El difunto Charles Schultz tiene una caricatura de Peanuts donde la autoritaria Lucy está ocupada repartiendo a sus amigos listas de sus defectos e imperfecciones. Cuando es desafiada por Charlie Brown sobre su derecho de hacer esto, ella responde, "Quiero hacer de este un mundo mejor para poder yo vivir en él".

Nosotros vivimos en una sociedad de "Yo". De hecho, algunas veces pareciera que vivimos en una cultura de victimización, donde siempre es la culpa de otra persona. Que fácil es racionalizar mis errores y culpar a las circunstancias "que están más allá de mi control" por mis equivocaciones.

El síndrome egocéntrico se convierte en norma para aquellos que encuentran natural "lavarse las manos" y echarle la culpa a otros. El Talmud (Avodá Zará 17a) ofrece un fascinante relato, con un giro inesperado, sobre las dimensiones a las cuales este egocentrismo se puede extender.

Se nos presenta un hombre llamado Elazar Ben Durdaya quien era un notorio pecador, con una particular adicción por los placeres carnales. Una vez escuchó sobre una cortesana quien era considerada muy bella y muy costosa. Su apetito despertó, y aunque ella prestaba sus servicios en una tierra lejana, él viajó con entusiasmo a conocerla.

Durante la visita, ella sin querer dijo cómo Elazar Ben Durdaya nunca sería capaz de reparar sus errores y arrepentirse por sus indulgentes hábitos. Elazar se conmocionó por sus comentarios y bruscamente dejo sus servicios, escapándose a las montañas y a las colinas. El Talmud continúa contando cómo rogó a las fuerzas de la naturaleza para que rezaran por él para ser perdonado.

El Rabino Yoel Schwartz sugiere que los Sabios interpretan que esto significa que cuando Elazar ben Durdaya suplicó a las fuerzas de la naturaleza, era su manera de tratar de echarle la culpa a otros. Él explica así:

Si sólo pudiésemos haber elegido otros padres.

"¡Montañas y colinas, recen por mí!" La palabra en Hebreo para montaña, harim, puede ser interpretada como horim, padres. En otras palabras, Elazar ben Durdaya culpa a sus padres por sus problemas. Después de todo, son ellos quienes lo trajeron a este mundo. Cuantos de nosotros creemos que somos simplemente productos de nuestra crianza. ¡Si sólo nuestra educación hubiera sido distinta! Si sólo pudiésemos haber elegido otros padres. Si solamente me hubiesen criado diferente sin mimarme tanto... o exigirme tanto... o controlarme tanto. Si sólo...

Sin haber encontrado ayuda eficaz en las montañas, Elazar desespera y se vuelve hacia los cielos y la tierra: "¡Recen por mí!".

"Cielos" se refiere a los nobles líderes espirituales. Así como Elazar ben Durdaya, ¿cuán frecuentemente queremos culpar a nuestros maestros y líderes rabínicos por nuestros defectos? "Después de todo", sostenemos, "si los rabinos y profesores no hubiesen sido tan distantes y carentes de tacto. Fue por ellos que me desilusioné y me alejé de mi judaísmo. Si sólo hubiesen sido menos distantes. Si sólo pudiesen haber hablado en mi nivel y haberme entendido. Si sólo pudiesen haber tomado en cuenta de donde venía. Si sólo...".

Cuando Elazar culpa a la "tierra" ésta representa nuestro entorno, amigos y medio social. Los "tipos del bar" y otras influencias sociales me corrompieron. ¡Es la gente que se hizo amiga mía y que salía conmigo a quien se debe culpar por haberme convertido en lo que soy! Si sólo hubiese tenido otros amigos. Si sólo un grupo diferente de pares hubiese estado ahí. Si sólo...

Entonces Elazar corre hacia el sol y la luna. Esto representa la ostentación y las brillantes luces de la sociedad. Hoy en día, esto significaría nuestra exposición al entretenimiento sin fin que nos ha moldeado. Es fácil creer que somos simplemente productos de los medios y la música que bailan frente a nosotros. Internet y los anuncios nos capturan y nos confunden. Si sólo no estuviésemos tan afectados por Hollywood, canales satelitales 24 horas al día 7 días a la semana, los iPods, mensajes de video, reality TV y blogs en Internet – ¡que nos bombardean aparentemente sin que sea nuestra culpa! Si sólo...

Cuando Elazar no logra convencer al sol y a la luna a que acepten la responsabilidad por sus actos, va a rogarle a las estrellas y a las constelaciones. Él declara que no podía controlar sus lujuriosas tendencias porque había nacido bajo la estrella equivocada. Estaba todo predestinado y escrito en las constelaciones. Si sólo él hubiese podido controlarlo al nacer. Si sólo...

Justo cuando Elazar viene a aceptar de mala gana que las fuerzas de la naturaleza no son responsables por sus problemas, sumerge su cabeza entre sus rodillas y comienza a llorar. Él no llora por autocompasión. Finalmente, llora por arrepentimiento. Llora hasta que su alma lo abandona.

