ejército mucho más poderoso. Ellos están intentando romper nuestro espíritu. Esta no es solamente una batalla física; es una batalla de creencias. ¿Cuál será la fe que triunfará? ¿Será el Dios de Mahoma o el Dios de Israel?

Esta es una prueba profunda. Ellos saben por que están peleando. Ellos quieren la Tierra de Israel, Jerusalem, al-Aqsa. ¿Sabemos nosotros realmente por qué estamos peleando?

Esta batalla tiene por objetivo reforzar nuestra creencia en que "Dios no abandonará a Su pueblo, ni olvidará Su herencia" (Salmos 94:14). ¡Los civiles que están en sus casas también tienen que ser fuertes! Todo el pueblo judío debe declarar sin duda: ¡Estamos aquí! Hemos regresado a nuestra tierra, y ¡nunca más seremos frustrados! Siento todas las palabras de los profetas, cada verso. Todas las cosas en las que creo en la vida adentro mío. La historia está ocurriendo a través mío. No es mi lucha privada sino la de todo el pueblo judío, los portadores de la verdad en un mundo que busca paz sin terror.

Sábado por la noche, 3 de Enero, una semana después. La orden ha llegado; vamos a entrar. Largas líneas de soldados, tanques y vehículos blindados esperan en la frontera. Yo estoy parado ahí maravillado por esta fuerza, este coraje, este espíritu. Todo toma un significado especial. Ya no somos un cuerpo debilitado viviendo en exilio, un pequeño niño golpeado por el matón del vecindario. Hemos salido del exilio a la redención. Somos un pueblo parado sobre sus dos pies.

Ya no sentimos el amargo frío, solamente el coraje y el poder del momento.

Ya no sentimos el amargo frío, solamente el coraje y el poder del momento. Nos subimos al tanque y ponemos orgullosamente la bandera de Israel en lo alto – este símbolo único que solamente algunos saben que está basado en los colores del talit. Un soldado camina entre los tanques y entrega pequeñas páginas conteniendo un rezo especial que se dice antes de entrar en batalla. Un momento antes de que todo comience decimos el rezo. Pronuncio estas palabras con un sentimiento especial: "Quiera Dios… concedernos el mérito de triunfar sobre nuestros enemigos y ponerlos en su lugar. Que el poder y el coraje de Israel sea exaltado, y que podamos cumplir con el verso: "Y todos los pueblos de la tierra verán que el nombre del Señor está con ustedes, y estarán de pie atemorizados por ustedes".

 ***

 Entramos. Tres años atrás, yo estaba en este mismo lugar, sobre las mismas arenas, bajo estos mismos árboles. Había venido a visitar a un amigo. Desde entonces, las profecías de perdición se han hecho realidad. En vez de un campo de batalla convertido en prósperos campos, lo opuesto ha ocurrido.

Yo sirvo en una unidad de rescate que saca tanques que han sido atacados. La noche es muy oscura. Un tanque se ha quedado atascado en el camino y estamos trabajando para sacarlo. Cada reporte de un tanque que ha sido atacado hace que mi corazón se detenga por un momento. Aún no hemos terminado cuando de pronto llega un reporte de otro tanque que necesita ser rescatado. Continuamos hasta que hemos completado nuestra misión.

Gracias a Dios, no ha habido ningún reporte de bajas hasta el momento. No tenemos permitido salir debido al tiroteo. Incluso tenemos que ir al baño adentro del tanque, en una botella o en una bolsa que se bota. Encontramos el tiempo para dormir un poco, sentados dentro del tanque.

Llega la mañana y un pequeño rayo de luz se cuela por la abertura. Es hora de decir el rezo de Shemá de la mañana. Le pido permiso al comandante para quitarme mi casco dentro del tanque por unos cuantos minutos para ponerme Tefilin. Rezamos sentados, dentro del tanque por supuesto. A pesar de que tenemos que decirlos muy rápido, los rezos son muy poderosos. Cada palabra adquiere un nuevo significado.

Terminamos de rezar y repentinamente escuchamos disparos en nuestra dirección. No le dieron a nuestro tanque. El tanque que habíamos venido a rescatar responde el disparo lo mejor que puede. Luego de un intercambio de fuego que dura varios minutos, el comandante del otro tanque nos notifica por la radio que el enemigo ha sido eliminado. Continuamos la misión de rescate y logramos sacar al tanque y a toda su tripulación sanos y salvos. Tengo la sensación de que he contribuido a la guerra en dos frentes: en el frente de batalla y en los rezos.

El ejército puso en peligro la vida de sus propios soldados para proteger a los civiles inocentes en Gaza – algo que ningún otro ejército en el mundo estaría dispuesto a hacer.

Así continúa todo durante los días siguientes. De vez en cuando, recibimos reportes a través de la radio acerca de bajas y del progreso de nuestras tropas. El ejército nos había preparado para un número mucho más alto de bajas. Nos habían dicho que estaríamos rescatando tanques lisiados sin parar. Gracias a Dios, el número de heridos es milagrosamente mucho menor de lo anticipado.

