No es que me moleste dar caridad a todo el mundo, pero si me importa ser estafada. Es por eso que mi modo de "no creo que puedas engañarme" estaba en alerta alta cuando la chica se acercó a nuestra mesa, en un café al aire libre, una noche de este verano.

Mi marido y yo estábamos cenando con otra pareja, parientes lejanos de Estados Unidos. La chica tenía puesto unos jeans y una remera sin mangas, tenía colgados unos aretes rosados que deben haber tenido 15 centímetros de largo, y una gran cantidad de maquillaje. Su cabello tenía reflejos morados. Me pareció que probablemente tenía 16 años. Balbuceó que pertenecía a un grupo juvenil llamado Bnei Akiva, que estaba recolectando dinero para niños desfavorecidos y mostró su talonario desganadamente.

Como una estadounidense viviendo en Israel, a menudo me pierdo las pistas culturales que me evitarían ser estafada. Esta vez, sin embargo, fui inteligente. Sabía bastante de las chicas de Bnei Akiva, y ellas no se visten de ese modo. De hecho, en sus reuniones y cuando están en "asuntos oficiales", ellas visten un uniforme de remera blanca, falda azul y una pañoleta azul en el cuello. Debido a que estábamos hablando inglés, esta chica debe haber pensado que éramos turistas y por lo tanto, blancos fáciles. "¿Dónde está tu uniforme?", le pregunté en hebreo.

La chica se encogió de hombros.

"¿En qué división de Bnei Akiva estás?, insistí.

"Shejuná", contestó con seguridad.

¿Shejuná? Este es un barrio de bajos ingresos de Jerusalem, un barrio, según yo había escuchado, lleno de adictos a las drogas.

Tomé el talonario y lo examiné. Decía "Bnei Akiva", y algo sobre niños desfavorecidos estaba impreso en hebreo sobre la figura de "5 shekels" (como USD $1.25). Me dirigí a mi marido y mis compañeros de cena. "¿Deberíamos creerle que ella es realmente de Bnei Akiva?", pregunté en inglés.

Yo era la que mejor hablaba hebreo en el grupo. "Es tu decisión", me dijeron.

La Torá nos amonesta de que no debemos cerrar nuestra mano o nuestros corazones a nuestros compañeros en necesidad, y nos exige que demos una cantidad mínima (suficiente para comprar algún articulo comestible) a cada individuo que nos pide. Sin embargo, si alguien está recolectando para una organización, tenemos permitido rehusarnos.

Investigué a la chica con incertidumbre, debatiendo para mis adentros. "¿Y qué importa si se guarda el dinero para ella? Si ella vive en Shejuná, ella misma es una niña desfavorecida. ¿Y qué pasa si usa el dinero para drogas o alcohol? Entonces sería culpable de contribuir con su delincuencia. ¿Y si le pasa el dinero a su novio adicto a las drogas? Los pensamientos corrían por mi mente mientras la chica, con expresión apática, estaba parada al lado de nuestra mesa.

Finalmente, mi desconfianza prevaleció. Le devolví el talonario a la chica y le dije, "Lo siento. No te creo que eres de Bnei Akiva".

Ella se encogió de hombros y se fue. Durante el resto de la cena, estuve plagada de dudas sobre mi decisión. ¿Y si su familia necesitaba el dinero para comida o para la renta?

Luego de habernos separado de nuestros parientes, mi marido y yo decidimos caminar a casa. En el camino, nos encontramos con dos chicas vestidas con uniforme de Bnei Akiva. Una de ellas se nos acercó y anunció que estaba recolectando dinero para niños desfavorecidos. Nos mostró el talonario – el mismo que la otra chica nos había mostrado.

 

Me sentí como si hubiera botado un frágil florero de cristal de una mesa, y ahora estaba parada allí, desconcertada, contemplando los pedazos rotos.

 

Palidecí. Así que las niñas de Bnei Akiva estaban realmente haciendo una colecta hoy. "¿De qué división son ustedes?", pregunté.

"Shejuná", contestaron.

