Las Altas Fiestas son un momento poderoso para la transformación personal. Pero la introspección a veces puede provocar que seamos demasiado duros con nosotros mismos y tener un efecto negativo.

Aquí presento tres herramientas simples para potenciar tu proceso de teshuvá (de arrepentimiento) con atención plena, compasión y amor propio.

1. Siente la cercanía de Dios.

Incluso antes de empezar a pensar en hacer teshuvá, recuerda que ahora mismo puedes sentirte cerca de Dios. Esto siempre es verdad, pero en la época de las Altas Fiestas, la cercanía y la compasión de Dios son particularmente potentes. Dios está aquí mismo, ahora.

Por lo tanto, antes de comenzar a reflexionar sobre los errores cometidos, di para ti mismo estas palabras: Dios puede encontrarme exactamente en donde estoy. Mantén este pensamiento por un momento y conéctate con él. Reconocer la bondad y la generosidad de Dios es una base grandiosa y necesaria para hacer teshuvá.

2. Aléjate del pecado.

Lo primero que debemos hacer en nuestro proceso de teshuvá es abandonar el pecado, el pensamiento, la acción o el acto negativo que bloquea a Dios de nuestras vidas. ¡No se puede hacer teshuvá por una transgresión específica hasta que no se deja de cometer esa transgresión!

Para lograr un cambio duradero, tan importante como alejarse del acto físico es alejarse de nuestro apego emocional que nos lleva a identificarnos de más con la transgresión.

Por ejemplo, si acostumbras a hablar de forma negativa sobre ti mismo, y dices cosas tales como: Soy tan tonto, soy completamente desorganizado, no tengo autocontrol, ¡No puedo creer que volví a hacerlo! – también debes dejar de hacerlo.

¿Cómo lo logramos, especialmente cuando se trata de hábitos tan arraigados?

Una manera es a través de mindfulness (atención plena), nuestra capacidad de acceder al nivel más elevado de consciencia para estudiar el comportamiento automático/habitual.

Por ejemplo, durante todo el día has respirado, es algo que ocurre de forma automática. Ahora inspira y expira profundamente a través de la nariz, presta atención al aire que entra y sale por la punta de tu nariz. (De veras, hazlo).

Ahora tú eres quien respira y quien observa la respiración. El primero es nuestro ser automático/habitual, el segundo es nuestro ser atento.

Hay una parte tuya que es la que se enoja (automática/habitual) y también está la parte atenta/más elevada de tu ser que ya no desea dejarse llevar por la ira. Cuando nos identificamos más con nuestro ser más elevado que con nuestro ser habitual, el cambio puede tener lugar.

Aquí hay una forma sencilla en que puedes integrar la atención plena a tu vida: Fija un reloj para que suene cada hora (yo uso una aplicación llamada Repeat Timer). Cada vez que suene el reloj mantén un momento de atención plena. Respira y exhala profundamente 3 veces (a través de la nariz) y luego pregúntate a ti mismo: ¿Qué es lo más importante que puedo hacer ahora mismo para conectarme con mi ser más elevado? Este ejercicio simple puede ayudarte a alejarte de lo automático/habitual e incrementar tu capacidad para la atención plena.

Con la práctica regular, podemos utilizar la atención plena para reconocer el enojo (o cualquier cosa que estés enfrentando) apenas asoma y detenerlo antes de que llegue a tener lugar un pensamiento, palabra o acto negativo.

3. Todos enfrentan dificultades

Uno de los momentos más fuertes de la plegaria comunitaria durante el año judío es cuando nos reunimos para el servicio de Kol Nidrei en la noche de Iom Kipur.

Justo antes de comenzar Kol Nidrei, el sheliaj tzibur, quien lidera la plegaria, dice: “Con el consentimiento de HaMakom (el Nombre de Dios que literalmente significa 'El Lugar') y con el consentimiento de la comunidad, en la ieshivá suprema y en la ieshivá terrenal, damos permiso para rezar junto con los transgresores”.

En esencia, todos somos transgresores. Todos tenemos en nuestras vidas lugares en los que claramente hemos errado; es parte de ser humano. Teshuvá es examinar esos rincones oscuros de nuestra vida que preferiríamos que no existieran y buscar rectificación y perdón.

Esto puede ser difícil. Cuando nos enfrentamos a nuestros desafíos internos más profundos, deseamos ocultarnos de los demás. No queremos que la gente nos vea cuando revivimos nuestros momentos vergonzosos.

Pero comenzamos el día más sagrado del año afirmando: tienes permiso de rezar con los demás porque no estás solo. Todos tenemos nuestras dificultades. Cualquier problema que enfrentes (ya sea una mala elección o algunas palabras que desearías poder retractar), ahora mismo hay otros millones de personas enfrentando exactamente el mismo problema.

La curación profunda viene de estar conectado con otros seres humanos, ya sea que estén sentados a tu lado o en la otra mitad del mundo.

Por lo tanto, la próxima vez que enfrentes tu dificultad particular, recuerda que al igual que tú hay millones de personas en el mundo que luchan con el mismo problema.

No te rindas. Siente compasión y perdónate a ti mismo. No se trata de liberarnos de toda culpa por nuestro mal comportamiento, sino de crear un ambiente conductivo al crecimiento, la curación y a hacer las paces.

Debemos hacer mucha teshuvá. La atención plena, la compasión y el amor propio, hacen que sea posible lograrlo.