La última publicación de la revista de graduados de la Universidad Brandeis (donde yo estudié) dedicó dos tercios de una página al éxito de uno de los graduados de 1987. ¿Su increíble logro? Ella es la única mujer en Hollywood experta en esgrima y se convirtió en directora de combate teatral en el "Beverly Hills Fencer's Club".

¿Cómo decide el editor de esta revista la carrera de qué graduado es más digna de destacar? ¿Cuál es el criterio de éxito que enorgullece a la universidad donde nos graduamos? ¿Riqueza? ¿Fama? ¿Contribuir a la sociedad? ¿Una profesión única?

Los graduados son invitados a describir sus logros recientes. Esta última publicación, por ejemplo, lista los siguientes logros:

  • A.L., clase del ‘91, recibió su doctorado en medicina veterinaria de la Universidad Washington State
  • J.H., clase del ‘76, fue nombrado Psicólogo del Año en el 2005 por la Sociedad Psicológica de Florida
  • K.P., clase del ‘73, fue nombrado Vicepresidente Ejecutivo de desarrollo y estrategias de una gran compañía de salud.
  • A.S., clase del ‘82, publicó un libro acerca de diseño gráfico en las computadoras Mac.

Mientras leía los logros de mis compañeros universitarios, me imaginé cómo sería una versión espiritual de esta revista. Después de todo, una persona puede estar orgullosa de recibir un diploma, un ascenso o un reconocimiento, pero, ¿acaso son menos importantes los logros espirituales? Si le rinden honores a B.G. por haber ascendido en la escala corporativa, ¿no deberían honrarlo por convertirse este año en una persona más bondadosa? Si felicitan a N.H por recibir su post-doctorado, ¿no deberían felicitarla por haber dejado de gritarles a sus hijos?

Desde el punto de vista judío, la vara para medir la importancia en la vida es un barómetro espiritual

De acuerdo al judaísmo, la vara para medir la importancia en la vida es un barómetro espiritual. Entonces, cuando N.H. recibió su post-doctorado, desde un punto de vista judío, ella merece ser felicitada por haber expuesto las cualidades de ser aplicada y perseverante para ganarse su título. Y si estas cualidades no son naturales en ella, entonces merece aún más elogios.

Contrariamente a la percepción popular, la riqueza, la fama, y el éxito son regalos de Dios. Él dota a las personas con talento, inteligencia y aptitudes específicas.

Mi libro "Holy Woman" (Mujer Santa), que fue publicado hace unos años, acaba de pasar por su cuarta impresión. Alguien me preguntó recientemente: "Debes estar muy orgullosa de haber escrito uno de los libros más vendidos".

Yo le respondí: "No exactamente. Muchos de los ingredientes para crear un buen libro, como mi talento para escribir, haber conocido a una mujer asombrosa acerca de quien escribí, mi rapidez para entrevistar a las personas indicadas (de las cuales tres fallecieron unos meses después de la entrevista), todo eso vino de Dios. Mi respuesta es menos orgullo que gratitud. Pero cuando trabajo lo suficiente en mi autodisciplina para acostarme temprano, entonces me siento muy orgullosa".

La Publicación Anual

La revista de graduados sale cuatro veces al año. Su homologo espiritual, que verdaderamente existe, tiene sólo una publicación al año: La publicación de Rosh HaShaná y Iom Kipur. Este es el momento para todos nosotros en el que debemos reflexionar y calcular nuestros logros y fracasos espirituales. Este es el momento para nuestro reporte anual.

Mientras que la revista de graduados sólo publica los reportes presentados por los estudiantes de los cuales están orgullosos, su homologo espiritual presenta el reporte de todos nosotros sin excepción. Como dice la liturgia de las Altas Fiestas, "la firma de cada persona está en él".

Y si Rosh HaShaná se acerca, y nos damos cuenta que tenemos muy pocos logros espirituales para reportar, aún no es demasiado tarde. Los diez días entre Rosh HaShaná y Iom Kipur llamados "Los 10 días de arrepentimiento", son el momento ideal para acreditarse algunos logros espirituales. La fecha límite para presentarle los logros a nuestra revista espiritual es en Iom Kipur.

Reportando el Progreso

De una revista de graduados podemos aprender dos lecciones espirituales muy importantes. La primera: Idealizar el progreso.

Los graduados generalmente reportan nuevos trabajos, ascensos, nuevas distinciones, etc. Similarmente, debemos luchar constantemente por alcanzar nuevos niveles. V.N. estaría avergonzado de reportar: "Estoy trabajando en el mismo empleo mediocre hace 15 años". Entonces, ¿por qué V.N. no debería estar avergonzado de admitir: "Las mismas cosas que me sacaban de mis casillas hace 15 años atrás todavía me vuelven loco"?