"Una chica diciendo ser de su división se nos acercó en el centro de la ciudad", les dije con rapidez, "pero ella no estaba usando un uniforme".

Las dos chicas asintieron con la cabeza expresamente. "Se supone que debemos usar nuestros uniformes en reuniones y a donde sea que estemos haciendo cosas de Bnei Akiva. Pero la mayoría de los chicos no se preocupan de hacerlo. De hecho, la mayoría de los chicos en nuestra división no viene de familias religiosas. Bnei Akiva comenzó en nuestro barrio como una cierta... creo que se podría decir... rehabilitación".

Mi corazón se hundió. "¡Oh no!", pensé. "Realmente lo eché a perder. No solamente la chica estaba diciendo la verdad, sino que estaba tratando de hacer una buena acción, y yo desconfié de ella". Me sentí como si hubiera botado un frágil florero de cristal de una mesa, y ahora estaba parada allí, desconcertada, contemplando los pedazos rotos.

Mi marido metió la mano en su bolsillo y les dio a las chicas cinco shekels. Apenas ellas se fueron, le pregunté lastimeramente, "¿Qué hago ahora?".

"Teshuvá", me respondió él.

"Teshuvá" o "regresar" es el gran y sobrenatural regalo de Dios a la humanidad. A través de ella Dios nos da a nosotros, que somos orgullosos dueños de nuestro presente y futuro, las llaves de nuestro pasado. Realizando adecuadamente los pasos de la teshuvá, los seres humanos pueden efectivamente deshacer el daño que han hecho. Pueden reparar el florero de cristal y que quede tan bueno – o mejor – que su estado original.

Para pecados entre nosotros y Dios, la teshuvá supone tres pasos: Admitir que hicimos mal, sentir remordimiento, y resolver no volver a cometer el pecado. Para pecados entre nosotros y otra persona, hay dos pasos adicionales: Pedir perdón y pagar una indemnización.

Parada ahí, en esa calle de Jerusalem, me di cuenta instantáneamente que estos últimos dos pasos me plantearían grandes dificultades. Para pedir perdón a la chica, tendría que encontrarla – y ni siquiera sabía su nombre. Y para pagar la indemnización, y corregir el error, tendría que personalmente entregarle a ella la donación de cinco shekels, que significaba descender a las profundidades de Shejuná.

Durante todo el camino a casa, reflexioné sobre el mecanismo de pedir perdón y pagar una indemnización. Finalmente resultó que el mecanismo, a pesar de problemático, fue la parte más fácil de mi proceso de teshuvá.

Teshuvá Escurridiza

Apenas llegué a casa, fui donde Netta, la nieta de mi vecina, quien es asesora en Bnei Akiva. Ella conocía a la asesora de la división de Shejuná y estaba dispuesta a llamarla y explicarle mi situación.

Apenas Netta describió los aretes colgantes rosados, Miri, la asesora de Shejuná, identificó a la chica. Su nombre era Dafne, y podría encontrarla en la reunión de Bnei Akiva del martes siguiente. Miri le dio a Netta la dirección donde se reunía el grupo de jóvenes, un refugio antibombas en una calle de la cual nunca había escuchado.

Me pasé toda esa semana detestando tener que recorrer Shejuná en la oscuridad buscando el refugio antibombas. Cuando finalmente llegué ahí, mis esfuerzos fueron en vano. Dafne no llegó a la reunión.

En la noche del martes siguiente, tenía un casamiento al que asistir. El martes siguiente, el teléfono celular de Miri estaba apagado.

Me estaba desesperando. La "indemnización" requería hacer una donación a la causa por la que Dafne estaba recolectando, pero la campaña de recolección no se extendería indefinidamente. Tenía que encontrar a Dafne antes de que fuera demasiado tarde.

Hurgando más Profundo

Ya que la teshuvá me estaba evadiendo, me senté y analicé que era lo que estaba haciendo mal. Quizás estaba siendo muy superficial en mi enfoque. ¿Por qué tenía que hacer teshuvá exactamente? ¿Tacañería? ¿Desconfianza? ¿Escepticismo?

