¿Por qué Rosh Hashaná, el "Día del Juicio", viene antes de Iom Kipur, el "Día del Perdón"? ¿No deberíamos primero ser perdonados por todos nuestros pecados del pasado, arrepentirnos, convertirnos en personas nuevas y así tener mejores posibilidades de conseguir un buen juicio y un año dulce en Rosh Hashaná?

La respuesta yace en entender correctamente la naturaleza del juicio en Rosh Hashaná. No estamos siendo juzgados por nuestras acciones pasadas, sino por nuestra visión, nuestro plan, y nuestro deseo para el año siguiente. Rosh Hashaná representa nuevamente la creación de la humanidad, momento en el que no había un pasado del que hablar. Basado en lo que realmente queremos en el primer día del año nuevo, se nos brinda el potencial físico y espiritual para el año entrante.

Una vez que tenemos nuestras nuevas ambiciones en claro y nuestros objetivos delineados, estamos listos para enfocarnos en Iom Kipur. Ahora es mucho más fácil enfrentar con entusiasmo la ardua tarea de cambiar y corregir las faltas que evitan que alcancemos los objetivos a los que nos comprometimos en Rosh Hashaná.

El rabino de Novardok contó una historia de un hombre que estaba en un tren. Alguien le mencionó que el tren estaba dirigiéndose en dirección absolutamente opuesta a su destino. El hombre, inmutable, se levantó y se cambió a un asiento que miraba en dirección opuesta. ¡Ahora él estaba mirando hacia su destino!

A eso nos pareceríamos si tuviéramos que cambiar de repente y corregir todos nuestros errores si es que Iom Kipur fuera antes de Rosh Hashaná –podríamos todavía estar en el tren equivocado, en el medio del año pasado con nuestra visión sesgada, con nuestras actitudes desalentadoras y con nuestros errores pasados. Nuestro arrepentimiento sería meramente cosmético.

Es sólo después de Rosh Hashaná, el día para re-conectarnos con nuestros objetivos y con nuestro destino, que nos damos cuenta de quiénes somos realmente y hacia dónde queremos ir. Sólo una vez que sabemos que estamos en el tren correcto, que se dirige hacia el destino deseado, podemos enfrentarnos a Iom Kipur y trabajar en la remoción de los obstáculos que evitan que alcancemos nuestros objetivos.

El Problema del Hábito

Pero tenemos una gran traba para comenzar de nuevo: "Hábito". Más allá de lo que nos hayamos elevado en Rosh Hashaná por sobre nuestro pasado, y obtenido una visión clara de la vida que tanto deseamos, el día posterior llega inevitablemente y a menudo nos encontramos en el mismo lugar en el que estábamos antes de Rosh Hashaná.

"Así como un automóvil, en el que apagas el motor de repente en el medio de la conducción y el automóvil continúa avanzando en la dirección en la que estaba avanzando, por hábito, aunque el poder motivador fue apagado” (Siftei Jaim I, Rav Jaim Friedlander, página 59).

"Si una persona elige corromperse a sí misma un poquito, termina muy corrupta. Cuando elige el mal aquí abajo [en la Tierra], es conducido en la dirección del mal desde arriba” (Talmud Ioma 39a).

Aparentemente, cuando persistimos en patrones de comportamiento negativos, en realidad estamos creando una cierta realidad espiritual que nos “ayuda” y nos hace continuar en el mal camino que elegimos.

Pareciera que estamos un poco atados. ¿Cómo nos deshacemos de los hábitos a los que nos hemos acostumbrado durante años? ¿Cómo nos libramos de ese “espíritu” que nos obliga a obtener placer al hablar mal de la gente, que desea que continuemos siendo egoístas y perezosos? ¡Toda esa energía que hemos creado con nuestras propias elecciones durante el año pasado nos seduce a continuar los hábitos negativos! No podemos simplemente esperar que se evaporen y desaparezcan. ¿Existe alguna escapatoria?

Rompe el Hábito

La misma cita desalentadora del Talmud mencionada anteriormente nos dice, unas cuantas líneas después, que la modificación del comportamiento se puede realizar de dos formas:

"‘Y te santificarás y serás sagrado’. [Aprendemos de aquí que] si una persona se santifica a sí mismo un poquito, se vuelve muy santificado. Cuando elige el bien abajo [en la Tierra], es ayudado y conducido en una buena dirección desde arriba".

Podemos combatir el problema del hábito rompiendo con nuestra rutina durante los Diez Días de Teshuvá. Haz cosas que no acostumbras hacer. Levántate media hora antes todos los días. Come comida casher de acuerdo a un estándar más estricto del que comes durante el resto del año. Sólo por una semana, no hables chismes con tus amigos. Estudia un libro de sabiduría por diez minutos al día. Pon en marcha un nuevo hábito positivo.

Al comprometerte a un cambio durante la semana entre Rosh Hashaná y Iom Kipur, no sólo te estás comprometiendo a una pequeña cantidad de cambio, sino que también estás rompiendo con el hábito y agregando toneladas de energía positiva a tu historial que te motivará a ir más allá en la dirección correcta. Pondrás lentamente el auto en posición de “estacionado” y estarás tirando firmemente del freno de mano.

El Truco de “Dios es tu Sombra”

Aquí hay un último truco:

"Rav Huna el hijo de Rav Yeoshúa se enfermó mucho. Rav Papa vio que estaba muriendo y dijo: “Prepárenle ropas para el viaje (mortajas)”. Al final, Rav Huna mejoró. Rav Papa fue a verlo y le preguntó: “¿Qué viste en el mundo venidero?” Rav Huna le contestó: “Vi que la muerte estaba decretada sobre mí pero Dios le dijo al fiscal: ‘Como él no es detallista y deja pasar las cosas, no seas tan estricto con él’”.

Como dice: “'Él porta el pecado y deja pasar las malas acciones'. ¿Para quiénes porta el pecado? Para aquellos que dejan que las malas acciones pasen de largo”. (Talmud, Rosh Hashaná 17a).

Nuestras acciones en este mundo afectan directamente el tipo de respuesta que obtenemos de Dios. Rav Huna fue salvado de la muerte porque era “maavir al midotav” –era tolerante. Como no era estricto con la gente, renunciando a su honor y “dejando pasar” los errores, Dios decidió que Él, a cambio, no sería tan estricto con Rav Huna. Él “dejaría pasar” el decreto aunque fuera merecido.

Si podemos adoptar este método específico, se nos asegura que Dios responderá amablemente cuando imponga nuestro juicio y determine en qué libro sellarnos para el año entrante.

Tratemos de ser pacientes y de dejar pasar. No nos enojemos por un insulto, no seamos susceptibles y sensibles cuando nuestros padres (o suegros) nos critican, no dejes que te domine la ira cuando tus hijos, estudiantes, o colegas no te escuchan inmediatamente (o nunca), no exijas o esperes demasiado de un esposo, compañero o amigo. En general, tranquilízate un poco, y Dios, a cambio, no será tan detallista.

¿Quién sabe? Quizás desarrollaremos nuevos hábitos que nos alentarán a ser menos críticos y a emitir menos juicios, y a ser más amorosos y acogedores durante todo el año.