En su charla de TED "Dentro de la mente de un maestro de la procrastinación", Tim Urban explica que cada ser humano, en un grado u otro, subconscientemente posterga y dilata sus tareas. Ya sea que se trate de un proyecto en el que trabajamos, comprar el nuevo mantel que dijimos que compraríamos o responder esos e-mails larguísimos, subconscientemente nos decimos: Lo haré mañana o en algún otro momento en el futuro cercano.

No se trata de que seamos incapaces de hacer estas tareas; simplemente somos indiferentes respecto a completarlas.

Para explicar esto, Tim provee el siguiente ejemplo: un estudiante universitario tiene que entregar un trabajo al final del semestre, pero no hace nada hasta que llega el día de la entrega. Durante todo el semestre lo posterga y justo antes de tener que presentar su trabajo se compra un paquete de seis bebidas energizantes, corre a la biblioteca y llega corriendo a presentarlo 11 segundos antes de que termine el tiempo de entrega.

¿Cómo es posible que este estudiante que no tuvo energía durante todo el semestre encontrara de repente la fuerza para trabajar 17 horas sin parar?

En verdad, durante todo el semestre él tuvo la fuerza para escribir ese trabajo. La diferencia en esas últimas 17 horas es que comprendió que llegaba la fecha límite y eso lo empujó a pasar la noche en vela. Su pereza se vio derribada por la ansiedad de la inminente fecha límite.

Cuando no hay fechas límites estrictas, es muy fácil dejar las cosas en un segundo plano. Tim Urban concluye que para superar nuestra "tendencia a la procrastinación subconsciente" debemos autoimponernos plazos para cumplir nuestros objetivos.

A lo largo de la vida, a veces recibimos dosis de inspiración para efectuar un cambio espiritual positivo. Nos vemos inspirados cuando abren una nueva clase en nuestro barrio, nos entusiasmamos con un nuevo proyecto de caridad, nos vemos motivados a estudiar un poco más de Torá todos los días o a ayudar a nuestros amigos necesitados.

Pero en el momento exacto en que llega esta inspiración, nuestra "máquina de procrastinación subconsciente" se pone en marcha y nos convence de que siempre habrá otra oportunidad o que podremos trabajar en esos proyectos el próximo año. A fin de cuentas, somos muy jóvenes y nos queda mucho tiempo. Pateamos la lata de bebida hacia adelante y continuamos caminando felices con nuestras vidas.

Pero este es un pensamiento defectuoso.

Aunque nos veamos, actuemos y creamos gozar de la mejor salud (y por favor, Dios, que sigamos así), obviamente no viviremos para siempre. Imagina un "calendario de vida" con 120 casillas, cada una de las cuales corresponden a un año de nuestra vida. Si tacháramos los 20, 30 o 40 años que ya transcurrieron, rápidamente comprenderíamos que no quedan tantas casillas. Al llegar a Rosh HaShaná, marcamos otra casilla en nuestro calendario de vida.

La época de las Altas Fiestas, cuando se decide quién será sellado en el Libro de la Vida y quién en el Libro de la Muerte, es un gran llamado de atención para despertarnos. Comprendemos que nuestro tiempo en la tierra no es infinito y que no hay ninguna garantía para muchas de las casillas de nuestro calendario.

No sabemos cuál es nuestra "fecha límite", pero sabemos que nos vamos acercando. Entonces, no seamos como el estudiante de la historia que esperó hasta el último minuto para entrar en acción. El momento para cambiar es ahora mismo.

Comprometámonos HOY a hacer algún cambio espiritual positivo, o aún mejor, no lo dilatemos tanto y hagámoslo AHORA MISMO.

Para citar al Dr. Robert Kelso de la serie televisiva Scrubs: "En la vida, nada que tenga valor llega fácilmente, así que levántate y ponte a trabajar".

Shaná tová. Que este sea un año repleto de salud, riqueza y todas las bendiciones posibles.