 

Mi pecado no era el haberme negado a hacer una donación, sino el haberle dicho a esa chica que no le creía.

 

Llamé a mi profesora, Rebetzin Tziporah Heller, para discutir el asunto. Ella me explicó que mi pecado no era el haberme negado a hacer una donación, sino el haberle dicho a esa chica que no le creía. Al hacer eso, la había insultado. La indemnización requeriría subir su autoestima en la medida en que la había dañado. Decidimos que debería ir a la casa de ella a pedirle perdón. Un gesto como ese de parte de un adulto sería un estimulo de ego para una adolescente.

Intenté todos los días llamar a Miri para conseguir la dirección de Dafne, pero el teléfono celular de Miri estaba fuera de servicio. Finalmente, el martes siguiente, me comuniqué.

Miri me informó que ese mismo día era el último día de la campaña de recolección de fondos. Los chicos que hubieran recolectado 200 shekels recibirían el premio de ir a Superland, el parque de diversiones más grande de Israel. Y no, Dafne no había recolectado suficiente. Le faltaban 70 shekels y había perdido su talonario, así que no había forma de que ella recolectara más dinero. Los extraños no le darían donaciones sin recibos, y aparentemente su propia familia no tenía 70 shekels (USD $16) para contribuir.

Estaba impresionada. ¡Que oportunidad! ¡Yo podía darle la donación de 70 shekels! Quizás todo este extenso drama fue para que Dafne no quedara fuera del paseo a Superland. ¿Qué mejor forma de reforzar su autoestima que darle la satisfacción de haber juntado su cuota y ser incluida en el premio?

Miri me dio el teléfono celular de Dafne. La llamé inmediatamente. Sí, ella me recordaba, la mujer americana en el café que no creyó que ella era de Bnei Akiva. Le dije que quería ir a Shejuná esa misma tarde a pedirle perdón y hacer una donación de 70 shekels. Hubo silencio en el otro lado de la línea. Finalmente, ella dijo que eso estaría bien.

Le dije que no creía que pudiera encontrar su casa. Acordamos encontrarnos en la calle grande que bordea Shejuná. Respiré con un alivio profundo. Mi teshuvá estaba casi completa. Y a Dafne le había ido mejor que si le hubiera dado los cinco shekels en el café. El florero reparado era mejor que el original. ¡Verdadera teshuvá!

O al menos eso pensaba yo.

Aún Más Profundo

Mientras manejaba a nuestro encuentro sonó mi teléfono celular. Era Dafne. Ella le había contado a su madre la historia, y su madre quería verme. Su madre quería que fuera a su casa. Su madre tenía unas cuantas cosas que decirme. Me di cuenta que hacer teshuvá por este pecado sería más difícil de lo que pensé.

Recogí a Dafne en la calle grande, y ella me guió a través de las angostas calles de Shejuná hasta su casa. Su madre estaba sentada en el sillón viendo la televisión cuando llegamos. Ella no se levantó para saludarme.

Me dijo que ella se gana la vida limpiando casas y su marido trabaja en una verdulería, que ellos se ganan la vida honestamente y que yo no soy ni un poco mejor que ellos.

Luego le hizo un gesto a Dafne, quien estaba sentada en el segundo sillón. Sin maquillaje o joyas, ella se veía de su verdadera edad, que resultó ser 14 años. "Mis hijos no son ángeles", la madre me sermoneó, "pero ellos no mienten".

 

Detrás de cada falla de acción hay una falla de carácter.

 

En vez de ponerme a la defensiva con el reproche de la madre de Dafne escuché, realmente escuché. Luego me di cuenta de que mi teshuvá tendría que ir más profundo de lo que me había imaginado. Detrás de cada falla de acción hay una falla de carácter. La madre de Dafne me estaba acusando de sentirme superior. La verdad, me di cuenta mortificada, es que sí me sentía así.