Durante la guerra, escuchamos de muchas protestas alrededor del mundo. No me queda claro por qué. En el combate, nuestro código moral era evidente para todos. A lo largo de la batalla, el ejército israelí hizo todo lo posible para proteger a los inocentes. El ejército puso en peligro las vidas de sus propios soldados para proteger a los civiles inocentes en Gaza – algo que ningún otro ejército en el mundo estaría dispuesto a hacer.

 ***

 Liderazgo y Responsabilidad

Entramos, salimos. Hemos rescatado varios tanques, y realizado bien nuestras labores. Ahora otra unidad llega para ayudarnos. Y la pregunta surge: ¿Qué misiones debemos tomar? Ahora que hay una nueva unidad, ¿deberían ellos encargarse de todo el trabajo? ¿Deberíamos nosotros tratar, discretamente, de pedir las misiones menos peligrosas?

Una feroz discusión se produce dentro de la tripulación. Algunos de ellos deciden que han hecho su parte, que han tenido suficiente. Otros soldados, llenos de fe, llenos de una sensación de responsabilidad personal y colectiva, piden salir nuevamente y ayudar de cualquier forma que puedan.

Uno de los principios básicos que enseñamos en Aish HaTorá es no preguntar "porque a mí", sino "porque no a mí".

Uno de los principios básicos que enseñamos en Aish HaTorá es no preguntar "porque a mí", sino "porque no a mí". Este es el poder de la responsabilidad mutua. El poder del liderazgo. A mis ojos, esto es lo que se espera de nosotros. Hacer el trabajo no solamente para que podamos sacarlo de nuestra lista de cosas por hacer, sino ayudar y contribuir lo más posible. Aquellos que entran una y otra vez, a pesar del hecho de que podrían ir a casa y estar en un lugar seguro, ellos son verdaderos héroes.

 

El Poder de la Fe

Durante la batalla, un amigo y un alumno mío han sido heridos, uno de ellos severamente. El otro sufre "heridas menores" – lo que significa que estamos rezando para que pueda recobrar su brazo. Este comentario – de que es más fácil para mí porque yo creo – está conmigo todo el tiempo. Quizás es cierto con respecto a la sensación de certeza que sientes cuando vas a la batalla, pero el judío creyente aún enfrenta muchas dificultades. Cuando enfrentas a los heridos, los muertos, el dolor de las familias cuyos chicos fueron asesinados, es difícil, tanto como lo es para cualquiera. Pero la fe aún te fortalece, y tu creencia en la justicia de esta guerra no se ve alterada.

La fe tiene el poder de dar fuerza. La fe tiene el poder de proveer una forma diferente de ver la realidad. La fe tuvo el poder de sacar al pueblo de Israel de Egipto y conducirlos a través del desierto, desde la oscuridad hacia la luz. La fe tiene el poder de darnos esperanza incluso en tiempos difíciles. ¡Las personas que creen en Dios no se desesperan! Las dificultades no los quiebran sino que los motivan a pelear para librar al mundo de la maldad.

Solamente con fe podremos reconocer – y también reconocerá el mundo – la justicia de nuestro camino y de nuestro derecho a la Tierra de Israel.

"El poder de Sus acciones Él ha declarado a Su pueblo, al darles la herencia de las naciones" (Salmos 111:6). El pueblo judío debe reconocer el poder de las acciones de Dios. Ellos deben reconocer nuestro derecho a la Tierra. Y en el momento en que entendamos esto, todas las naciones del mundo nos concederán nuestro legitimo lugar en nuestra herencia. Ellos comprenderán que no es dominio lo que buscamos. Somos una nación encargada de traer luz a las naciones del mundo. Somos una nación que guía y toma responsabilidad, que busca dar y ayudar a otros.

 ***

 Cese de Fuego

Es hora de volver a casa. Nuestros sentimientos son confusos. Por un lado, es bueno regresar a casa. Pero por el otro lado, sabemos que el trabajo no ha terminado. Estamos preparados para hacerlo nuevamente cuando sea necesario.

Siento que quiero agradecer a Dios por el privilegio que me fue concedido. Estoy seguro de que represento a miles que se sienten como yo. Quiero agradecer a Dios que mis camaradas y yo regresamos a casa sanos y salvos y que la guerra terminó con una aplastante victoria. Quiero agradecer a Dios por el hecho de que el pueblo judío se mantuvo fuerte y unido, y gracias a esto, salimos victoriosos. A pesar de todas las complicaciones, no tengo duda de que hubiera sido más difícil para mí quedarme sentado de brazos cruzados sin hacer nada.

También quiero agradecer el apoyo que surgió en tantos lugares alrededor del mundo; desde México a Inglaterra, gente se manifestó en las calles a favor de Israel. Este apoyo nos dio gran fuerza para continuar a pesar de las dificultades.

La unidad nos trajo la victoria - ¡y así será siempre! Que el merito de estas palabra traiga sanación a los soldados heridos y éxito al pueblo de Israel.