J.H. no se atrevería a presentar en la edición del 2006: "Fui nombrado Psicólogo del año en el 1995 por la Asociación Psicológica de Florida". Pero cuando buscamos nuestros logros espirituales, cuán frecuentemente nos remitimos al pasado: "Yo empecé a comer casher hace 11 años". Cuando nos paramos frente a Dios en las Altas Fiestas, Dios quiere escuchar acerca de como hemos crecido y progresado este año.

La palabra clave aquí es "progreso". Un logro espiritual significa que has mejorado en un rasgo de carácter en particular o en alguna mitzvá. "Más de lo mismo" no sirve.

Dios sólo está interesado en el reporte de progresos.

Así que, si eres una persona generosa por naturaleza, el reportar: "Yo di $10.000 a Yad Eliezer para distribuir comida en los refugios del norte de Israel durante la última guerra", quizás no sea del todo impresionante, porque Dios sólo está interesado en el reporte de progresos.

Digamos, por el contrario, que tú eres por naturaleza una persona tacaña, nunca das caridad, y siempre botas a la basura todas las cartas de donaciones que te llegan por correo sin siquiera abrirlas. Un día de Agosto, en el camino del buzón al basurero, notaste un sobre de Yad Eliezer que llevaba escrito "AYUDA A LOS RESIDENTES DEL NORTE DE ISRAEL". Abriste el sobre, leíste el pedido, y luchaste contigo mismo acerca de si donar dinero o no. Finalmente, decidiste ayudar y escribiste un cheque por 25 dólares. ¡Esa es una victoria espiritual!

Aquí es cuando entra el experto en esgrima espiritual. Todo progreso espiritual es una victoria de nuestras inclinaciones superiores (el alma) por sobre nuestras inclinaciones inferiores (llamado Ietzer HaRá). Cuando no hay un duelo entre estos dos rivales, no hay victoria. Actuar naturalmente, o por hábito, no es un logro espiritual. No califica para la revista espiritual.

Por eso me siento más orgullosa de acostarme en la cama a tiempo (para no estar irritada al día siguiente), que escribir uno de los libros más vendidos. Escribir es algo fácil para mí. No hay ninguna batalla involucrada, y por eso tampoco hay victoria. Acostarme en la cama lo suficientemente temprano para descansar lo necesario (una llave para el éxito espiritual), es una constante pelea con mi Ietzer HaRá. En conspiración con mi adicción de "hacer una cosa más", me seduce con tentaciones como, "Sólo descarga el fregadero, para que así amanezcas con un fregadero limpio". Cuando ejercito la autodisciplina lo suficiente como para vencer sus amenazas, logro conseguir esa difícil victoria. Debo mantener mi espada en la garganta del Ietzer HaRá hasta el momento que apago las luces.

Convalidando las Victorias

La segunda, y profunda, lección que podemos aprender de la revista de los graduados es: Convalida cada logro.

Uno de los grandes detrimentos para el crecimiento espiritual es minimizar nuestras victorias espirituales. K.W. está orgullosa de reportar que recibió su Doctorado en Medicina de la Escuela de Medicina Middlesex. ¿Qué importa si no fue a Harvard? Sin embargo, la mayoría de nosotros minimiza los logros espirituales: "Bueno, no le grite a los niños esta vez, pero les grite dos veces ayer". "Está bien, deje pasar a una persona en la fila del supermercado a pesar de que yo también estaba apurada. ¿Qué tiene eso de especial?".

Sabemos que la mejor manera de educar a nuestros hijos es con refuerzos positivos. Si queremos que nuestros hijos se sienten quietos en su silla mientras comemos, debemos estimular positivamente que estén quietos cada tres minutos, colmándolos de atención y alabanzas. ¿Por qué entonces somos tan negligentes en reforzar nuestro propio comportamiento?

No existe tal cosa como una victoria espiritual insignificante.

Cuando vencemos a nuestro Ietzer HaRá, debemos ser como el equipo local. Cuando un jugador del equipo local hace una gran jugada, los admiradores aplauden frenéticamente. Ellos no los desaniman diciendo "Fue sólo una linda jugada. No fue un gol". Mientras más aplaudamos por nuestras victorias espirituales, más victorias vamos a conseguir.

¿Tu madre te hizo enfurecer y no le respondiste con groserías? ¡Bravo! ¿Tu compañera de trabajo te empezó a contar chismes y tú cambiaste el tema? ¡Bravo! ¡Regálate un ramo de rosas mental!

Estas hazañas merecen por lo menos el mismo reconocimiento que convertirse en la primera mujer experta en esgrima de Hollywood.

Ya que se acerca Rosh HaShaná, siéntate y prepara una lista de todas las formas en que has crecido y mejorado este año. No consideres ningún logro como muy chico. Después, toma la decisión de hacer nuevos cambios en el año entrante. No tienen que ser saltos gigantes, sino pasos pequeños y consistentes.

No existe tal cosa como una victoria espiritual insignificante. ¡Adorna tu escritorio con este lema y empieza a aplaudir!