Fue mi alardeante orgullo el que me había hecho juzgar a Dafne negativamente. Pensé en mi propia juventud durante los años sesenta, en Nueva Jersey. Yo era la mejor estudiante de mi clase, y miraba con menosprecio a las chicas de pelo rubio y peinado hacia atrás, que apenas conseguían calificaciones para pasar; chicas que pensaban – cuando pensaban—que el propósito de la vida era ser hermosa. Como había calificado a esas chicas como intelectual y moralmente inferiores, así había calificado a Dafne.

La madre de Dafne me había descifrado completamente. Cuando ella terminó de amonestarme (le tomó 15 minutos), admití que ella tenía razón, y me disculpé por mi ofensa a su familia. En el proceso de arreglar el florero, estaba siendo forzada a arreglarme a mí misma.

Haciendo una Revisión de Vida

El período que nos lleva a Iom Kipur es el tiempo para hacer teshuvá. Se espera que cada judío reflexione sobre el año que pasó, identifique las cosas malas cometidas contra Dios o contra nuestros compañeros, y que pase por los pasos de la teshuvá.

 

Si el proceso de teshuvá de uno se compone sólo de acciones y no motivaciones, es como cortar el pasto en vez de sacarlo de raíz.

 

Muy a menudo, sin embargo, un sincero informe personal revela que a pesar de las más fervientes resoluciones de cambio, los pecados de este año se parecen a los del año anterior. El Rebe de Slonimer escribió que si el proceso de teshuvá de uno se compone sólo de acciones y no de motivaciones, es como cortar el pasto en vez de sacarlo de raíz.

Mientras estoy ocupada arreglando el florero, debo preguntarme: ¿qué característica hizo que se cayera? ¿Torpeza? ¿Desorden? ¿Negligencia con la propiedad de otros? Si no identifico y corrijo la característica, tarde o temprano otros fragmentos estarán ensuciando el piso de mi vida.

Una Revisión de Vida

La Rebetzin Heller, basándose en fuentes clásicas judías, recomienda un método que indaga en los niveles de carácter más profundos y rastrea las malas acciones a su fuente. Este método, que ella llama "Una Revisión de Vida" es el primer paso hacia el cambio permanente.

Divide tu vida en los períodos más importantes, tales como "infancia", "escuela secundaria", "universidad", etc. Para cada período, escribe respuestas a las siguientes preguntas:

 

  1. ¿Qué acontecimientos fueron centrales para este periodo de mi vida?
  2. ¿Cómo respondí a esos acontecimientos?
  3. Desde mi perspectiva actual, ¿Qué elecciones me acercaron a donde quiero estar hoy?
  4. ¿Qué características me motivaron a hacer las buenas elecciones?
  5. ¿Qué características me motivaron a hacer las malas elecciones?

 

Mientras revisas los varios períodos de tu vida, un patrón de características positivas y negativas surgirá. Debido a que quieres trabajar en lo que necesita mejora, cuando termines, revisa todas tus respuestas a la pregunta final. Habrá muchas repeticiones y aspectos diferentes de la misma característica. Por ejemplo, puedes haber escrito:

 

  • Orgullo.
  • Sensación de que yo siempre estaba en lo correcto y cualquiera que no estuviera de mi lado estaba incorrecto.
  • Superioridad intelectual.
  • No dar legitimidad a las necesidades o el punto de vista de los otros.
  • Arrogancia.

 

Condensa todas esas repeticiones en una sola característica, como "arrogancia". Cuando termines, no tendrás más de cinco características centrales que son las culpables de todas las acciones malas, dolorosas y auto-destructivas. Escoge una de estas características para hacer teshuvá sobre ella antes de Iom Kipur.

Para que cualquier método de trabajar sobre ti mismo sea exitoso, recuerda:

 

  • Haz un plan de acción concreto, basado en avanzar de a pasos pequeños
  • Grafica tu progreso.
  • Recompénsate por tu progreso.
  • Comprométete a trabajar en la característica al menos durante un año.

 

De acuerdo al Gaón de Vilna, hemos llegado a este mundo sólo con el propósito de arreglar nuestras características.

No hacemos teshuvá real con pegamento, sino que profundizando.

Dedicado a la refuá shlema de Hodaya bat Batya