En marzo del 2008, dos hermanos de setenta y tantos años tuvieron una discusión por dinero en un restaurant en el pueblo costero de Pescara, Italia. Un hermano apuñaló al otro y fue arrestado. Alessandro Biancardi, un periodista del pueblo, oyó de la policía los detalles del caso y entendió que tenía una gran historia para su pequeño sitio web de noticias. Avancemos un poco más de una década y encontramos a este periodista desempleado y en el centro de un gran debate respecto a las leyes de privacidad en Internet. ¿Qué fue lo que pasó?

Varios años después de que se publicara la historia del apuñalamiento, uno de los hermanos demandó que la borraran. Biancardi se negó. Es cierto, después de la pelea los hermanos fueron arrestados, pero los cargos relativos al ataque fueron levantados. Los hermanos demandaron a Biancardi, argumentando que la publicación dañaba su reputación, citando la ley europea del "derecho a ser olvidado". La ley se remonta a los años 90 y dice que un ciudadano puede pedir que una compañía o un sitio web retire material considerado viejo, irrelevante, inexacto o excesivo. Hace unos años, los tribunales europeos dictaminaron que la ley incluso puede utilizarse para obligar a Google a eliminar material de su búsqueda de información.

En el 2013, un juez italiano dictaminó en contra de Biancardi y le ordenó borrar la historia del apuñalamiento, argumentando que la información era vieja y que los hermanos tenían el derecho de que sus actos fuesen olvidados. Biancardi apeló a la decisión del juez en la suprema corte de Italia. En el 2016, la apelación fue rechazada. En septiembre del 2019, exactamente 13 años después de comenzar su sitio noticioso, Biancardi se quedó sin dinero a causa de todas las litigaciones que tuvo y le habían ordenado borrar demasiadas historias, por lo que tuvo que cerrar el sitio. En América, los legisladores observan las leyes de privacidad de Europa, incluyendo el "derecho a ser olvidado", como un modelo y consideran llegar a una legislación similar.

¿Acaso el derecho a ser olvidado es realmente un derecho? De acuerdo con la Torá, ¿tenemos derecho a que nuestros actos, nuestro comportamiento, nuestra conducta sea borrada y olvidada?

La teshuvá: el mejor botón para borrar, con ciertas condiciones

En el segundo capítulo de Las leyes de la teshuvá, el Rambam escribe que aunque podemos hacer teshuvá, 'arrepentirnos', durante todo el año, los Diez Días de Teshuvá que culminan con Iom Kipur, son momentos diseñados para reflexionar y sentir remordimiento por los errores que cometimos y por las cosas que hicimos mal. Si lo hacemos, nuestros esfuerzos son aceptados de inmediato y se nos otorga perdón y olvido. Lo que hicimos a Dios es olvidado.

Pero entonces el Rambam aclara sus palabras:

"La teshuvá y Iom Kipur son efectivos para las cosas que uno hizo que transgredieron la confianza y la expectativa de Dios, pero el daño que uno ha causado, el daño que se hizo a otras personas, eso requiere no sólo una compensación completa, sino que es necesario enmendarlo sinceramente. Si uno hace el esfuerzo y pide perdón tres veces y la otra persona no está dispuesta a perdonar, entonces de hecho el otro se convierte en el transgresor".

Nosotros suscribimos a un derecho a ser olvidados y perdonados. Sin embargo, a diferencia de la ley europea, ese derecho tiene una condición, un requisito previo. Debe haber un sincero remordimiento, un arrepentimiento genuino, un verdadero compromiso a no repetir el error, y un sincero y auténtico pedido de perdón. Entonces, y sólo entonces, el perpetrador tiene derecho a que su mala conducta sea perdonada, a tal punto que después de una disculpa sincera, la carga de perdonar pasa a la persona agraviada.

Todavía más, de acuerdo con la ley judía, está prohibido provocar a alguien dolor al tratarlo mal verbalmente. Por ejemplo, uno no debe recordarle a otro sus malos actos del pasado.

Podemos borrar partes de nuestra vida de las que no estamos orgullosos, pero para lograrlo tenemos que trabajar mucho.

El judaísmo reconoce un derecho a que nuestros actos sean olvidados, pero no es un derecho general, es algo que cada uno se debe ganar. Podemos borrar partes de nuestra vida de las que no estamos orgullosos. Podemos editar nuestra historia y tenemos derecho de que nuestros errores, nuestro juicio pobre y nuestras malas decisiones sean olvidados. Pero para eso debemos esforzarnos y trabajar mucho.

