El período de las Altas Fiestas nos permite efectuar un balance de nuestras vidas. Nos dan tiempo para que, cuando nuestro veredicto sea sellado en Iom Kipur, nuestras plegarias puedan ser aceptadas. Tenemos la oportunidad de recordar cuál es nuestra esencia y volver a descubrir qué hay en nuestro interior.

La oportunidad de teshuvá, 'arrepentimiento', es un milagro. Piénsalo. Hace poco, en la tintorería me devolvieron una blusa blanca con una nota: "Lo lamentamos, pero a pesar de lo mucho que lo intentamos no pudimos quitar estas manchas. Son permanentes". Sin embargo, en el mundo de la teshuvá nos elevamos por encima de la naturaleza y ninguna mancha es permanente. No importa cuán lejos hayamos caído, siempre podemos retornar y corregir el daño.

¿Cómo podemos aprovechar al máximo estos días?

Los 3 pasos de la teshuvá

1. ARREPENTIMIENTO

El primer paso para cambiar es sentir la necesidad de realizar realmente una transformación. Esto llega a través del remordimiento. Sentirse mal por los deslices, por el dolor que causamos a otros y por las veces en que hubiéramos podido hacer algo mejor. Observarnos verdaderamente en un espejo espiritual y decir: "¡Suficiente! ¡No quiero volver a hacer esto!".

¿Qué impide que sintamos remordimiento?

Nuestras racionalizaciones. Excusamos nuestro comportamiento y encontramos razones válidas para nuestros actos.

"Yo sé que no debería haber dicho eso, pero mi esposo/esposa/suegra/jefe/hijo…"

"Realmente no debería hacer esto, pero todo el mundo lo hace".

Culpamos a los demás por nuestras deficiencias. Arrojamos la responsabilidad a todos los demás, pero nunca la colocamos sobre nosotros mismos. Es más fácil pensar que otros tienen la culpa que enfrentar la realidad.

También es muy fácil estancarse en el pasado y caer en patrones disfuncionales.

Para poder seguir adelante es necesario comprender algo básico: Tú eres el capitán de tu barco. Tus actos y tus reacciones dependen de ti. Tú defines tu destino.

Todos fuimos creados con una chispa Divina de santidad y somos capaces de llegar a la grandeza. No importa quién seas, tu nivel de educación judía ni quiénes sean tus padres. Todo lo que importa es que vuelvas a conectarte con tu luz interior.

No se trata de dar grandes donativos ni de salvar a un pueblo. Puedes hacer que tu pareja se sienta amada al expresar tu gratitud. Puedes marcar la diferencia en la vida de un niño si tienes paciencia en vez de estallar. Puedes evitar un daño al abstenerte de enviar un mensaje de texto o de WhatssApp que provoque a alguien vergüenza. Puedes llegar a otra persona con una palabra de aliento.

Lamenta las veces que causaste un daño. Decide convertirte en la persona que debes ser en vez de estancarte. Vuelve a conectarte con tu luz infinita.

2. EXPRESIÓN

Estos 10 días de teshuvá nos proveen plegarias que pueden impulsarnos hacia nuestro objetivo. Cuando se las recita con todo el corazón, estas plegarias abren las puertas del perdón, del arrepentimiento y de la expiación. Cada día, recitamos la plegaria de Avinu Malkeinu, 'Nuestro Padre, nuestro Rey'. Le pedimos a Dios el regalo de la vida. No porque deseemos dedicarnos a búsquedas triviales, sino porque sabemos que podemos tener una vida plena de propósito. Reconocemos que nos hemos equivocado y pedimos compasión.

En Iom Kipur recitamos el Vidui, la confesión, mencionando en orden alfabético los diversos errores que cometimos a lo largo del año.

Para que sea más efectivo, es una buena idea tomarse un tiempo y contemplar las palabras antes de decirlas. Piensa sobre tu relación con Dios, así como tu relación con las personas con quienes compartes tu vida. La confesión nos lleva a reflexionar sobre nuestros pensamientos, actos y palabras. (Haz clic aquí para ver una traducción contemporánea del Vidui)

Se nos pide que utilicemos nuestro don de la palabra para confrontarnos a nosotros mismos. Las palabras pueden crear una realidad. Más allá de los pensamientos, enunciamos la verdad y enfrentamos la cruda realidad de lo que hemos hecho.

3. RESOLUCIÓN

El verdadero arrepentimiento sólo es completo con una resolución para el futuro. No es suficiente con lamentar nuestros errores y luego recitar plegarias y confesiones por nuestras transgresiones. Lo que debemos hacer ahora es pensar cómo convertirnos en una nueva persona al no repetir los errores del pasado. Si siempre juzgamos a los demás, ¿cómo podemos aprender a darles el beneficio de la duda? Al comprender que hemos descuidado nuestro judaísmo y que dejamos de lado las mitzvot, ¿cómo podemos reconectarnos? ¿En qué cualidad personal deseamos trabajar? ¿Cómo podemos fijar un momento, aunque sea unos minutos cada día, para estudiar Torá?

Dios no nos pide grandes cosas. Cada acto pequeño tiene un gran impacto. Piensa en un plan que puedas llevar a la práctica y comprométete a implementarlo.

Dar el paso de pensar en una estrategia para tu transformación demuestra que eres serio. Queremos efectuar un cambio. Pensar en el futuro es el pegamento que mantiene unida a nuestra teshuvá.

Durante este período necesitamos tener coraje. Si podemos decidir cómo conquistaremos una cualidad personal, cómo crecer en una mitzvá o cómo acercarnos a una persona con quien debemos hacer las paces, entonces experimentaremos el triunfo de estos días.