En ese momento el Talmud concluye que una voz celestial proclamó: "Elazar ben Durdaya tiene un lugar en el mundo venidero". Un momento de profundo remordimiento contrarrestó una vida de libertinaje.

Entonces el Talmud agrega una cosa: Cuando el gran Rabi Yehuda Hanasí escucho sobre este destacado incidente, también lloró y exclamó "Hay quienes obtienen su porción en el mundo venidero en innumerables años, y hay quienes la obtienen en un momento".

Sólo Itró Escuchó

La reacción emocional de Rabi Yehuda tiene un poderoso mensaje para todos nosotros mientras pensamos en nuestra propia teshuvá (arrepentimiento) durante la época de las Grandes Fiestas.

¿Lloraba Rabi Yehuda porque se dio cuenta que mientras el vivió piadosamente, Elazar, el pícaro, vivió satisfecho por todos los deseos que podía encontrar? ¿Acaso Rabi Yehuda pensó que tal vez debería dejar descansar a la santidad, vivir un poco la vida, y dejar el arrepentimiento para el final, como Elazar? ¿Tal vez sintió que era injusto que él y sus pares vivieran vidas de restricciones mientras Elazar ben Durdaya abusaba del sistema y llegaba al final al mismo lugar?

No. Esa es una reacción muy insignificante y cínica para alguien tan grandioso como Rabi Yehuda Hanasí.

El misterio fue resuelto por un sabio del siglo XX, el Rab Jaim Shmulevitz, el difunto Decano de la Ieshivá Mir. Para poder entender la reacción de Rabi Yehuda, Rab Shmulevitz nos lleva de regreso en el tiempo hasta un evento increíblemente conmovedor en la historia judía, la separación del Mar Rojo.

Hace muchas generaciones, cuando los judíos habían escapado del duro reinado del Faraón, escaparon de las garras de la esclavitud sólo para después ser perseguidos por los carros egipcios. Al llegar al Mar Rojo, un hombre tuvo la iniciativa de saltar a las turbulentas aguas del mar. Una vez que puso su pie en el agua, el mar milagrosamente se abrió, permitiendo pasar al Pueblo Judío sin sufrir ningún daño.

La Torá nos dice que todos los que escucharon de la separación del Mar Rojo estaban impresionados: "Las naciones escucharon y se estremecieron; el terror se apoderó de los habitantes de Filistea. Los jefes de Edom entraron en pánico; los poderosos de Moab comenzaron a temblar; todos los habitantes de Canaán fueron dominados por el miedo". (Éxodo 15:14-15). Sin embargo la Torá nos dice que de todas estas personas, sólo Itró, el suegro de Moisés, decidió actuar de acuerdo a lo sucedido.

Itró estaba momentáneamente atemorizado como todo el resto. Pero de decenas de miles, sólo él hizo cambios internos profundos.

Tenemos incontables oportunidades para captar inspiración y obtener grandeza eterna.

Es por esto que Rabi Yehuda lloró. Él se dio cuenta que en la vida tenemos incontables oportunidades para capturar los momentos de inspiración y obtener grandeza eterna. Algunas veces las inspiraciones son agradables, como ver los primeros pasos de un bebé u observar un atardecer. A veces el despertar viene en la forma de un ataque terrorista o un maremoto.

Sin embargo, ¿cuántos de nosotros, como Itró, experimentamos eventos y realmente hacemos cambios?

Rabi Yehuda lloró por Elazar ben Durdaya, porque se dio cuenta que Elazar fue capaz de un acto de grandeza increíble. Pero ¡Oh!, que lástima que desperdició los mejores años de su vida persiguiendo vanidades. Imagina si Elazar hubiese tenido su despertar años antes. ¡Imagina cuán grandioso sería! Ese potencial perdido es lo que llevó a Rabi Yehuda a llorar.

Libre Albedrío

¿Cuántas veces tenemos momentos fugaces de inspiración, y nuestro reloj interno, satisfecho consigo mismo, suena? ¿Cuántas veces escuchamos sonar campanas de alarma y fracasamos en aprovechar el momento de oportunidad, prefiriendo volver a nuestro ignorante adormecimiento?

Si solamente escucháramos, nosotros también podríamos estar inspirados a crecer y hacer cambios en nosotros mismos y en el mundo. Le pasó a Itró. Le pasó, en la última oportunidad, a Elazar ben Durdaya. Si elegimos con sabiduría y actuamos, nos puede pasar a nosotros.

Este año en Iom Kipur, cuando golpeemos nuestros corazones en arrepentimiento por los males que cometimos, es tiempo para un nuevo grado de "egocentrismo". Debemos darnos cuenta que nuestra vida es nuestra propia responsabilidad. Cuando pedimos perdón, Dios ya sabe lo que hemos hecho mal. No estamos leyendo con dificultad una larga lista de pecados para informar a Dios. Necesitamos informarnos a nosotros mismos. Porque aunque Dios puede ayudarnos y animarnos, finalmente somos nosotros, a través del poder del libre albedrío, quienes podemos efectuar el cambio necesario.

Y de eso se trata el construir la eternidad.