La teshuvá no es tan simple como borrar una publicación, borrar el historial de tu navegador o resetear por completo tu computadora. Se trata de transformarnos, analizar nuestras vidas y utilizar los sentimientos de vergüenza y arrepentimiento no para quedarnos estancados en el pasado, sino para dar forma a un futuro mejor y más brillante. La mejor forma de lograr que se olviden partes del pasado es volverse en el presente una persona diferente, no la misma que dijo, hizo o escribió esas cosas.

Esta es exactamente la forma en que el Rambam describe cómo funciona la teshuvá:

"La teshuvá ocurre cuando uno se aleja de aquello en lo que pecó, al punto en que su identidad cambia, como si dijera: 'Ahora soy otra persona y no la persona que cometió esas fechorías', cambia por completo su conducta para bien y se conduce por el camino recto".

No es suficiente con hacer lo correcto de hoy en adelante, tenemos que tomar responsabilidad y rendir cuentas por lo que hicimos en el pasado. Tenemos que encontrar a las personas que dañamos con nuestros emails desagradables, con miradas feas o con malos comportamientos y debemos pedirles perdón. Para que el comportamiento que lamentamos pueda ser perdonado, necesitamos encontrar a las personas que dañamos en los negocios, socialmente, en línea, etc., y debemos enmendar nuestra conducta de forma real y significativa.

El derecho a perdonar y olvidar

Si bien el derecho a ser perdonado y olvidado no es simple, la Torá nos alienta a perdonar. Debemos estar predispuestos a olvidar, a dejar pasar las cosas, y a mirar hacia otro lado.

No utilicemos nuestra memoria selectiva para enfatizar lo malo, los errores, el dolor, las veces que las personas no estuvieron presentes y olvidar sus virtudes, sus puntos buenos, las veces que sí estuvieron presentes. Alguien dijo: "No perdonar a alguien es como beber veneno y esperar que la otra persona muera". El perdón en definitiva se trata de nosotros, no de los demás.

Siempre tenemos la posibilidad de perdonar. Nuestros Sabios dicen que si borramos lo negativo de los archivos que tenemos de otras personas, entonces Dios borrará también lo negativo de nuestros propios archivos.

Hace un par de años, una exoficial de policía de Dallas, Amber Guyger, fue sentenciada a 10 años de prisión por el fatal asesinato de un hombre inocente a quien le disparó por error al entrar a su departamento creyendo que era su propio departamento. El hermano de 18 años de la víctima, Brandt Jean subió al estrado de los testigos y le dijo a Guyger: "Yo sé que si le pides sinceramente a Dios, Él te perdonará… Personalmente yo deseo lo mejor para ti". A continuación, Brandt le pidió al juez si podía darle un abrazo a Guyger, la mujer que mató a su hermano. El juez le dijo que sí, Brandt bajó del estrado, se abrazaron y Guyger se largó a llorar.

Si ese hombre pudo perdonar a la persona que mató a su hermano y darle un abrazo, nosotros podemos perdonar los pequeños desaires y los daños que cometieron en nuestra contra. Podemos cavar profundo y abrazar a las personas que en verdad no tuvieron la intención de lastimarnos, tal vez fueron insensibles o no lo pensaron, porque en verdad se estaban hiriendo a sí mismas. Bueno, no nos invitaron a la boda de alguien. Pasó nuestro cumpleaños y nuestros hijos y nietos ni siquiera nos llamaron por teléfono. Nos esforzamos para ayudar a un amigo y la respuesta no fue recíproca. Alguien nos cruzó en el camino y no nos dijo hola. Hay demasiadas relaciones rotas y demasiada disfuncionalidad por elegir recordar en vez de olvidar.

No guardes rencor ni busques culpables. Deja pasar las cosas y sentirás un gran alivio. No tenemos un derecho básico a que nuestros errores sean olvidados. Necesitamos reconocer nuestra responsabilidad, pedir perdón y haces las paces. Pero sí tenemos la posibilidad, e incluso la responsabilidad, de perdonar y olvidar. Utilicémosla para dejar de lado las cosas que no son importantes a largo plazo y para evitar beber un veneno que sólo resultará letal para nosotros mismos.